Capítulo 5
Capítulo Cinco
Se detuvo en una tienda de Voodoo Doughnut, hizo fila por una caja de bollos Portland Cream y aun así llegó a su oficina antes que Margo.
Con el café preparándose en la sala de descanso y la caja de bollos sobre el escritorio de ella, Drake subió las escaleras hasta su oficina tipo loft y se preparó para una conversación que temía.
Margo Benning había sido su secretaria desde el primer día que se unió a la Fiscalía del Distrito tras dejar el ejército.
El abogado para el que ella trabajaba había muerto de un infarto y aunque tenía la antigüedad suficiente para pedir ser asignada a un fiscal superior, no hizo valer su rango y aceptó al novato.
Ella le enseñó a moverse entre la política de oficina y lo ayudó a convertirse en uno de los fiscales más exitosos del despacho.
Cuando él se fue para abrir su propio bufete, ella se fue con él y siguió siendo el pilar de su oficina mientras él trabajaba para conseguir clientes.
Cuando Kay murió, Margo mantuvo vivo el despacho cuando él había perdido el interés en casi todo, incluida su práctica legal.
En el último año, más o menos en las ocasiones en que él se había ido a «jugar al soldado» como decía ella, eso le había complicado el trabajo, pero al mismo tiempo había revitalizado el de él.
Y ahora, el nuevo trabajo para Puget Sound Security lo iba a sacar de la oficina aún más que antes.
Drake escuchó la puerta abrirse debajo del loft y llamó para saludarla.
—Buenos días, Margo —dijo, esperando a que ella viera la caja de donas.
—¿De verdad quiero saber para qué son estas? —gritó ella desde abajo.
—¿No puedo traerte un antojo sin que te pongas sospechosa?
—No, no puedes. Ya voy para allá a escuchar en qué andas ahora.
Minutos después, ella subió el corto tramo de escaleras hasta el altillo con dos tazas de café y se sentó frente a su escritorio sin decir una palabra; le tendió su taza y esperó.
—Compré tus bollos favoritas, de Portland Creams —dijo él.
—¿Por qué?
—Porque te gustan.
—¿Qué pasó en Seattle?
—¿Por qué tendría que haber pasado algo en Seattle?
—Porque me trajiste bollos.
—Me reuní con Mike, me llevó a almorzar y luego nos encontramos con uno de sus clientes.
—Entonces, los bollos tienen algo que ver con su cliente. ¿Qué es?
—¿Alguna vez te he dicho que serías una buena abogada?
—Ya hice una buena abogada: tú. ¿Qué pasa con ese cliente?
—Quieren que visite uno de sus proyectos en Nicaragua.
—¿Y eso significa que me tocan bollos? —preguntó, negando con la cabeza—. ¿Cuál es el resto del trato?
—Me voy a ir por un tiempo. No estoy seguro de cuánto.
—Así que tenemos un nuevo cliente muy agradable, con un buen y generoso anticipo mensual. Eso está genial, pero no necesitas traerme bollos. ¿Qué está pasando en realidad?
—Me preocupaba cómo ibas a reaccionar —dijo él—. Últimamente has estado de mal humor un minuto y al siguiente, te retraes. No quería molestarte cuando te dijera que me iba a Nicaragua.
Margo miraba fijamente su taza de café, como si intentara encontrar su reflejo ahí.
—Mi esposo me está volviendo loca —dijo por fin—, absolutamente loca. Desde su cirugía de próstata, Paul se queda en casa todo el día. Está hablando de jubilarse anticipadamente de la oficina del sheriff. Ha perdido el apetito, llevamos veintitrés años de casados y ahora no conozco al hombre.
Paul Benning era capitán y jefe de detectives en la oficina del sheriff del condado de Multnomah, y el mejor policía e investigador con el que Drake había trabajado. Le faltaban diez años para la jubilación obligatoria y era demasiado joven para dejar el trabajo que amaba.
—¿Está viendo a un consejero? —preguntó Drake—. Solo se encoge de hombros cuando lo menciono.
—¿Quiere que hable con él?
—Adelante, pero no sé si servirá de algo.
—Antes de irme, lo invitaré a almorzar. De todos modos tengo una idea que me gustaría proponerle, su reacción me dirá mucho sobre cómo está mentalmente. ¿Por qué no vas y te comes uno de esos bollos y haces una lista de las cosas que necesito hacer antes de irme?
La observó caminar hacia las escaleras con la taza de café entre las dos manos, como una dama de honor que avanza por el pasillo con un ramo.
Mientras desaparecía de su vista paso a paso, pensó en los otros hombres que conocía y que habían enfrentado una cirugía de próstata que amenazaba con alterar sus vidas.