Steal (Los Cazadores MC nº 3) 6
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Cassidy – Veintitrés años

El corazón me late con fuerza mientras aprieto el volante y tiemblo con los violentos sollozos que me sacuden; el hospital ante mí no es más que una mancha borrosa tras las lágrimas.

—Te he deseado durante años, joder…

Me estremezco al recordar el susurro de Brute, y la respiración se me vuelve entrecortada.

Ha pasado; de verdad acaba de pasar…

Acababa de salir de la habitación de Colt, no, de la de Steal, decidida a dejarlo por fin, a ponerme a mí misma en primer lugar por una vez, y Brute me empujó hacia la cocina.

Brute, uno de los hermanos del club que siempre me ha mirado con lascivia en cuanto ha tenido ocasión, mientras Faith estaba en la puerta, sonriendo.

Lo planearon. Ella quería quitarme del medio, sin darse cuenta de que ya me iba de todos modos, y decidió hacer algo tan horrible. Es el mal en persona.

—Todas esas veces que ibas por aquí con la cabeza bien alta, tan creída, pensando que eres mejor que nosotros, interponiéndote entre Steal y Faith —gruñe, y forcejeo con él, lo que le hace reír mientras me empuja de frente contra la encimera y me deja sin aliento, antes de acorralarme.

Echo el codo hacia atrás, usando las técnicas que papá y Perrie me enseñaron, pero él lo ve venir y me lo agarra antes de inmovilizarme los brazos contra el cuerpo con los suyos, y luego me mete la otra mano en los vaqueros.

El pulso se me acelera, el miedo se apodera de mí, y grito: —¡Suéltame! —esperando llamar la atención de alguien, esperando conseguir ayuda, pero me interrumpe tapándome la boca, con la mano apretándome tan fuerte que sé que me dejará moratones.

Oigo a Faith reírse, y las lágrimas me caen cuando él intenta meterme la mano en las bragas, y entonces caigo en la cuenta: ella planeó esto con él, para quitarme del medio… Dios mío.

—¡Abre las malditas piernas, zorra! —exige.

Su aliento rancio me golpea los sentidos y me dan ganas de vomitar.

Aprieto las piernas y forcejeo con él, negándome a permitir que esto me pase solo porque me enamoré del hombre equivocado.

Echo la cabeza hacia atrás con fuerza y el dolor me palpita cuando le doy en la barbilla.

Mierda, Perrie nunca me dijo cuánto duele eso…

Brute gruñe y, en represalia, me golpea más fuerte contra la encimera; el bajo vientre me duele al instante. Las piernas se me debilitan por el impacto, y él me mete dos dedos en seco, y sollozo.

—Oh, mira eso, el imbécil de Steal tiene un coño apretado cada noche, ¿eh?

No me extraña que decidiera quedarse contigo en lugar de con Faith —se burla mientras mueve los dedos bruscamente, y el dolor me atraviesa entre las piernas antes de que los ojos se me fijen en el cuchillo cerca del borde de la encimera.

—¡Oye! —espeta Faith, pero él la ignora y continúa—: No puedo esperar a metértela, a enseñarte cómo folla un hombre de verdad…

Siento el corazón latirme mientras la humedad se acumula entre las piernas junto con el dolor, y sé que me ha hecho sangrar.

Trago saliva con fuerza y, negándome a ser violada por este bastardo asqueroso, agarro el cuchillo sin pensarlo y giro el cuerpo con fuerza, lo que hace que saque los dedos de mí bruscamente y retroceda un poco.

Un momento me está mirando con furia y avanza hacia mí de nuevo, y al siguiente tiene los ojos muy abiertos mientras le clavo el cuchillo en el pecho.

Las lágrimas me caen mientras retrocede tambaleándose, con la mano en el cuchillo, pero no se lo quita, solo lo agarra antes de toser.

La sangre le sale de la boca y me salpica la cara, y todo en mí se detiene cuando la realidad me golpea de lleno.

Su cuerpo cae de repente contra el mío y su sangre me mancha.

Oigo a Faith jadear, y cuando el cuerpo de Brute cae al suelo, con los ojos muy abiertos pero vacíos y el cuchillo todavía clavado en el pecho, la bilis me sube.

Dios mío, lo he matado…

Un dolor me saca de esta pesadilla en vida y me recuerda que probablemente me ha desgarrado las paredes vaginales, y sollozo más fuerte.

Soy una asesina, he matado a alguien…

Sé que fue en defensa propia, pero eso no es lo importante, y el odio que Steal me lanzó, el hecho de que me apuntara con un arma a la cabeza…

Dios mío…

Abro la puerta rápidamente y me inclino hacia fuera antes de que el estómago se me tense, y los dolores me atraviesan mientras vomito con arcadas y las lágrimas me caen.

Dijo que me amaba, pero si eso fuera cierto, ¿no me habría escuchado en lugar de ponerse automáticamente de su parte?

—Faith la vio hacerlo, y confío más en la palabra de Faith que en la de ella.

Sollozo más fuerte, agarrándome a la puerta.

Durante toda nuestra relación, él se ha puesto de su parte, incluso cuando ella me comió la cabeza afirmando que todavía se acostaba con él, que se reían de mí cuando estaban juntos en la cama. La abofeteé por eso, y él se puso de su parte, y el club también.

Su padre me prohibió la entrada al club, por el amor de Dios, y desde entonces ella ha causado tantas discusiones que ahora el club cierra filas con ella, aunque yo soy la que intenta seguir adelante con mi vida, la que intenta ser feliz con un hombre que claramente no me quería.

Se puso de su parte otra vez, del lado de su club, cuando uno de sus hermanos acababa de agredirme sexualmente mientras su preciosa Faith hacía guardia.

La bilis me sube de nuevo, y toso con arcadas entre sollozos fuertes.

Lo estaba dejando. Le escribí una carta y la dejé en su mesita de noche.

No podía soportar más el dolor, que me dejaran siempre en segundo plano, especialmente en los momentos en que más lo necesitaba, como el aniversario de la muerte de mi padre, cuando estuve en el Puente de Brooklyn esparciendo sus cenizas, sola, mientras él estaba en una barbacoa familiar del club con Faith, algo a lo que me habían prohibido asistir.

Había terminado oficialmente con él, y entonces me empujaron a la cocina y me agredieron.

Poco a poco me incorporo y miro el edificio entre lágrimas antes de respirar hondo, decidida a entrar y que me examinen.

Me miro la ropa para asegurarme de que no tengo sangre encima, pero sollozo más fuerte al ver que estoy cubierta.

De repente la piel me arde como si estuviera en llamas, y los sollozos se me hacen más fuertes.

Las ganas de vomitar me vuelven a asaltar, pero las ignoro y me giro rápidamente para agarrar la bolsa llena de ropa de la habitación de Steal, y saco lo primero que toco, que resulta ser la camiseta de Steal.

Me quito la camiseta de tirantes, sin importarme estar en un aparcamiento a la vista de todos, y me pongo la camiseta enseguida, luego agarro las toallitas húmedas y me limpio las manos, los brazos y la cara frotando con fuerza, antes de tirarlas al suelo junto con mi camiseta de tirantes, todo mientras sollozo y tiemblo como una hoja.

Necesito que me examinen y luego tengo que irme. A mamá le dará igual que me vaya; es así de arpía, pero Perrie… ella me va a odiar. Aunque no puedo arriesgar su seguridad.

Todavía tengo algo de ropa y fotos en mi antigua habitación; las recogeré y después me despediré de mi hermana…

Con la barbilla temblándome ante la idea de decepcionar a mi hermana pequeña, salgo del coche y entro en urgencias con el corazón en un puño.

Está abarrotado, hay pacientes por todas partes.

Algunos me miran con el ceño fruncido, y me seco las lágrimas antes de dirigirme al mostrador de enfermería, tratando de ignorar todas las miradas curiosas.

La morena sentada detrás del mostrador no levanta la vista; sigue escribiendo mientras dice:

—Por favor, rellene este formulario y tome asiento.

Y me acerca un formulario por encima del mostrador.

Me caen más lágrimas y, sin coger el formulario, susurro:

—Acabo de sufrir una agresión sexual…

Levanta la cabeza de golpe, sorprendida, con los ojos marrones muy abiertos mientras me observa, y empiezo a temblar, lo que la impulsa a actuar.

Rodea el mostrador, me toma suavemente del brazo y me guía hasta un cubículo mientras los demás pacientes se quejan y protestan.

Los ignora, me ayuda a sentarme con delicadeza y desaparece durante unos minutos.

Regresa con un médico que reconozco del paquete de bienvenida que recibí la semana pasada.

El hombre sonríe mientras coge una silla con ruedas y se sienta frente a mí, dejando suficiente distancia para que me sienta cómoda. La enfermera se queda en el cubículo, lo que me ayuda a relajarme un poco.

Sé que este hombre no me hará daño, pero después de lo que acaba de pasar, tengo los nervios destrozados.

—Soy el Dr. Carmichael —dice con suavidad—. ¿Puedo saber tu nombre, o prefieres que hagamos esto sin formalidades?

Se me vuelven a caer las lágrimas y miro al médico mayor, de amables ojos azules, y susurro:

—Va a ser un poco difícil hacerlo así porque estoy bastante segura de que va a ser mi profesor el año que viene.

Su mirada se suaviza y pregunta:

—¿Vas a estudiar en la Facultad de Medicina de Nueva York?

Sorbo los mocos.

—Ya llevo un año. Me llamo Cassidy Halliwell, y no quiero que intervenga la policía…

Asiente lentamente antes de preguntar:

—¿Puedes explicarme exactamente qué ha pasado?

Suelto un sollozo ahogado y la enfermera se acerca rápidamente y me coge la mano. Aprieto la suya y admito:

—Me-me atacaron por-por detrás y-y me empujó contra un mostrador… luego sus-sus dedos estaban dentro de mí…

El Dr. Carmichael asiente y anota lo que he dicho.

—¿Alguna otra penetración?

Niego con la cabeza.

—Con-conseguí escapar…

—¿Y algún dolor, sangre? —pregunta con cuidado, y asiento a ambas cosas mientras las lágrimas me caen a raudales.

—De acuerdo, Cassidy… Voy a tener que hacerte una ecografía transvaginal.

Si pudiera conseguir que una doctora lo hiciera, lo haría, pero por desgracia no hay ninguna disponible, y necesitamos ver qué daño se ha producido para asegurarnos de que no sea permanente, si lo hay —admite, y asiento.

Continúa—: También comprobaré si hay embarazo como precaución, ¿de acuerdo?

Vuelvo a asentir y suspira.

—Muy bien, la enfermera Hannah se quedará contigo todo el tiempo. Quítate la ropa de cintura para abajo y cúbrete con la sábana.

Se pone de pie.

—Ahora, tengo que preguntarte: ¿estás segura de que no quieres que intervenga la policía?

Niego con la cabeza y miento:

—No-no lo vi, y-y no había-había cámaras…

Asiente, visiblemente preocupado, pero se va antes de que la enfermera me ayude a ponerme de pie con las piernas temblorosas.

Me tiemblan los dedos mientras intento desabrocharme los vaqueros, y ella me ayuda enseguida.

Me quito lentamente los vaqueros y las bragas, pero suelto un sollozo al ver la sangre en mi ropa interior.

La enfermera coge las bragas y me aprieta la mano antes de ayudarme a sentarme de nuevo en la camilla. Me coloca suavemente los pies en los estribos y me cubre mientras me recuesto.

Llama al médico para que vuelva a entrar y le explica rápidamente lo de la sangre. Asiente mientras coge el monitor y la sonda de ecografía.

Se me acelera el pulso y la enfermera me coge la mano enseguida. El médico explica:

—Muy bien, Cassidy. Esto va a estar un poco frío y empezarás a sentir presión. Intenta respirar hondo.

Hago lo que me indica.

—Bien, tienes algunos desgarros importantes que tardarán unas semanas en curarse, y estarás incómoda hasta entonces. Te recetaré antibióticos.

Siento que profundiza y mi cuerpo tiembla, así que la enfermera me acaricia la mano suavemente.

«Sé fuerte, mi Cassy».

Me cuesta respirar al oír la voz de mi padre, pero respiro hondo, y el médico me elogia:

—Eso es, Cassidy, lo estás haciendo bien. Tu útero está…

Se queda callado y lo miro con pánico hasta que pulsa unos botones en la máquina, y de repente un sonido de tum-tum, tum-tum llena la habitación. Creo que olvido cómo respirar.

—Cassidy, parece que estás embarazada de casi nueve semanas. ¿Lo sabías? —pregunta el médico, y parpadeo.

Embarazada…

Estoy embarazada del bebé de Steal, el mismo Steal que acaba de arrastrarme por el pelo y ponerme una pistola en la cabeza después de que yo matara a su hermano.

La cabeza me da vueltas mientras el mareo se apodera de mí.

Esto no está pasando; no puede estar pasando…

—¿Cassidy? —dice la enfermera con preocupación, pero su voz parece distante, igual que la del médico, que suelta—: Mierda, está a punto de desmayarse.

Mientras la inconsciencia se apodera de mí, mis últimos pensamientos son… Soy una asesina y estoy embarazada…