Sprint en tu dirección (North Star 8) Epílogo I
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Epílogo I

Keira L. Sant Delphi

No soy fan de los hospitales. Digamos que no me traen buenos recuerdos.

Ja-ja. ¿Lo pillas? Recuerdos.

Perdón.

Todos los escáneres pintan bien. ¿Estoy como una rosa? Hombre, pues no diría tanto. Igual como un girasol. #PerdónOtraVez.

—Le recuerdo a él. Desde el primer momento en que vi a Sant Delphi entrar en la casa de mis padres hasta la noche del parque cuando casi perdimos a Dante.

Me ha estado haciendo muchas preguntas y no he fallado ninguna —admito orgullosa, con la cabeza bien alta.

Luego mi cara se transforma en una mueca—.

También recuerdo mucho de lo que ocurrió con mi familia siempre y cuando Sant Delphi o Darcy tuvieran algo que ver, directa o indirectamente.

Pero de mi vida en esa casa… no recuerdo tanto.

La mitad de la historia, quizá menos, y en muchas ocasiones soy una espectadora lo cual hace que me sienta más cabreada que diminuta.

Doctora Leighton —la cojo de las manos—, ayúdeme a no recordar.

Quiero dejar todo eso atrás, ¿hay alguna manera?

—Reconozco que no es habitual que los pacientes con amnesia me pidan que los ayude a mantenerse con ella.

—Sonríe con cariño y pone una mano encima de las mías, devolviéndome el gesto—.

El cerebro humano es muy puñetero, muchas veces hace lo opuesto a lo que queremos.

Pero si trabajas el autoboicot y lo mantienes a raya, quizá consigas que tu cabeza se vuelva tu aliada y te deje en paz el resto de tu vida.

—Genial, suena fácil.

—Me alegra mucho ver tu progreso —alza la vista hacia Sant Delphi, de pie a mi lado. No me ha soltado la mano ni un minuto—. Imagino que a ti también.

Me besa la mano y se limita a murmurar un «evidentemente» tímido.

Mi monosilábico favorito. Qué afortunada me siento de que a mí siempre me mire con ganas de contármelo todo.

—Doctora, igual esto le parece un poco repentino, ¿pero podría mirarle una herida del codo ya que estamos?

—¿Una herida?

—Sí, se ha golpeado contra algo —o su mujer tiró de él demasiado fuerte y acabó sangrando.

Qué desastre. Somos un par de animales. Lo incluyo a él por lo que me hizo después con la boca, la lengua y la po… Dios, estoy borracha de este hombre.

Veo a Darcy y salto de la camilla mientras la amable Leighton le cura la herida a mi maridito.

Le he mensajeado diciendo que teníamos visita y ha venido corriendo. Espero que sepa que se ha convertido en mi familia.

—¿Cómo estás? ¿Han salido bien las pruebas de hoy?

Asiento y sonrío con toda la cara, en un intento de ser más convincente.

—Quería darte las gracias por lo que hiciste, al final ayer no tuve oportunidad…

—¿Porque estabas muy ocupada yéndote a follar con tu marido después de recordar toda vuestra historia juntos? Amiga, no tengo nada que recriminarte. Salvo que no me hayas dado detalles guarros todavía —se carcajea, me da un fuerte abrazo y yo la aprieto también—. Me alegra tanto tenerte de vuelta.

Su voz suena tomada, sensible y vulnerable. Ha estado ahí para mí en todo momento. Espero poder devolverle el favor algún día.

Nos separamos y la zarandeo un poco.

—Por cierto, ayer casi ni te reconocí. Y espero que sepas que esto lo digo con orgullo: imponías a muerte.

Encoge un hombro y se pasa el pelo hacia atrás.

—Por el campus de North Star corren rumores muy dispares sobre mí. Algunos dicen que soy una zorra fría y sin sentimientos, otros dicen que soy dulce y un verdadero tesoro. Créelos a ambos, cada uno tiene la versión de mí que se merece.

En serio, qué guay es esta tía.

Aunque tenga tres años menos que yo, ¿puedo decir «de mayor quiero ser como ella»? ¿Porfi?

Le suena el móvil y descuelga muy rápido, casi ansiosa. En cosa de unos instantes, se queda blanca. Paliducha en plan muerte-inminente. Pronuncio su nombre, pero no contesta. Le pregunto si quiere que le coja el teléfono porque tiene pinta de que va a soltarlo en cualquier momento y entonces dice:

—Mi hermana está de parto.

No se acaban las celebraciones. ¡Yuhu!