Epílogo
Steal – Dos meses después
Respiro hondo mientras el sueño me esquiva. Parpadeo despacio y lo único que veo es cabello rojo oscuro; tengo la cara hundida en la nuca de mi mujer.
Sonrío adormilado y la abrazo más fuerte por la cintura.
Los últimos dos meses no han sido fáciles, por decir poco, y no he dejado de arrastrarme ni de ponerla a ella por delante de todo —y no pienso hacerlo nunca.
Sigo haciendo todo lo que puedo por mi club: rastrear a Axe con Piston, intentar encontrar a Aurora y Hannah. Pero Cassidy y Moira han sido mis prioridades.
Si hay una fiesta del club, no voy a menos que Cass venga conmigo, y durante las reuniones, ella espera en la sala común a menos que esté trabajando.
Mientras tanto, Moira se queda con Perrie o Natalie hasta que termino, y después solo me quedo si a Moira le apetece pasar tiempo con sus tíos, que normalmente sí.
Cada día estoy ahí para mis chicas, y cada día Cassy intenta volver a confiar en mí. Incluso ha dejado de gastarme bromas.
Me incorporo y miro el reloj de la mesita de noche; sonrío al ver que es temprano, tan temprano que Moira no se despertará hasta dentro de hora y media.
Quiero a esa pequeña más que a mi vida, pero le gusta acaparar el tiempo de su mamá, y no la culpo.
Cass se deja la piel en el hospital, y Moira está acostumbrada a tener a su madre para ella sola cuando sale del trabajo.
Pero momentos como este, a primera hora de la mañana o a última hora de la noche, son míos, y ya no los doy por sentado como hacía antes de que ella se marchara.
Durante cuatro años me perdí este tiempo con ella, y duele como el infierno, pero estoy recuperando el tiempo perdido. Y si de mí depende, un año después del día en que volvió a mi vida, será mi esposa y tendremos otro bebé en camino para Moira.
Es mi puto objetivo….
Me tumbo de nuevo y rozo con los labios la piel suave del hombro de Cassidy mientras deslizo la mano despacio por su estómago hasta su coño desnudo.
Gime dormida mientras paso el dedo por sus pliegues húmedos, hasta encontrar su clítoris y trazar círculos firmes sobre él.
Cassidy restriega el trasero contra mí, y sonrío contra su piel mientras susurro:
—Buenos días, Trouble….
Ella ronronea y arrastra las palabras, adormilada:
—Buenos días….
Le mordisqueo el hombro mientras hundo el dedo en su coño apretado, entrando y saliendo una, dos, tres veces, antes de volver a su clítoris y trazar tres círculos.
—Colt —gime—, por favor….
Me encanta que ahora me suplique.
Cuando vuelvo a meter el dedo, añado el corazón, luego los curvo y le froto las paredes; ella abre las piernas para mí, dándome mejor acceso.
—Te daré mi polla con dos condiciones, Trouble —le digo con voz ronca contra su piel—. Primera: quiero una cita esta noche, solo tú y yo.
Asiente sin pensarlo siquiera mientras empuja contra mis dedos. Continúo:
—Y durante nuestra cita —trago saliva y me muerdo el labio antes de exigir—, llevarás mi parche….
Cassidy jadea sorprendida, y no solo porque su cuerpo se tensa y sus paredes aprietan mis dedos, con el orgasmo a punto de apoderarse de ella, sino porque no lo he mencionado ni una vez desde que volvió a casa.
Ralentizo los dedos, manteniéndola justo al borde.
—¿Qué dices, Trouble? ¿Llevarás mi chaleco? —pregunto conteniendo el aliento.
No la he presionado. Sí, la traje a vivir conmigo, pero fue sobre todo porque estaba aterrado de que huyera, y necesitaba que ella y nuestra hija estuvieran a salvo, especialmente con Aurora y Hannah aún desaparecidas. En cuanto a mi chaleco, a mi anillo en su dedo, no he dicho ni una palabra.
Sé que tengo mucho que compensar, y estar ahí cada día para ella y Moira, llevarla y recogerla del trabajo, asegurarme de que el club y la hermandad queden en segundo plano… no es suficiente.
—¿Y si acepto tu chaleco y vuelves a las andadas? —pregunta tímidamente, y no puedo evitar sonreír.
Llevaba semanas comportándose de forma un poco rara, y yo sabía por qué; estaba esperando a que se abriera conmigo y expresara sus miedos.
Le beso el cuello y retiro los dedos de su calor apretado; me los meto en la boca enseguida, sin querer desperdiciar ni una gota de su sabor. Luego le levanto la pierna y guío a ciegas mi polla dura hasta su centro, embistiendo hacia delante y haciéndola jadear.
—Entonces pondré mi moto a tu nombre y te dejaré dispararme otra vez —afirmo con rotundidad.
Ella resopla, pero lo ignoro y susurro:
—Pero si me desvío un poco y no te cuento lo que me pasa porque estoy demasiado encerrado en mí mismo, entonces es cuando necesito que tú te comuniques conmigo. Arrástrame a mi despacho, dame un golpe en la cabeza, me da igual, pero dímelo.
Le giro la cabeza para que me mire, y en cuanto nuestros ojos se encuentran, continúo:
—No te encierres en ti misma por miedo a perderme si me pones en mi sitio, porque eso no va a pasar nunca. Te quiero, Cassidy….
Se le llenan los ojos de lágrimas y se gira un poco, uniendo nuestros labios en una caricia mientras susurra:
—Yo también te quiero. Ahora mueve las caderas, por favor, antes de que te mate.
Sonrío contra su boca.
—¿Eso significa que llevarás mi chaleco esta noche?
Le brillan los ojos, y aunque el miedo sigue ahí, acepta:
—Lo haré.
La beso con fuerza, metiendo la lengua en su boca y enredándola con la suya mientras echo las caderas hacia atrás y embisto hacia delante.
Mantengo un ritmo constante mientras profundizo el beso y le cojo las tetas desnudas; mis dedos encuentran al instante sus pezones. Los pellizco y los retuerzo, luego paso el pulgar suavemente por los picos, y las paredes de Cassidy se aprietan a mi alrededor otra vez. Embisto más rápido.
—Joder, Cass —gruño contra sus labios, pero no aparto la boca de la suya; la respiro entera.
Pero en cuanto abre la boca, lista para gritar, estrello mis labios contra los suyos y me trago el sonido mientras se corre por segunda vez.
La follo durante todo su orgasmo, conteniendo el mío hasta que sé que ha terminado.
En cuanto sus paredes se aflojan, me hundo en ella una vez más mientras el semen brota de mi polla y mis pelotas doloridas se vacían en lo más profundo de ella.
Gruño y la beso con descuido mientras permanezco hundido en ella, necesitando seguir conectado.
Me muerde el labio inferior y gruño; mi polla se contrae, pidiendo otra ronda.
Joder, amo a esta chica….
Horas más tarde, sonrío mientras observo a mi chica contemplar las estrellas, algo que siempre ha querido ver, con las palmas apoyadas en la barandilla del balcón.
Su cabello rojo oscuro ondea al viento, y las palabras «Propiedad de Steal» me miran desde el chaleco que por fin lleva puesto y que espero que use cada día.
—No tengo palabras para agradecerte que me hayas traído aquí, Colt —susurra a la noche, sin necesidad de volverse para saber que estoy aquí.
Me separo del marco de la puerta donde llevo apoyado unos veinte minutos, simplemente contemplándola, después de comprobar que Moira se ha quedado frita tras un día entero en la playa.
—Haría cualquier cosa por ti, Cassidy —respondo mientras me acerco por detrás, pegando el pecho a su espalda, con las manos a ambos lados de ella, acorralándola contra la barandilla.
Llevamos cuatro días en los Hamptons, pasando la mayor parte del tiempo en la playa. Anchor se ha hecho cargo del club mientras intenta sabotear las citas de Heaven, algo que a Cass le pareció desternillante porque los dos sabemos que Heaven va a matarlo.
Le estoy dando a mi chica lo que necesita y, al mismo tiempo, me aseguro de que nuestra hija sepa que siempre puede contar conmigo.
Cass suspira sin apartar los ojos de las estrellas mientras admite:
—Mamá me ha escrito.
Me tenso. Continúa:
—Por lo visto, nos ha repudiado a Perrie y a mí, y somos unas niñas extremadamente egoístas de las que se arrepiente…. Según el mensaje, ha conocido a un hombre rico y no quiere saber nada de nosotras, lo que seguramente significa que se ha convertido en la amante de alguien.
Joder, debería haberle pegado un tiro a Trudy en la cabeza cuando la encontré en el motel y la amenacé con largarse del pueblo o la desollaría viva.
Gruño.
—Lo siento, Trouble.
Se encoge de hombros y admite:
—Nunca fue una madre de verdad para nosotras. Quería cosas que no importaban. Papá se merecía algo mejor, y Tanner opina lo mismo.
Ah, Tanner. El cabrón todavía no me cae bien, sobre todo porque sabía lo que yo estaba pensando y no me sacó del error, dejando que Cass se vengara, pero es buen tío, y Shotgun se está enamorando de él, así que intento hacer la vista gorda.
Emito un murmullo y hundo la cara en el cuello de Cass.
Hay una razón por la que traje a Cass y Moira a los Hamptons, pero joder, estoy nervioso; el corazón me late con fuerza mientras el anillo que aprieto en el puño se me clava en la piel de lo fuerte que lo agarro.
Parece el momento adecuado. Solo espero que su confianza en mí y en nosotros sea lo bastante fuerte para que acepte.
—Te quiero, Trouble —murmuro contra su piel.
—Yo también te quiero, Colt —responde, reclinando la cabeza contra mi hombro. Trago saliva con fuerza mientras pongo la mano sobre la suya en la barandilla y deslizo el anillo hacia su dedo anular, guiándolo despacio hasta el nudillo.
Cassidy jadea al bajar la mirada, y contengo la respiración para darle un momento de asimilar lo que está pasando mientras espero, joder, que diga que sí.
Tarda unos instantes en recuperar la compostura y girarse entre mis brazos, pero no me aparto cuando me mira con lágrimas brillándole en los ojos; al contrario, mantengo el cuerpo pegado al suyo.
—Sé que la cagué muchas veces, y sé que todavía tengo que demostrar lo que valgo, a ti y a nuestra hija, pero no puedo imaginarme la vida sin ti, Cassidy, y los dos sabemos que tú tampoco puedes imaginártela sin mí; si no, te habrías cambiado el apellido.
Las lágrimas le resbalan por las mejillas. Le acaricio la cara y le cojo la mano, pasando el pulgar por el anillo de compromiso de diamantes.
Mis ojos van de uno a otro de los suyos.
—Ocho diamantes pequeños, cuatro a cada lado del grande. Te quiero desde hace ocho años, y pienso añadir un diamante cada año. Quiero que te cases conmigo, que seas mi mujer, que me des más hijos y que me hagas sentir completo, porque, Trouble, estos últimos cuatro años he estado destrozado sin ti.
Me inclino y le beso los labios con suavidad, luego le suplico:
—Cásate conmigo, Trouble, cásate conmigo y déjame darnos la vida que deberíamos haber tenido. Sé mi esposa….
Le tiembla la barbilla mientras las lágrimas le corren por la cara y el corazón se me para cuando se pone de puntillas y pega sus labios a los míos. El miedo me invade, pero la beso de todos modos.
Después de unos minutos, susurra «Sí» contra mis labios, y me aparto atónito. Sonríe entre lágrimas y repite:
—Sí, me casaré contigo, pero por favor no vuelvas a hacerme daño, porque no creo que lo sobreviviera esta vez.
Se me hace un nudo en la garganta de la emoción mientras prometo:
—Nunca, jamás volveré a hacerte daño. A veces te haré enfadar, pero te juro que tu felicidad, y la de nuestra hija, es mi máxima prioridad.
Asiente y susurra:
—Te quiero….
—Joder, te quiero —respondo antes de besarla con fuerza mientras la rodeo con los brazos por la cintura y la levanto hasta que los pies le quedan colgando.
Doy vueltas con ella en brazos, haciéndola reír, y sonrío, jodidamente feliz.
Puede que la haya cagado, pero esta chica me mantiene con los pies en la tierra cada día. Me hace sentir orgulloso de ser quien soy, y sé que pasaré el resto de mi vida tratándola como la reina que es.
¿Qué más puede pedir un hombre?