Capítulo 14
Sol
Sol sabía que debería haber ido en metro, pero no había querido enfrentarse a escaleras, multitudes y vagones abarrotados llevando sus sandalias de piel con plataforma de Vialis favoritas.
Le sumaban siete centímetros de altura y una buena dosis de empoderamiento, pero no podían describirse precisamente como cómodas… ni estables.
Optó por coger un taxi y rezó para que el tráfico no la hiciera llegar tarde. Sabía que tendría que haber salido antes, pero había sido ridículamente indecisa al escoger qué ponerse esa noche. No era tanto una cuestión de vanidad como de seguridad.
Escoger la ropa adecuada para una entrevista con una celebrity , una obra de teatro con amigas o una escapada a una ciudad nueva era su manera de encajar y sentirse cómoda.
Y ahora no estaba convencida de su elección precipitada: unos tejanos acampanados de tiro altísimo y un jersey negro de manga corta.
Demasiado sencillo, pero sin parecer despreocupado.
Miró la hora, le indicó al taxista que la dejara a un par de calles del restaurante y bajó por la empinada cuesta del carrer del Torrent de l’Olla con apenas cinco minutos de margen.
Incluso con tacones, caminar por esas aceras estrechas y desniveladas de Gràcia sería más rápido que quedarse atrapada en el tráfico.
Cuando llegó al restaurante, Luke la esperaba en la calle. Odiaba haber estado a punto de llegar tarde. Por algún motivo —tal vez el tráfico o la insatisfacción con su atuendo— se sentía algo alterada.
¿Nerviosa? Seguro que no.
Ella no se ponía nerviosa. Si no había sentido ni un ápice de inquietud al entrevistar a Jake Gyllenhaal o a la autora de Outlander , Diana Gabaldon, no podía sentir ansiedad por esto.
Solo iba a encontrarse con un hombre atractivo con el que había pasado un buen rato el día anterior. No era motivo de nervios.
— Ciao, come stai? —le dijo él sonriendo. Sol tropezó al oír la voz de Luke en italiano.
Estuvo a punto de caer, pero consiguió recuperar una posición vertical y, en lo esencial, digna antes de que Luke la alcanzara para ayudarla. Rechazó su gesto y dio gracias a las horas de pilates que, al menos, le habían asegurado algo de equilibrio.
— ¡Malditas sandalias! —murmuró entre dientes en castellano, antes de mirarlo con su mejor sonrisa y fingir que nada había pasado—. Evening. Estoy bien. Espero que te encante este sitio.
Entró en el restaurante.
Luke
Los sentaron en una mesa diminuta y les dieron las cartas en catalán. Luke entendía más leyendo que escuchando el idioma, pero decidió que dejaría que Sol eligiera.
Ella estaba tan guapa como siempre, aunque él creyó detectar cierta tensión cuando se habían saludado fuera.
—La última vez que vine aquí coincidí con dos grupos de amigos diferentes. Bueno, algunos eran solo conocidos… —dijo Sol, con la vista fija en el menú.
—Sin ánimo de ofender, ¿tan pequeña es la ciudad? —preguntó él con una sonrisa provocadora.
Un poco de humor no venía mal en ese momento.
—¡Claro que no! —protestó y luego se dio cuenta de que le estaba tomando el pelo—.
Estamos en Gràcia. Este barrio ya era moderno cuando todavía no sabíamos lo que significaba el concepto.
Este es el tipo de sitio donde se mezcla gente del barrio con visitantes, así que es fácil encontrarse con conocidos, supongo.
—Me has traído a un sitio popular.
—Sí. Tuve que llamar para hacer la reserva —dijo Sol, levantando por fin la vista hacia él—. Y tampoco es que esto no pase en Londres. Juraría que te vi un día en la esquina de mi calle.
—¿Y no dijiste nada? —bromeó él, intentando desviar la atención del hecho de que probablemente estaba en modo vigilancia cuando ella lo vio—. ¿Dónde fue?
—En Waterloo —dijo ella. Luke pensó que lo había dicho con intención de ser vaga a propósito. Seguramente aún estaba midiendo cuánto podía confiar en él y si era de fiar. No se le escapó que siempre habían quedado en lugares públicos y que Sol había llegado por su cuenta.
—Me gusta correr junto al río —explicó él, intentando no alargar el tema—. No estoy prestando mucha atención a la carta, asumo que tú vas a decretar qué pedimos.
—Asumes bien —dijo ella, sonriendo—. ¿Y sigues comiendo de todo?
—Sí —respondió Luke, intentando sonar firme.
—¿Tinto o blanco?
—¿Tinto?
—Suenas inseguro.
Sol levantó la vista del menú y lo miró a los ojos.
—Solo quiero asegurarme de dar la respuesta correcta —dijo él con su mejor sonrisa.
—Estamos hablando de vino. Todas las respuestas son correctas.
Sol pidió un par de copas de una de las opciones de Garnatxa y varios platos antes de espetarle lo que probablemente llevaba rondándole la cabeza todo el rato.
—Entonces, ¿eres italiano?
—¿Por qué lo preguntas? Solo te ha costado semanas notarlo.
—Te tenía catalogado como londinense de manual —dijo ella—. Pero vi tu apellido en el móvil y ahora casi me estampo en la calle cuando me has saludado en italiano.
—Pasa —respondió. Aunque era la primera vez que usaba el italiano como arma de seducción—. Y sí, soy londinense de manual, pero mis padres son del sur de Italia.
Un camarero les trajo el vino y varios platos.
Ella explicó qué era cada cosa con su habitual soltura y Luke agradeció el cambio de tema.
No le gustaba hablar de su identidad como hijo de inmigrantes.
Pero le encantó cómo lo había descrito: londinense .
Siempre había sentido que esa palabra era la que mejor lo definía.
—¿Por casualidad has visto The Privateers ? —preguntó entonces Luke, sabiendo que pisaba terreno peligroso—. He oído una conversación en el ascensor del hotel y me ha dado curiosidad.
—Por supuesto que la he visto —dijo Sol, repartiendo las anchoas y las croquetas entre los dos platos y cogiendo un trozo de pa amb tomàquet —. Soy periodista de entretenimiento y la serie fue un bombazo. Tengo que verla. Además, me gustó mucho. ¿Tú no la has visto?
—No —respondió Luke y era cierto. Desde que habían empezado con el caso, había pensado que debería verla, pero no había encontrado el momento—. ¿Debería?
—Depende del tipo de historias que te atraigan —le dijo ella—. Si te gustan los dramas de época, los whodunnits y las series con una pareja de detectives amateur muy sexys —y si te va el rollo will-they-won’t-they —, entonces sí.
—¿ Will-they-won’t-they ?
—Un tópico típico de la tele, muy usado en series de misterio: una pareja de investigadores que se soportan poco pero se atraen y el público se pasa la serie preguntándose si acabarán liándose o no. The Privateers juega con eso entre sus dos protagonistas.
—¿Pero no era una serie de piratas del siglo XVIII? —preguntó Luke. Le encantaba cómo Sol explicaba las cosas, tan clara y apasionada.
—Transcurre en un barco pirata, sí. El cirujano aparece muerto durante la travesía.
Parece que ha enfermado, pero el capitán —interpretado por Murray Groff— no se lo cree y empieza a investigar.
Sospecha de su nuevo segundo al mando, el contramaestre.
Pero el espectador sabe que él no lo hizo y que él también sospecha de las circunstancias de la muerte.
Al final, investigan juntos y está claro que el asesino tiene que ser alguien de la tripulación.
—¿Quién hace del contramaestre?
—Leonardo Pascual. Venía del teatro.
—¿Y el will-they-won’t-they es entre el capitán y su segundo?
—Sí.
—¿Y se lían? —preguntó Luke, poniendo su mejor sonrisa insinuante.
—No te lo voy a arruinar.
—Por favor. Si me dices que se lían, igual la veo. Si no, el will-they-won’t-they infinito me saca de quicio.
—Puede volverse insufrible cuando los guionistas lo alargan durante temporadas enteras.
La culpa es de Luz de luna . Los personajes de Cybill Shepherd y Bruce Willis se liaron en la tercera temporada y la audiencia se desplomó después de eso.
Desde entonces, muchas series se lo toman con calma.
Pero eso no pasa en The Privateers —se le iluminó la cara con el tema—.
Al final de la temporada se resuelve el asesinato… y acaban en la cama.
—Entonces, y perdona si te saturo a preguntas, ¿por qué he leído que la serie es polémica?
Luke volvió a lamentar las circunstancias concretas en las que había conocido a Sol. Si todo fuera distinto, ahora estaría hablando de Luz de luna . Había crecido viendo reposiciones de esa serie y de Montalbano en italiano.
—Por el guion filtrado. El mismo que tú crees que robaron en nuestro estudio de pilates —explicó Sol.
—Leí que lo habían robado, ¿recuerdas? Todo el artículo de Voyeur sugiere que el guion desapareció del estudio durante una clase de Josie.
—¿Y tú crees que alguno de los alumnos lo robó? —preguntó Sol.
Luke casi se atragantó con el vino. ¿Estaba contándole demasiado?
—¿No me digas que te lo creíste? —insistió ella.
—¿Por qué te parece tan imposible? ¿Y si alguien de la clase de aquel día se lo llevó?
—Basas toda tu teoría en un solo artículo.
—¿Voyeur no es una fuente fiable?
—No mucho —dijo Sol—. Y lo sé de primera mano. Trabajé como freelance para ellos a principios de los dos mil.
Con esa confesión, Luke sintió que se reafirmaba su deseo de creer en la inocencia de Sol.
—¿Y qué hay de algún tipo de resentimiento profesional? Creo que la agente que va siempre al estudio representaba a las creadoras de la serie y ya no.
—Te estás tomando muy en serio lo de detective aficionado —le dijo con una sonrisa traviesa.
Él se sintió un poco ofendido por lo de aficionado y aún más incómodo por su falta de sinceridad con ella respecto a su trabajo y al caso.
—La gente cambia de representante constantemente —continuó Sol—.
Sobre todo cuando surgen mejores oportunidades.
Es cierto que Agatha apoyó a Sara y Bryana desde el principio y las perdió justo cuando empezaron a ganar dinero.
Las agencias suelen llevarse una comisión del diez por ciento, pero la suya es pequeña y el cambio tenía sentido.
Pasa constantemente en la industria. Deja de buscar misterios donde no los hay.
Luke tomó nota mental de todo. Aunque estaba disfrutando de la cena y de la conversación, también sabía que debía contárselo a Divya. El dinero era un motivo y Agatha había perdido la oportunidad de ganar mucho cuando las hermanas Daniels cambiaron de agente.
—Aun así, no creo que nadie pudiera haber robado nada en el estudio de Josie —insistió Sol—. Veta personalmente a cada nuevo miembro.
—El estudio de Josie es básicamente perfecto —bromeó él.
—En serio, lo es. Podría contarte historias de terror de algunos centros de pilates en Londres —dijo Sol con vehemencia y Luke tuvo que contener la risa. Esa vena pija que ella tenía, sin darse cuenta, lo fascinaba.
—Nada de historias de terror, prometo no dejar nunca el estudio de Josie —dijo él—. Pero cuéntame más sobre la polémica de The Privateers . No sabré si verla o no hasta que me cuentes el final.
—¿Y siguen sin importarte los spoilers ? —preguntó ella y él asintió—. Lo pregunto porque las quejas por spoilers son casi un tercio de los comentarios negativos que recibo de los lectores.
—Anotado mentalmente para preguntarte por los otros dos tercios más adelante —dijo él, dándole pie a seguir hablando si quería.
—Créeme, The Privateers es mucho más interesante.
La polémica surgió cuando la gente empezó a leer el guion filtrado.
Todos daban por hecho que la nueva temporada tendría otro asesinato.
Al fin y al cabo, más gente puede morir misteriosamente en un barco del siglo XVIII, ¿no?
Pero en el primer episodio de la segunda temporada, el que muere es el contramaestre y el capitán recibe a una nueva segunda al mando… , que esta vez resulta ser una mujer.
—¿Así que matan al personaje de Leonardo Pascual?
—Sí, y además era de los favoritos del público. Y cambian una relación gay por una más convencional. Ya en ese primer episodio hay señales de un nuevo will-they-won’t-they entre el capitán y su nueva segunda.
—Ahora no sé si quiero verla.
—¿Verdad? —rió Sol—. La producción de la segunda temporada se ha pospuesto tras la filtración y hay rumores de reescrituras. Así que tienes tiempo para decidir.
Él aún tenía mil preguntas que le habrían servido para el caso, pero se estaba quedando sin pretextos para seguir indagando sobre esa serie en particular. Un camarero acababa de traer un último plato de arroz con pescado y con él llegó la excusa perfecta para cambiar de tema.
—Empiezo a entender por qué te molestó tanto lo de mi triste comida de ayer —dijo Luke—. Esto está buenísimo.
—Me alegra que te guste la comida.
Ella sonrió.
—No solo la comida.
Él le devolvió la sonrisa con su expresión más descarada.
—Deja de flirtear o te pregunto dónde has comido hoy. Y más te vale no decepcionarme.
La sonrisa de ella le iluminaba toda la cara.
—Esta vez no te voy a decepcionar. Fui a uno de los sitios que me recomendaste en tu lista. Estuvo bien, pero no estoy seguro de haber elegido lo mejor. Tu ayuda me hubiera ido bien…
Luke sabía que no debería flirtear tan abiertamente, no porque temiera que ella lo rechazara —que probablemente lo haría—, sino porque se suponía que debía abordarla de otra manera.
Pero no podía evitarlo. Estar lejos de casa, de la oficina y de sus jefes le hacía olvidar casi todo lo que estaba en juego.
Solo sabía que quería seguir conociendo a Sol.