29
Steal
Trago saliva y veo a Cassidy salir del búnker mientras los hermanos, ajenos a mi tormento, se ríen de sus palabras y Faith grita y forcejea tras su mordaza.
La zorra siempre queriendo llamar la atención…
—¿Steal? —pregunta Acid, pero no aparto los ojos del umbral vacío mientras siento las manos pegajosas por la sangre de Faith.
Cuando Faith volvió en sí, después de que Pitbull le echara agua salada por la cabeza, le clavé el cuchillo en el muslo y lo deslicé por su carne, provocándole una sacudida.
De verdad pensó que me había enamorado de ella a pesar de llevar años con Cass…
Zorra delirante.
—Este club, el haber puesto a Faith por encima de Cass, es la razón por la que secuestraron a mi hija —admito con la voz apagada—. Pensé que se alegraría si colgaba mi chaleco por ella y nuestra hija, para alejarlas del peligro.
—Pero hacer eso, hermano, significa dejar a tu familia, a su familia —dice Cannon.
—Hermano, esa mujer te ama, y sabes que tenía razón; si quisiera, podría irse, pero no lo ha hecho. Te ha permitido conocer a tu hija y demostrarle lo que significa para ti —interviene Anchor, y suspiro, miro alrededor de la habitación y me encuentro con todos los ojos puestos en mí.
—No te dejaremos colgar tu chaleco —dice Acid.
Trago saliva. —No es algo que se me haya ocurrido de repente, hermano. Llevo meses pensándolo, y papá me respalda; hablamos la semana pasada y estuvo de acuerdo…
Todos se quedan paralizados de la sorpresa, y bajo la vista hacia mi mano izquierda; mis ojos se posan en el nombre de Cassidy tatuado en mi dedo anular, cubierto de sangre.
—No te respetará si te vas; ella misma lo dijo —añade Cannon, y resoplo y me vuelvo hacia Faith.
Sus ojos me suplican, pero ni siquiera me inmuto. Esta mujer ha pasado años intentando conseguir mi parche, todo porque me la follaba regularmente antes de que llegara Cass.
Y no es que solo se hubiera acostado conmigo en ese tiempo, joder. La tía ha abierto las piernas más que las putas del club.
—Colt… —dice Anchor.
Suspiro, miro a Anchor y admito: —Iba a proponer una votación para que tú asumieras como presidente.
Los hermanos maldicen mientras Anchor suelta: —¡Y yo me negaré!
Este es tu club. Nos has traído hasta aquí, y lo entiendo, te costó tu familia, tu mujer, y joder que entiendo el dolor.
—Bajo la vista, sabiendo que él lo entiende—.
Te apoyaremos para recuperar a Cass, pero no vas a colgar tu chaleco, ni ahora ni nunca, joder.
Te necesitamos, y Cass también; ella lo admitió cuando recibiste una bala por ella.
Faith murmura a través de la mordaza, y pongo los ojos en blanco antes de mirarla y declarar en voz alta: —Supongo que no le gusta esperar para ser torturada —y los hermanos se ríen mientras sus ojos se abren de par en par.
Tuerzo el labio con desprecio—. Has causado suficiente mierda a mi mujer, secuestraste a mi hija… firmaste tu sentencia de muerte.
Faith sacude la cabeza. No tarda en gritar a través de la mordaza cuando le clavo el cuchillo en el estómago y lo giro, antes de sacarlo, y luego la apuñalo de nuevo, volviendo a girar el cuchillo antes de retirarlo.
Faith se inclina un poco, pero se sobresalta cuando le clavo el cuchillo en el hombro, sin darle tregua.
Odio torturar a mujeres, siempre lo he odiado, y solo una vez antes tuve que hacerlo, cuando una antigua puta del club intentó atacar a mi madre cuando yo tenía diecinueve años.
Giro el cuchillo y Faith solloza; la urgencia de llegar a mi familia crece, así que sin pensarlo dos veces, saco el cuchillo de su carne y le rajo el cuello en profundidad, lo que hace que su cabeza se eche hacia atrás.
Sus ojos se abren de par en par mientras se ahoga y se retuerce en la silla.
Mantengo el contacto visual y observo cómo sus ojos llorosos se quedan vacíos.
—Púdrete en el infierno, zorra —murmuro mientras dejo caer el cuchillo al suelo—. Que dos prospectos quemen el cuerpo y luego desinfecten la habitación con lejía. Cannon, supervisa.
Los hermanos gruñen en señal de asentimiento, y me doy la vuelta para irme, pero me detengo cuando Pitbull pregunta: —Prez, ¿qué pasa con tu chaleco?
Trago saliva y digo: —Necesito hablar con mi mujer —luego salgo por la puerta, pero giro a la izquierda hacia los lavabos y me lavo las manos rápidamente. Sus palabras resuenan a través de la puerta abierta y pongo los ojos en blanco.
¿De verdad los idiotas creyeron que saldría del búnker con las manos ensangrentadas?
—No va a entregar ese cuero; le daré una paliza si lo intenta —anuncia Pitbull, y Cannon añade—: Yo lo sujeto mientras lo haces.
—Cassy no se lo permitirá, y todos sabemos que él la quiere de vuelta, quiere hacerla feliz —añade Acid.
Les grito: —¡Haced el maldito trabajo de una vez y dejad de quejaros como mujeres!
—Sonó como un verdadero prez —me grita Anchor, y gruño mientras se ríen como si no hubiera un cadáver justo ahí.
Me seco las manos rápidamente antes de subir las escaleras y salir, alejándome del búnker.
Me detengo y miro al frente, respiro hondo mientras observo la sede del club a lo lejos, con las luces encendidas.
Amo este lugar, amo a mi familia, la hermandad… pero amo más a Cassidy Brody, y la urgencia de que el apellido Brody sea suyo por matrimonio y no por documentos falsos es tan desesperante que me ahogo en ella.
Ella odia el club, entonces ¿por qué diablos quiere que me quede, a menos que ya no me quiera?
Trago saliva a pesar del nudo en la garganta y echo a andar hacia la sede del club mientras se oye un crujido detrás de mí.
No dejaré que me abandone, la necesito, siempre la he necesitado…
Cinco minutos después, entro en la sala común y suspiro mientras intento ignorar el palpitar en mi pierna; los hombres detrás de mí me lo ponen fácil con sus quejas.
Anchor, Acid, Piston y Pitbull no paran de soltar las mil y una formas en que van a sujetarme y darme una paliza si entrego mi chaleco.
Juro que son peores que las putas mujeres con sus lamentos.
Miro alrededor de la habitación hasta que cruzo la mirada con Perrie, que se levanta y camina hacia mí.
Me entra el pánico cuando no veo a Cass ni a Moira, pero me relajo cuando Perrie dice: —Se ha llevado a Moira a tu habitación —y me besa la mejilla antes de abrazarme con fuerza.
Voy a apartarla, pero enseguida la rodeo con mis brazos cuando susurra: —No me importa la sangre —y la estrecho con fuerza.
—¿Cómo estaba? —pregunto unos segundos después, y Perrie se echa hacia atrás, sus ojos se suavizan ante el dolor que sé que irradia de mí, y no porque la pierna me duela como el demonio.
Se encoge de hombros.
—Está bien, dadas las circunstancias, aunque mencionó ir a por el botiquín para coserte la pierna, y algo sobre crema anestésica. ¿Me lo explicas?
Hago una mueca mientras Acid la toma de mis brazos, le besa la cabeza y admite: —Faith le disparó a Cassy, pero Steal, aquí presente, la apartó de un empujón y recibió el disparo en su lugar.
Los ojos de Perrie se abren de par en par mientras los hombres gruñen sorprendidos, y me apresuro a tranquilizarlos: —Estoy bien. Cass me sacó la bala de la pierna allí mismo.
Perrie hace una mueca.
—¿Lo hizo sin anestesia local?
Sonrío con suficiencia.
—Así es.
Anchor añade: —Después de que él le recordara todas las veces que la había cagado, solo para cabrearla.
Vuelvo a hacer una mueca y admito: —No fue mi mejor momento, pero era necesario.
Perrie asiente comprensiva, porque conoce a su hermana, y luego susurra: —Por favor, no te vayas.
Suspiro.
—Perrie...
Ella me interrumpe: —No, lo entiendo, de verdad. Te he visto luchar durante cuatro años sin ella, y aunque sí, creí que te acostabas con otras para olvidar, sabía que estabas sufriendo.
Su mirada busca la mía.
—Te has mantenido fiel a ella durante los cuatro años que ha estado fuera, no te has acostado con nadie más.
Los hermanos giran la cabeza hacia mí. Pongo los ojos en blanco mientras Perrie se ríe: —¿Ves? No era solo yo.
Niego con la cabeza y digo: —No hay nadie más para mí.
Perrie asiente.
—Exactamente, y eso es lo que salvará tu relación con Cassidy, sobre todo teniendo en cuenta que estás ignorando lo de Tanner.
La miro con los ojos entrecerrados mientras los hermanos apartan la mirada con aire culpable, pero no le doy importancia.
—¡No hay nada con Tanner! ¡Ese cabrón que se mantenga alejado de mi mujer!
Perrie sonríe, y yo finjo fulminarla con la mirada.
Niego con la cabeza ante la mocosa, le beso la coronilla y camino hacia el pasillo, intentando no cojear.
Me detengo cuando Canine dice: —Como intentes entregar ese parche, sacaré años de grabaciones tuyas de cuando eras pequeño, incluida aquella en la que tenías cuatro años y corrías con un orinal en la cabeza.
—Destrozaré tu moto —añade Piston antes de que Bulldozer intervenga: —Te bloquearé el acceso a tus cuentas bancarias, con la ayuda de Piston, obviamente.
—¡Atornillaré tu maldita puerta! —grita Bowler, y bajo la cabeza mientras, uno por uno, los hermanos van soltando amenazas, junto con las mujeres del club y las putas, que sí, están amenazando con tirarse a mi mujer...
Lo entiendo, me quieren, pero tienen que comprender que Cass es lo primero y, joder, no voy a permitir que nadie, ni siquiera las mujeres, toque a mi chica.
Levanto la mano a modo de despedida pero no respondo mientras camino hacia mi habitación. Abro la puerta despacio y entro.
Veo a Cass tumbada en medio de mi cama, y años de esta imagen me golpean con fuerza. Odio haber perdido tanto tiempo con ella.
La di por sentada, algo que me niego a volver a hacer.
En silencio, cierro la puerta, me quito las botas y el chaleco de cuero, que cuelgo antes de quitarme los vaqueros con cuidado. La pierna me palpita con el movimiento, pero lo ignoro mientras me quito la camiseta y cojeo hacia mi mujer.
Me apoyo en la cama y le beso el hombro con suavidad antes de mirar a Moira dormida, asegurándome de que respira con normalidad. En cuanto me quedo tranquilo, me levanto y cojeo hacia el baño. Necesito quitarme la sangre para no manchar a mis chicas.
Abro la ducha al máximo de caliente antes de quitarme los bóxers con cuidado y meterme. Me coloco bajo el chorro de inmediato, con las manos apoyadas en la pared de la ducha, mientras el peso del día me arrastra hacia abajo.
No me muevo durante un rato, e incluso cuando siento el aire frío en la espalda, permanezco quieto. No es que esté intentando recuperar el equilibrio, es que estoy aterrorizado de que Cass se vaya si me muevo.
Contengo la respiración mientras ella me rodea el pecho con los brazos despacio y apoya la cabeza en mi espalda. Por instinto, pongo la mano sobre la suya para retenerla ahí.
Joder, cuánto he echado de menos tenerla en la ducha conmigo...
—Necesito coserte la pierna —susurra después de unos minutos así, de pie los dos.
Emito un murmullo y susurro: —Dentro de un rato...
Siento que asiente antes de preguntar: —¿Lo hiciste?
Sin saber a qué se refiere, respondo: —Maté a Faith, y no, aún no he entregado mi parche. Que pusieras en juego nuestra relación así me hizo parar a pensar.
—De eso se trataba —admite—, el club es tu familia, y hablaba en serio, Colt.
Se mueve. Voy a protestar pero cierro la boca cuando se coloca frente a mí, con el pecho pegado al mío.
Su mirada busca la mía.
—Si entregas ese parche, entonces todos los años que te olvidaste de mí, que me hiciste sentir que no me querías —hago una mueca mientras levanta las manos y me acaricia la mejilla—, habrían sido en vano.
Este club lo es todo para ti, y soy plenamente consciente de que, si hubiera aceptado tu parche hace todos esos años, las cosas habrían sido diferentes, pero no estaba en un momento en el que confiara en ti...
por lo poco querida que me hacías sentir.
Apoyo la frente contra la suya.
—Te he echado de menos, Cassidy, joder, muchísimo, y sé que todavía no estás segura de lo nuestro, pero necesito saber: si me quedo en este club, si mantengo mi posición, ¿sería un problema para ti?
Me responde de inmediato: —No, no lo sería; nunca lo fue. Fueron tus malas decisiones las que nos trajeron hasta aquí, Colt. Y entiendo que podría haber hablado más en lugar de simplemente aceptarlo, pero tenía miedo de perderte... hasta que ya no pude más.
Cierro los ojos con fuerza y la abrazo, asimilando lo que acaba de decir.
—Fui a buscarte ese día, Trouble. Iba a explicártelo todo, pero ya habías puesto en marcha tu plan —admito tras unos minutos abrazándola, y ella se encoge de hombros.
—De todos modos, no te habría escuchado.
Traga saliva.
—No sé si podemos estar juntos, Colt. Hay tanto daño entre nosotros…
Asiento.
—Lo sé, pero estoy dispuesto a intentarlo.
Mi mirada va de uno a otro de sus ojos llorosos.
—Por favor, no me dejes hasta que estés completamente segura, en lo más profundo de ti, de que no puedes superar todo esto.
Ladea la cabeza y pregunta:
—¿Y si no puedo? ¿Me dejarás marchar?
Entrecierro los ojos y suelto:
—Ni de coña. Te ataré a la cama hasta que lo consigas.
Se queda boquiabierta y aprovecho para besarla con fuerza; mi lengua se cuela al instante en su boca mientras mis manos bajan a su trasero para levantarla.
Sin perder el ritmo, me rodea la cintura con las piernas mientras busco a tientas su entrada con la polla y embisto con fuerza. Ella interrumpe el beso, echa la cabeza hacia atrás y jadea:
—Tu pierna…
Gruño mientras salgo y vuelvo a entrar, con la pierna en llamas.
—Eso no va a impedirme volver a hacerte mía. Moira está dormida y te tengo desnuda en la ducha por primera vez en cuatro años… No pienso desaprovechar esta oportunidad, y desde luego no voy a dejarte marchar; eres mía y yo soy tuyo.
Tras decir eso, la beso de nuevo y, en lugar de apartarse, Cassidy me devuelve el beso. Gimo mientras muevo las caderas despacio, haciéndole el amor a mi mujer, y rezo para que me dé otra oportunidad de demostrarle que ella es lo primero, ella y nuestra hija…