Sospechosamente tuya (La serie de misterio y romance de Sol y Luke 1)
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Capítulo 1
Sol
No había nada que a Sol le gustara más que un horario ajustado con la cantidad adecuada de tiempo libre.
Y aquel lunes por la mañana, la semana que tenía por delante pintaba prometedora.
No pensaba escribir nada más ese día, después de haber lidiado con todas las sugerencias que su editora le había hecho en su última crónica sobre los Oscar.
Había sido un fin de semana largo y ajetreado siguiendo la celebración más glamurosa del cine y escribiendo sobre ella. Y aunque la mayor parte del tiempo había trabajado desde el sofá, el tema había resultado agotador igualmente.
Al menos ese año no había tenido que asistir a la ceremonia en persona. Odiaba las alfombras rojas y el postureo a partes iguales y las entregas de premios eran básicamente eso, sumado a ropa incómoda y zapatos imposibles.
Por suerte, la temporada de premios había terminado al fin y Sol decidió celebrarlo desconectando un poco, antes de que llegara el caos de la tarde.
Ya estaba temiendo la reunión de estrategia de redes sociales programada para las dos y necesitaba empezar a proponer artículos que respondieran a preguntas tan urgentes como “ Predicciones Oscar 2024: Las películas que no te puedes perder ” y “ Las mejores y más comentadas películas de 2023 hasta ahora ” , aunque apenas fuera mediados de marzo.
Solo pensarlo le daba ganas de volver a la cama; la noche había sido larga, alargada aún más por las ocho horas de diferencia entre Londres y Los Ángeles.
Tras un desayuno ligero —yogur, fruta de temporada y su habitual té French Breakfast de Mariage Frères con leche de almendras—, se vistió con su athleisure más estiloso y cogió una bolsa gris de diseño.
Nada era demasiado moderno para ir a ver a Josie.
Y como la primavera aún no se decidía a hacer acto de presencia, Sol completó el conjunto con una clásica gabardina Burberry.
Cuando salió de su pequeño cottage adosado de dos plantas en el South Bank, ya era media mañana.
Normalmente no tenía el lujo de escaparse a ver a Josie a mitad del día, pero disfrutó del paseo por las calles tranquilas y del cruce del puente de Waterloo, con sus imponentes vistas del London Eye y el Parlamento a un lado y la catedral de San Pablo y los rascacielos de la City al otro.
La corta peregrinación hasta Covent Garden desde su casa en Roupell Street valía totalmente la pena.
Antes de dar con Josie, había probado todos los estudios a menos de media hora a pie de su casa.
Incluso se había atrevido a coger el metro y llegar hasta Islington para probar una instructora muy recomendada que resultó ser aburridísima y con clases poco exigentes. Josie era, sin lugar a dudas, la mejor.
Sol había descubierto el estudio boutique de pilates de Josie —al que acudía sobre todo una clientela del mundo del cine y la televisión— gracias a una fuente.
Aquella información había sido, con diferencia, lo mejor de una entrevista tediosa con el semifamoso CEO de la plataforma de streaming Supreme Video.
El estudio de Josie no se anunciaba en ningún sitio ni tenía presencia en redes sociales, así que Sol todavía le agradecía al CEO el dato, aunque hubiera maldecido las horas que pasó leyendo el manual que él promocionaba sobre la naturaleza del hipercompetitivo negocio del streaming y escribiendo un artículo que tanto ella como su editora sabían perfectamente que no había sido uno de sus mejores trabajos.
Luke
El hombre que llevaba dos horas de pie en una esquina tranquila de Roupell Street empezaba a arrepentirse de algunas de sus elecciones profesionales y a perder la sensibilidad de los dedos de los pies.
Ni siquiera su habitual repaso de porno inmobiliario en la app Rightmove conseguía distraerle aquella fría mañana.
Tenía un nuevo trabajo —un poco mejor pagado— y aun así cero posibilidades de permitirse un piso de una habitación en un barrio como aquel, aunque jamás elegiría vivir al sur del río por voluntad propia.
Estaba lamentándose ante las fotos de un piso con una minicocina que no se había reformado desde los noventa y con un precio digno de palacio, cuando vio que su objetivo salía de casa a una hora inusual.
Se aseguró de pasar desapercibido, guardó el móvil y la siguió.
A esas horas de un lunes por la mañana, normalmente ella estaba encerrada en su despacho, por lo que aquello le pilló por sorpresa.
Llevaba leggings y una sudadera extragrande y cortísima bajo un largo trench color miel.
Iba elegante, incluso con ropa informal.
Pero más allá de sus pensamientos sobre moda, el atuendo indicaba que probablemente Sol se dirigía al lugar que más les interesaba.
La siguió a una distancia prudente durante unos veinte minutos, mientras ella caminaba con paso rápido entre calles estrechas y cruzaba el río.
El estudio estaba en la segunda planta de un edificio georgiano de Henrietta Street. Ella llegó con apenas cinco minutos de margen.
Él la siguió dentro para ver quién más había.
Desde que le habían asignado aquel trabajo, se había acostumbrado a llevar una bolsa de deporte que también servía como mochila de trabajo.
Dentro llevaba un pantalón de chándal ajustado y de tela absorbente y una camiseta igualmente modernísima y absurdamente cara.
Algo más corriente habría levantado sospechas en un sitio así.
Apenas tuvo tiempo de conseguir que su alter ego, Greg Knight, se inscribiera en la clase de pilates en colchoneta de las once y media, cambiarse y buscar un sitio, preferiblemente al lado de su objetivo.
A ver si aquello le acercaba a averiguar si había sido la periodista quien había cometido el robo.