Capítulo XII #4
Cerré el libro y lo dejé a mi lado para salir detrás de la joven encapuchada, pero no logré alcanzarla.
Isayo y las personas que estaban en el salón no se habían percatado de lo ocurrido.
Con sorpresa abrí la nota, sin saber aún de qué se trataba, como quien desvela un secreto que podría cambiarlo todo.
Estaba firmada al final por Isidro.
Juan Andrés, qué honor conocerte, quiero despedirme la verdad por medio de estas letras y te pido por favor disimular: que este comunicado quede solo entre nosotros. Son palabras que me brotan ahora, rápidas, quizá incoherentes, pero sinceras.
Juan Andrés, ve por tus sueños. Estudia, lee, escribe y entrena.
Haz de tu vida un camino de verdad y de fuerza.
Lee todos los libros, porque al final serán tu mayor y más preciado tesoro.
Todas sus enseñanzas se guardarán en tu mente, convirtiéndote en una gran biblioteca ambulante.
Cuantos más libros leas, más opciones tendrás para defenderte en la vida.
Es decir, si tu biblioteca mental es grande, también lo serán tus opciones para enfrentar cualquier situación.
El tamaño de tu biblioteca estará ligado al número de caminos que tu mente podrá recorrer.
Cuando tengas un problema, una dificultad o una encrucijada, acudirás a tu librería interior y allí hallarás las respuestas que necesitas.
En los libros descubrirás nuevas culturas, nuevas formas de pensar y senderos que jamás habrías imaginado.
Ve por la vida y enamórate: de las palabras, de los gestos, de los instantes que hacen de tu existencia un viaje irrepetible.
Consigue ese gran amor, consigue una buena mujer para ti. Ten muy en cuenta que es posible que falles, en tus primeros intentos de buscar tu pareja ideal. Pero no importa, sigue tratando. Anímate siempre. Cuando la encuentres, sé bueno con ella. Ámala, ámala y vuélvela a amar.
Ve y ten una familia con ella. Ámala, cuídala y enséñale todo lo que tienes en tu biblioteca personal.
A tus hijos háblales de esta experiencia, de cómo enriqueció tu vida, dándote cuenta de que tienes, hace más de dos mil años, la clave para ser feliz, para ser próspero, para ser un ser extraordinario. Diles que cuando la cabeza no piensa, el cuerpo es el que sufre.
Háblales a tus hijos de Dios, del amor, de los valores, de los estereotipos sociales, de la libertad y su diferencia con el libertinaje. Háblales de las redes sociales, del matrimonio y de la sexualidad sin ningún prejuicio, pero sí con mucha prudencia e imaginación.
Háblales un poco de política, para que entiendan cuál es el origen de las guerras: la desigualdad.
Háblales a tus hijos de que cada vida debe ser alimentada con amor, con buena lectura y con mucha espiritualidad, sin caer en fanatismos absolutistas y desmesurados.
Diles que cuiden su diálogo interior, porque de ello depende lo que obtengan en su vida, y que jamás dejen de soñar.
Bueno, y además diles que no traten de masticar más de lo que puedan tragar, para que hagan una sola cosa a la vez y que no dejen nada sin culminar. Ello les servirá para cultivar el gran valor de la responsabilidad.
Y tú ve y lee la Biblia, y espera la gran fortuna que tiene ella para los que creen y confían en su palabra. Al final tendrás el gran tesoro que Dios tiene asegurado para ti.
No te demores en ponerle ánimo a todo. Ponle a todo un poco de velocidad. Ve por tu tesoro, pues no sea que otros, lo encuentren por ti.
Pero bueno, ya basta. Estoy viejo y enfermo, pero voy a seguir en búsqueda del gran tesoro que dejó Jesús para mí. Voy a desarrollar mis talentos como lo aprendí de ti.
Pero bueno, qué más da, Juan Andrés.
Ve donde tu familia. Ve en busca de ellos.
Llévales este lindo mensaje que apenas hoy comprendo.
Por primera vez iré por la mía, y les pediré perdón por haberlos abandonado.
Pero les prometeré que el resto de mis días viviré para ellos, pues aprendí de Dios que debo cuidarlos, como lo intenté hacer con Herminsul, Berenice, Isayo, Verónica, la Choco, Alejandro…
y por ti, Juan Andrés, que fueron mi familia por estos lindos días, de luz y prueba.
Protege tu integridad, tu vida y recuerda: que es el regalo más preciado. Vive feliz y en agradecimiento, porque esta vida es buena.
Amén.
Nota: Al acercarme a la puerta principal, encapuchado, logré ver a una persona que se parecía mucho a ti, deduje que era tu padre. Estaba allí, firme en la entrada.
Hablé con él: le dije que estabas bien, que eras una gran persona y que en poco tiempo despejarían la puerta de la universidad para que pudieras salir.
Me contó que tu nombre aparece en todos los noticieros, porque figuras como desaparecido. Y añadió, con orgullo, que el profesor de la escuela había confirmado tu convocatoria a la Sub-17 de la Selección Colombia.
Un Abrazo, buena vida para ti y tu linda familia. ISIDRO.
Mientras hablaba con tu padre, recordé a tus tías y comprendí que estaban equivocadas: porque en ti se refleja, con toda claridad, su misma estampa.
Al escribir estas palabras, sentí una corazonada: que en el futuro nos veremos de nuevo...