Sorry Not Sorry (Blingwood Billionaires 1)
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Capítulo 1Skyla
CAPÍTULO UNO
Skyla
— S uelta la fregona y apártate del cubo —ordena Jessie.
Sigo de espaldas a ella y continúo fregando el suelo de mi oficina.
—Skyla, vas a quitarle el brillo al mármol.
Se equivoca. El mármol brilla casi tanto como mis ojos ahora mismo… y se supone, que no estoy a punto de llorar.
—He estado regando demasiado mi costilla de Adán y la maceta ha acabado dejando una marca en el suelo.
Jessie se acerca. —No sabía que a Adán le hubieran salido tantas costillas.
Su voz suena demasiado tensa para que el chiste funcione, pero le sigo el juego y me río aunque me duela la garganta.
La mano de Jessie alcanza la mía, deteniendo mi movimiento. —Me he enterado de lo que ha hecho ese cabrón.
Desvío la mirada por la ventana en lugar de enfrentarme a su escrutinio. El sol brilla con demasiada fuerza para ser abril, como si de alguna manera no le hubiera llegado el aviso de que hoy es un día sombrío. Después de lo que pasó, hice lo primero que hago siempre que estoy en un lío: limpiar.
En el patio de abajo, mi jefe, el señor Blingwood, está atendiendo una llamada.
Está junto a la elaborada fuente que marca la entrada al hotel más elegante de Santa Bárbara.
Sujetando el móvil contra la oreja con el hombro, se sube la manga de la chaqueta para mirar el reloj.
Siempre está tan ocupado. En cualquier momento entrará disparado en nuestro edificio de oficinas y, si no tengo cuidado, me va a pillar de brazos cruzados.
Tengo que recomponerme.
Suelto la fregona en el cubo y me giro para mirar a Jessie.
Lleva su uniforme rosa de camarera de pisos con zapatillas de lona blancas.
Parece una joven estrella de Hollywood interpretando un papel en una película, en lugar de la mejor gobernanta que tiene el complejo.
—Estoy bien. No es que Mike y yo fuéramos pareja.
—La sonrisa que fuerzo en mis labios es temblorosa.
—Skyla, saliste a cenar tres veces la semana pasada.
Hizo que te enviaran flores al escritorio...
¡y luego se tira a la nueva en el cuarto de la limpieza!
Me da igual que no fuerais «oficiales», esa no es forma de llevar algo casual.
Es una falta de respeto enorme. Te ha estado tomando el pelo todo este tiempo.
—Aunque hago una mueca ante la brutal verdad, ella continúa—: Pero no te preocupes, voy a hacer que lo pague.
Si quiere jugar, que se prepare. ¡Ahora me toca jugar a mí, y pienso apuntar directamente a sus pelotas!
Niego con la cabeza.
—Deja que el karma haga su trabajo. No merece la pena que te despidan o acabes en la cárcel.
Intento convencer a Jessie de que no hace falta que se ponga así por mí, pero no hay quien la saque de su pie de guerra.
—Primero voy a torturarlo. Después destrozaré todo lo que quiere. Esas figuritas de Star Trek que tiene en la estantería... están condenadas. Y la foto de su hermana será la siguiente. En serio, ¿quién tiene una foto de su hermana en el escritorio? ¡Qué raro! Luego voy a...
—Jess, de verdad. No pasa nada. Estoy bien. Simplemente queríamos cosas diferentes, eso es todo.
—Tienes toda la maldita razón en que queríais cosas distintas. ¡Tú querías y merecías respeto y él quería tirarse a la nueva! Es un miserable, Skyla.
—Mike y Jenny realmente no deberían estar haciéndolo durante las horas de oficina.
Quizá por eso se retrasó con los informes trimestrales —bufo—.
Lamento de verdad haberlo contratado. Mike lo hizo muy bien en la entrevista, pero ha resultado ser increíblemente decepcionante.
—Por un segundo me pregunto qué me molesta más: que se líe con la nueva asistente personal de nuestro jefe y me humille delante de nuestros colegas, o que haya resultado ser un mal empleado—.
Normalmente soy muy buena en mi trabajo.
El señor Blingwood lo dice todo el tiempo.
Jessie me observa con atención y luego arquea una ceja. —Eres brillante en tu trabajo. El Blingwood Beach Resort se desmoronaría sin ti al mando de RR. HH. No dejes que Mike te haga dudar de tu criterio. Al menos has descubierto pronto cómo era y ahora no perderás ni un minuto más con ese perdedor.
—Tienes razón. Mejor descubrir ahora que es un infiel que perder años de mi vida con la persona equivocada.
—Exacto, y además, apuesto a que el sexo era horrible con un hombre como él.
—Yo nunca—
—Estuvisteis saliendo casi dos meses y él y tú nunca...
—la respuesta de Jessie es casual, pero se queda boquiabierta por la sorpresa—.
Bueno, supongo que no me sorprende. Un infiel como él probablemente tenga un micropene y un estilo de ametralladora —se mofa Jessie—.
Tiene pinta de ser el tipo de tío que se deja los calcetines puestos.
Seguro que ni se molesta en calentar el horno antes de intentar meter su mini salchicha.
Necesitas a un hombre capaz de satisfacer todas tus necesidades...
—Jessie, para. —Extiendo la mano—. Nunca... —mis mejillas se calientan mientras me pregunto qué me pasa.
—Oh, cielo, no te preocupes. No me extraña que Mike no supiera dar la talla. Seguro que piensa que el punto G es una aplicación.
Me río sin muchas ganas y aclaro: —No. Quiero decir que no lo hicimos. Yo nunca... —abro mucho los ojos, esperando no tener que decir las palabras.
—¿Nunca te has acostado con él? —Algo parecido al alivio ilumina su rostro y su tono sube un decibelio—. Eso es algo bueno después de lo que ha pasado. —Asiente con satisfacción hasta que su expresión se vuelve seria—. Espera, ¿al menos tienes un vibrador mientras encontramos a alguien mejor?
—Solo uno pequeño que alguien me regaló para el amigo invisible de Navidad. Pero eso no es importante—
—Cielo, tener tu orgasmo es muy importante.
—No lo sé. —Siento un nudo al intentar tragar.
—O sea, que no tienes ni idea —repite Jessie—. Has tenido un orgasmo antes, ¿verdad?
Me muerdo el labio hasta que el ligero escozor del dolor me distrae de mi vergüenza.
Ah, sí, añadamos más humillación a mi día discutiendo mi inexistente vida sexual.
—Mike y yo intentamos hacerlo una vez después de la fiesta de la oficina, cuando nos habíamos pasado con las copas.
—Se me revuelve el estómago al recordar aquel desafortunado forcejeo en el asiento del copiloto de su coche.
Confiaba en que el alcohol me soltara y encendiera alguna chispa.
Que sentiría la urgencia y la pasión de las que leo en las novelas románticas, pero a la hora de la verdad, me siento incómoda y fuera de lugar, y Mike no es capaz de dar la talla.
No puedo evitar preguntarme si mi cuerpo con curvas y mi falta de flexibilidad en un espacio tan reducido tienen la culpa—.
No conseguí excitarlo. — ¿Quizá por eso me engañó?
Jessie arruga la nariz. —¿Que no le funcionó?
Asiento.
Sus labios se curvan en una sonrisa pero lucha por mantenerla neutral. —Ese es un problema de Mike , no un problema tuyo . Espera, no dejó que pensaras que tú tenías la culpa, ¿verdad?
—No —le aseguro, recordándolo frustrado manoseándose y diciéndome que esto nunca le había pasado antes, mientras yo andaba a tientas como una contorsionista borracha y de talla grande, casi dándole una patada al parabrisas mientras me apresuraba a ponerme las bragas.
—Probablemente tu subconsciente te estaba gritando que no llegaras al final con él—
—Quizá, pero yo nunca... —Jessie es mi mejor amiga y debería habérselo dicho antes.
Pero, como todo el mundo, ella asumía que yo tenía experiencia y yo no quería señalarme como diferente.
Respiro hondo para calmarme y admito—: Soy virgen a los veinticuatro años y, aunque sé que no hay nada de qué avergonzarse, empiezo a preguntarme cuándo tendré mi final feliz.
—Oh. —Jessie mira hacia otro lado momentáneamente sorprendida, frunciendo los labios mientras piensa qué responder, y luego me mira y me dedica una sonrisa enorme y reconfortante—. Bueno, pues estoy súper orgullosa de ti por no haberla desperdiciado con un imbécil como Mike.
—¿Crees que estoy estropeada? Llegar a esta edad y no haber... es raro, ¿verdad?
—¡No! No estás estropeada y no es raro. —La mano de Jessie agarra la mía y me da un apretón—.
Cielo, yo le entregué mi virginidad a Dirk Davenport en el último año de instituto porque fui lo bastante tonta como para pensar que me quería y que me invitaría al baile.
Dos semanas después se tiró a la capitana de las animadoras y la llevó a ella.
Esperar al «indicado» y no precipitarse en algo de lo que te arrepentirás es admirable.
—No quiero ser admirable; ni siquiera me importa si no es el «indicado». Se suponía que Mike iba a quitarme la maldita virginidad y no pudo; o bebió demasiado y se le bajó por completo. Después de nuestro intento fallido, se distanció, y no le culpo. No pude excitarlo—
—¡No empieces con esa mierda, Skyla! ¡El problema aquí es él, no tú!
—El problema es que quiero una vida sexual sana como otras mujeres de mi edad. Quiero pasión y furia y sentir que voy a combustionar espontáneamente si no me acuesto con alguien. Pero hasta ahora, nunca me he sentido así, Jessie.
Pone las palmas de sus manos en mis hombros y sus brillantes ojos azules me clavan en el sitio.
—Te sentirás así algún día. Pero no pasará de inmediato.
Tienes que ajustar tus expectativas. Las primeras veces que tengas sexo serán bastante mediocres.
Mira mi primera vez con Dirk. ¡Se pensaba que los preliminares consistían en apretarme las tetas como si estuviera amasando pan!
Dejo escapar una risita de comprensión. —Mike y yo nos quedamos en los preliminares, pero su atención a mis pezones parecía una ecuación algebraica. Incluso le oí contar en voz alta.