Steal (Los Cazadores MC nº 3) 15
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Steal – Una semana después

Tamborileo suavemente sobre el escritorio, con la mirada fija en la foto de Cass, mientras Anchor y Pitbull se sientan frente a mí.

—¿Ninguna prueba? —pregunto.

—Ninguna —dice Pitbull—. Killian y yo lo hicimos parecer como si hubieran salido con prisa y se hubieran llevado casi todas sus cosas importantes, y Piston borró todas las grabaciones de las cámaras antes de asegurarse de que toda su asquerosa pornografía infantil fuera fácil de encontrar para la policía.

Asiento, relajándome un poco.

Cuando Cass entró aquí exigiendo que matara a los hermanos Aldo, dos tipos con mala reputación pero que se mantenían fuera de nuestra jurisdicción, nunca pensé que la razón sería porque violaron a Perrie.

Un cabrón la sujetó mientras el otro la violaba, y luego se turnaron, todo porque ella los venció en el ring.

Perrie fue quien les apuñaló las pollas como venganza.

Sabía que le habían hecho daño a Perrie, pero no hasta ese extremo, hasta que Acid llamó sollozando y me explicó exactamente lo que le hicieron hace cuatro años, el maldito día que Cassidy se fue, el día que intenté proteger a mi chica alejándola de mí.

—No fue culpa tuya, hermano —intenta tranquilizarme Anchor, pero solo niego con la cabeza.

Una parte de mí cree que sí lo fue.

—Cass solo se fue porque la saqué a rastras del pelo y la amenacé con matarla si no se largaba de Nueva York. Si Cass no se hubiera ido, Perrie no habría salido sola —le recuerdo mientras la culpa me carcome.

—Solo lo hiciste para salvar a Cass, sabiendo que Bull la habría matado sin pensárselo dos veces —gruñe Pitbull—. Y esos cabrones iban a violarla de todas formas; ya lo tenían decidido, lo sabes, y Perrie también, por eso nunca te ha echado la culpa de nada de esto.

Resoplo.

—Aun así me odiaba, ¿no?

Anchor suspira y niego con la cabeza.

—Lo siento, sé que parece que me estoy regodeando en la autocompasión, es solo que… Es como una hermana pequeña para mí, es la persona más importante para Acid, y como yo estaba intentando proteger a su hermana del peligro del club, ella no sintió que pudiera acudir a mí, ni a él.

—Acabamos con sus demonios, hermano, en eso tienes que concentrarte. No fue culpa tuya, sino de esos cabrones que van a ser despedazados por los tiburones —dice Anchor con firmeza, y asiento.

Después de pillar a los cabrones colocándose, los noqueamos, los envolvimos en bolsas de basura y los cargamos en una furgoneta.

Disfruté viendo cómo tirábamos sus culos suplicantes al océano cerca de los muelles, donde dicen que hay tiburones. Pero da igual; se habrían ahogado de todos modos, envueltos en cuerdas y lastrados con bloques de cemento.

—Deberíamos haberles dado una paliza primero —me quejo porque, siendo honestos, por lo que le hicieron a Perrie, no creo que hayan sufrido lo suficiente.

Los dos se ríen, lo que me hace sonreír justo cuando suena mi móvil. Suspiro, lo cojo y miro la pantalla. Frunzo el ceño y les enseño el mensaje a Pitbull y Anchor.

Acid: Quedamos en The Fight, cerca de Brooklyn, a las ocho de esta noche. Trae a Piston.

—Ah, joder, por favor no me digas que el cabrón está peleando allí… —gime Pitbull mientras se desploma en la silla, y Anchor se ríe mientras niego con la cabeza y le mando un mensaje a Piston, que, para qué engañarnos, no va a estar nada contento de que lo saquen de casa con su vieja embarazada.

Yo: Acid quiere que estemos en The Fight esta noche a las ocho. Salimos de aquí a las siete y cuarenta.

Envío el mensaje, luego levanto la vista y pregunto:

—¿Qué ha estado haciendo Bull hoy?

Anchor resopla.

—Básicamente, metiendo mano a Faith debajo de la falda en el fondo de la sala común, como si no nos fuéramos a dar cuenta.

Me estremezco de asco y luego me dan arcadas cuando Pitbull añade muy servicial:

—Básicamente te has tirado a Bull, Prez.

—Gracias por eso, imbécil —gruño, y él se ríe mientras vuelvo a mirar a Anchor y comento—: Aparte de meterle los dedos a una tía que podría ser su nieta, ¿parecía que le estaba susurrando algo?

Frunce el ceño antes de asentir.

—Sí, eso parecía… ¿Crees que estuvo metido en lo que pasó en la cocina?

Asiento.

—Sí, creo que sí, pero necesitamos pruebas. Es un hermano de pleno derecho, así que no podemos precipitarnos, aunque sabiendo que quiere meterle una bala a mi chica, me cuesta no meterle una a él.

—No lo entiendo —dice Pitbull, y ladeo la cabeza hacia él. Continúa—: ¿Por qué quiere tanto que Faith sea tu vieja si ya se la está tirando?

Sonrío con suficiencia.

—Para intentar manipularme, averiguar la combinación de la caja fuerte y, seguramente, hacer que parezca que estoy robando al club.

Pitbull se echa hacia atrás, atónito.

—Quiere el parche de presidente.

Me encojo de hombros.

—No me sorprendería; o sea, durante años intentó convencer a mi padre de que hiciera a Skinny el próximo prez, a pesar de que no tiene ningún vínculo de sangre con mi abuelo, el fundador del club.

Cojo la carpeta que está junto a la foto de Cassidy y se la lanzo.

—Resulta que lo echaron de otro MC que acabó siendo desmantelado por rivales.

Quería ser el líder e intentó dar un golpe, que obviamente fracasó.

Según mi padre, cuando hablé con él esta mañana, me dijo que Bull y mi abuelo eran muy cercanos, y por eso mi padre le dio el parche, pero se arrepintió al instante, porque ni un día después de conseguir el chaleco, el cabrón ya estaba hablando de Skinny.

A Pitbull se le pone la cara roja mientras suelta:

—O sea, ¿vendió a su antiguo MC a los rivales y luego intentó estafar a tu abuelo?

Asiento.

—Eso es lo que encontró Piston. Pensaba sacarlo en la votación del club para echar al cabrón, y si no se larga por las buenas, lo enterramos. No me extrañaría que mandara a Faith a drogarme, igual que hizo esa zorra de Andrea con Acid.

Los dos asienten y vuelvo a mirar la foto de Cassidy.

Sé que para ella estoy haciendo todo esto demasiado tarde, pero hasta que reapareció y confirmó que Faith había hecho de campana mientras Brute la atacaba, no tenía nada de lo que tirar.

Piston y yo no teníamos ni idea de qué hermanos estaban metidos y cuáles no.

Ahora que tenemos una pista, no le quitamos ojo a Bull, vigilando con quién habla en privado, quién quiere arrebatarme el parche.

Ojalá Cassidy me dejara explicarme….

Unas horas más tarde, Piston y yo nos quedamos atónitos viendo a Perrie botar sobre las puntas de los pies mientras un hijo de puta enorme llamado Cannonball la fulmina con la mirada, y de repente la razón por la que esos cabrones la violaron queda clarísima.

—¡Explícate, Acid! —exijo mientras el cabrón corre hacia Perrie. Mi cuerpo se tensa, las ganas de matar al hijo de puta me consumen.

Ella esquiva su puño y lo hace tropezar a propósito; la multitud se ríe y la cara del hombre se pone roja, pero el miedo que siento por ella me cala hondo.

Es familia, mi familia. No soporto verla sufrir.

Cuando Acid nos pidió que nos reuniéramos con él aquí, no tenía ni puta idea de que era porque su Tinker —el apodo que ella eligió para el ring— era la que estaba peleando en el maldito cuadrilátero.

—Resulta que nuestra chica lleva peleando desde los catorce años, ganando dinero extra para su padre —admite.

—¿Él lo sabía? —gruñe Piston, y Acid asiente—: Creo que sí.

—Hijo de puta —maldigo mientras miro hacia el ring justo a tiempo para ver al cabrón de metro ochenta, con un lado de la cara tatuado como un imbécil, encajarle un puñetazo en la mandíbula que le hace girar la cabeza bruscamente y tambalearse.

Acid da un paso adelante y extiendo la mano para agarrarle del brazo, sabiendo que ella se cabreará si él interviene, pero se detiene cuando Perrie mira hacia donde está.

Cierro los puños al ver su labio sangrando, y entonces noto que alguien me observa.

Miro alrededor de la sala. Los hombres gritan y vocean hacia el ring mientras las mujeres intentan llamar su atención, pero no veo a nadie mirándome a pesar del picor que siento en la nuca, así que vuelvo a centrarme en la pelea y veo cómo Perrie lanza la cabeza hacia atrás, conectando con la nariz del cabrón.

Él se tambalea mientras la sangre brota, y en lugar de parar la pelea por la nariz rota, el árbitro les deja continuar.

No puedo evitar el orgullo y la admiración que siento por ella ahora mismo.

—Joder, es como una máquina —digo admirado mientras ella acorrala al cabrón y le descarga puñetazos en la cara y el cuerpo: izquierda, derecha, sin parar, con la multitud enloquecida. Finalmente, los ojos del tipo se ponen en blanco y cae noqueado. Perrie retrocede, jadeando.

El árbitro la lleva al centro del ring, y veo la falta de emoción en su rostro a pesar de sus evidentes lesiones. Contengo la respiración.

Piston dice con voz ronca:

—No puede controlar sus emociones, ¿verdad?

No aparto los ojos de Perrie, inexpresiva, mientras Acid responde a Piston:

—No, no puede. Al principio, esto era su manera de ayudar a su padre, pero ahora es su forma de huir del trauma, de la muerte de su padre, de que Cass se fuera, de mí….

El presentador grita «Tinker» como ganadora y la multitud corea y vitorea mientras ella salta del ring.

Viking, un miembro de los Rebels MC, le entrega un sobre grueso —supongo que son sus ganancias— cuando pasa hacia el pasillo.

La ira me recorre al notar la mueca que intenta ocultar.

Agarro el móvil y busco el número que Piston tuvo la amabilidad de darme la semana pasada, cuando empecé mi plan de secuestro.

Acid me arquea una ceja, pero solo niego con la cabeza y me llevo el móvil al oído.

Responde al tercer tono, pero suelto antes de que pueda decir nada:

—Cass… no cuelgues. Perrie te necesita.

—¿Cómo demonios conseguiste mi número, Steal? ¿Sabes qué? Me da igual. Perrie no me necesita; está bien, así que no vuelvas a llamarme. Te dije que siguieras adelante.

La pequeña….

Gruño y suelto:

—¡Está herida, joder, Cassidy!

La línea se corta y me tenso mientras aparto el móvil de la oreja.

—¡Me ha colgado!

Justo entonces alguien suelta:

—En serio, Piston, ¿le diste mi número?

Segundos después, todos miramos a Cass con sorpresa. Lleva vaqueros y una camisa de franela, la cara roja mientras mira a Piston.

—Pero qué coño… —murmuro mientras observo a mi chica.

Joder, está buenísima, increíblemente buena, pero ¿qué coño hace aquí?

Cassidy suspira y se pone las manos en las caderas, esas caderas que daría cualquier cosa por apretar mientras me la follo duro por detrás. Me mira y pregunta:

—¿Recuerdas las tres noches a la semana que dije que no podías verme?

Asiento aturdido, la boca parece no funcionarme de la sorpresa de que realmente esté aquí. Ella extiende los brazos y declara:

—Aquí tienes tu respuesta. Curo a los luchadores por dinero extra, incluida Perrie.

No. Me. Jodas.

La ira me recorre el cuerpo. Es una imprudente por ponerse en peligro, pero entonces, de repente, se me ocurre algo….

Doy un paso adelante y exijo:

—¿Los últimos cuatro años que estuviste fuera?

Se encoge de hombros.

—Seguía aquí haciendo lo que me pagan por hacer, solo que me mantuve oculta de Perrie….

Mira a Acid.

—¿Cómo sabías que estaría aquí esta noche? Es raro que pelee más de dos veces por semana.

Parpadeo, intentando calmar la rabia, mientras Acid suspira:

—Anoche se abrió un poco, y yo también….

Cass asiente, ignorando la furia que seguramente nota en mí, y confirma:

—Necesitaba desahogarse….

Acid asiente y exploto.

—¡Coge tu puto abrigo, te vienes conmigo ahora mismo! —exijo, incapaz de mantener la calma por más tiempo, pero la muy descarada resopla.

—Lo siento, ex amante, no puedo; algunos tenemos que pagar facturas, y mi último año de residencia no paga tan bien —dice con desdén, y luego mira a Acid de nuevo—. Las heridas de Perrie son superficiales. No le quité ojo durante la pelea. Ya estará volviendo al gimnasio….

Acid asiente antes de que ella me fulmine con la mirada, luego gira sobre los tacones de sus botas vaqueras y se dirige al pasillo por donde desapareció Perrie. Gruño y la sigo al instante.

No puede hacer esta mierda; no la perdí para protegerla solo para que ella misma se ponga en peligro. Joder, mira lo que le pasó a Perrie, que es una luchadora entrenada, coño. Cass apenas sabe lo básico.

Viking me dedica una sonrisa cuando paso furioso junto a él, al ver a quién sigo. Le lanzo una mirada asesina, pero su sonrisa se ensancha aún más.

El muy cabrón sabía que era mi chica y aun así me ocultó que trabajaba aquí. ¡Podría haberla encontrado años antes!

Sigo a Cass hasta lo que parece una sala médica, y antes de que la puerta se cierre tras ella, la abro de un golpe, lo que la hace saltar y girarse sobresaltada.

Nuestras miradas se cruzan mientras cierro la puerta de un portazo tras de mí.

—¡No te perdí para salvarte solo para que ahora pongas tu vida en riesgo! —grito, perdiendo los estribos, y sus ojos se abren de par en par.

Mi respiración se acelera y, antes de darme cuenta de lo que hago, giro sobre mis talones y estampo el puño contra la puerta metálica. El dolor me recorre el brazo, pero eso no calma mi furia.

No vino a mí a pedirme ayuda….

—Maldita sea —sisea Cass antes de que sienta su contacto, sus manos rodeando mi puño mientras inspecciona el daño, pero el dolor se amortigua con su tacto.

Mis ojos la recorren, y la pérdida que he sentido durante cuatro años, junto con la decisión que tomé en una fracción de segundo para protegerla, se desvanece.

—Joder —digo con voz ronca, lo que hace que me mire, y sin pensar, estampo los labios contra los suyos. Ella jadea, y ni siquiera tres segundos después, se derrite contra mí.

Por puro instinto, mis manos encuentran su trasero y la levanto. Ella me rodea la cintura con las piernas, y mis pies se mueven solos mientras mi lengua se desliza en su boca y se enreda con la suya.

Cassidy gime y mi polla se endurece tras la cremallera, ansiando ese calor estrecho después de tanto tiempo sin ella.

La coloco sobre la pequeña cama y me sitúo entre sus piernas mientras le tomo el rostro y le inclino la cabeza para profundizar el beso.

Froto la polla entre sus piernas, sintiéndome por fin en casa… .