Solo se vive una vez Epílogo
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Epílogo

Dieciocho meses después, ya había un heredero del apellido Coulsdon-Hart: Cecily y Edward eran unos padres enormemente orgullosos y Jack era, claramente, el tío favorito.

Con la presión de casarse con la «mujer adecuada» ya fuera de la ecuación, y tras una charla muy franca con sus padres que, para sorpresa de Jack, resultó ser emotiva —en la que salieron a la luz todos los sentimientos acumulados durante años—, se produjo una limpieza del ambiente y, por fin, una brisa nueva recorrió la casa familiar.

Jack había aceptado que, cuando llegara el momento, asumiría el título, pero que Edward y Cecily se quedarían con la residencia familiar y él seguiría viviendo en su propio hogar conyugal, la casa de Meadow Blossom.

Aunque al principio habíamos pensado en una boda pequeña, cuando Jack me pidió matrimonio el día que cumplí cuarenta años, con un anillo de una belleza impresionante a juego con el collar que me había regalado para el estreno, los planes fueron creciendo.

Para nuestra sorpresa, los dos los acogimos con entusiasmo; al fin aceptábamos que, después de años de escondernos cada uno a nuestra manera, queríamos celebrar nuestro amor, tan duramente conquistado, con todas las personas que quisieran formar parte de ello.

Tuve algún que otro momento de flaqueza al pensar en toda esa gente pendiente de nosotros, pero cuando llegó el momento de caminar hacia el altar, con Félix a mi lado, lo único que vi fue al hombre al que amaba esperándome, demasiado guapo, incluso, para estar de pie en la casa de Dios.

El negocio de Jack iba viento en popa, y la medalla de oro que él y Sanjid acababan de obtener en el Chelsea Flower Show no hizo más que consolidar su reputación.

Él seguía trabajando en el estudio del jardín y yo en mi despacho, pero, cuando estaba en casa, quedábamos para almorzar y luego sacábamos juntos a Clive a pasear por la tarde.

Clive seguía siendo nuestro compañero mimoso, risueño y precioso. Ahora no comprendía cómo había podido vivir sin él y sabía que no quería hacerlo. Así que decidí centrarme en lo que tenía, y lo que tenía era perfecto.