Capítulo 66
E l pitido constante del respirador al lado de la cabeza de Jake lo despertó. Al abrir los ojos, dejando entrar la cruda luz artificial, sintió una presión cálida y firme alrededor de su mano izquierda. Elizabeth.
—¡Papi! —Jake giró la cabeza para ver a Ellie y a Maisie encaramadas al otro lado de su cama. Ambas se abalanzaron sobre él y se aferraron a su cuello. Él hizo una mueca de dolor, pero no importaba. Estaba a salvo, y su familia también. Nada podía arruinar aquel momento.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Elizabeth.
—Adolorido. —Le dolían todos los huesos del cuerpo y, al incorporarse un poco en la cama, los músculos le temblaron. Se sentía muy débil. —¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
—Unas catorce horas. Te trajeron justo después de que te desmayaras, te hicieron pruebas y te mantuvieron sedado. Solo para estabilizarte.
Jake asintió. Había algo que quería preguntar, algo que quería soltar, algo de lo que quería asegurarse de que era solo un sueño y no una realidad brutal.
Pero no tuvo el valor.
—Y... —comenzó—, ¿Tyler?
—Lo siento, Jake —dijo ella apretándole la mano con más fuerza—. Los médicos han dicho que murió en el acto. No se pudo hacer nada.
Jake se quedó allí sentado en silencio y recorrió con la mirada la habitación del hospital. Estaba limpia y era estéril. Una bolsa abarrotada con ropa de Elizabeth y de las niñas estaba en el extremo derecho de la estancia. Jake miró a Ellie y a Maisie.
—¿Estás bien, papi? —preguntó Maisie.
Haciendo de tripas corazón, Jake dijo:
—Claro que sí. Nada puede herir a vuestro padre.
—Te quiero, papá.
—Yo también os quiero. A las dos. Muchísimo, ¿vale?
Elizabeth tocó la mano de Jake, distrayendo su atención de las niñas.
Jake la miró. Su expresión era solemne y tenía los ojos fijos en las sábanas.
No era capaz de mirarlo a los ojos. Jake se temió lo peor.
Sus pensamientos se dirigieron a Martha.
¿Lo sabía Elizabeth? ¿Cómo se lo iba a decir?
¿Cómo podría explicarle alguna vez lo que le había pasado?
¿Cómo le perdonaría ella? Su deber era protegerla y salvarla, y había fallado.
—Jake —dijo ella—, lo sé.
Jake no estaba seguro de qué decir.
—¿Cómo te has enterado?
—Me lo ha contado Mamadou. Cuando te trajeron, me sentó y me explicó lo que había pasado. No quería que me lo contaras tú, dijo que habría sido demasiado difícil para ti. Me llevaron a ver el cuerpo y me pidieron que la identificara.
Elizabeth se interrumpió. Se le humedecieron los ojos y, al parpadear, las lágrimas le rodaron por las mejillas. Sin decir nada, Jake la atrajo hacia su pecho, ignoró el dolor y la abrazó. No dijeron nada. No hacía falta. A veces el silencio era el mejor tratamiento.
Un minuto después, Jake se apartó y la miró a los ojos.
—Liz, lo siento tanto... —Estaba desconsolado, y solo podía imaginar cómo se sentía ella.
Ella le tocó el muslo.
—Está bien, Jake. Lo solucionaremos cuando te hayas recuperado y salgas de aquí. Todavía lo estoy procesando todo.
Ellie saltó de la silla que había junto a él, corrió detrás de Elizabeth, rebuscó en otra bolsa y sacó un cuaderno.
—¡Papi, mira mis dibujos para colorear! —dijo con mucha emoción.
Jake admiraba la inocencia de los niños en situaciones como aquella.
Sin importar la ocasión, siempre conseguían que se sintiera mejor y que olvidara todos los problemas del mundo.
En aquel momento, ellas eran el mundo —eran su mundo— y eso era lo único que importaba.
—Enséñame lo que has estado haciendo. ¿Lo has hecho mientras papi dormía?
—¡Lo he hecho en el colegio! —Ellie abrió el cuaderno. De él sacó una imagen con una hilera de árboles y un ciervo en medio.
—Es maravilloso, Wellie. Estoy orgulloso de ti. ¿Te ha puesto la señora Washington una estrella dorada por esto?
—Desde luego que sí, ¿verdad, Ellie? —dijo Elizabeth, acariciando el pelo de su hija.
—Sí.
—Has hecho un trabajo fantástico —dijo Jake y le besó la frente. Miró hacia Maisie y vio que estaba haciendo pucheros—. ¿Cómo ha ido el colegio, Maisie? ¿Tú y tu novio habéis tenido un buen día?
En el rostro de Maisie apareció una expresión de horror.
—¡No tengo novio!
—No pasa nada. Sé que lo tienes. Pero está bien, no me importa. Aunque me gustaría conocerlo algún día, para asegurarme de que es lo bastante bueno para mi niñita —dijo Jake, y él y Elizabeth se rieron juntos. Cada respiración le dolía, pero continuó a pesar de todo.
—¡Tengo casi diez años! ¡Ya no soy una niña, papá!
—Sí lo eres, y siempre lo serás. No lo olvides nunca.
Besó a Maisie en la frente. Luego, sintiéndose lo bastante fuerte como para resistir sus espasmos, les hizo cosquillas a las niñas.
Ellas se retorcieron bajo sus brazos y él las estrechó contra su pecho y volvió a reírse.
Aquel momento perfecto de felicidad y familia, en el que casi había olvidado todo lo ocurrido en las últimas veinticuatro horas, se vio interrumpido por un golpe en la puerta.
Jake les pidió que pasaran.
—Buenos días, colega —dijo Mamadou, entrando por la puerta—. Siento interrumpir de esta forma, Elizabeth, pero me preguntaba si podría hablar un momento con tu marido, por favor.
—Vamos, vosotras dos —les dijo Elizabeth a las niñas mientras se levantaba y cogía a Ellie en brazos—.
Podréis pasar todo el tiempo que queráis con él más tarde, pero ahora papi tiene que hacer cosas de mayores.
—Al salir de la habitación, Elizabeth le dijo a Mamadou—: Más vale que no vuelva peor de lo que está ahora, o tendrás que vértelas conmigo.
—Lo prometo —dijo Mamadou, cerrando la puerta tras ella.
Mamadou se acercó al lado de Jake, con una expresión que lo hacía parecer como si el día anterior lo hubiera envejecido considerablemente.
—¿Cómo te sientes?
—Hecho polvo —dijo Jake—. ¿Y tú?
—Sí, estoy bien, tío. Lidiando con el caos absoluto ahora mismo.
—¿Qué dice todo el mundo?
—Oh, ya sabes. Lo de siempre: que esperamos demasiado para hacer algo al respecto, el peor ataque terrorista desde el 7- J, toda esa mierda —dijo Mamadou, sonriendo—.
Nuestra peor pesadilla, ¿no? Aunque a ti te están pintando como una especie de héroe.
¡No sé qué están fumando, pero yo quiero un poco!
Jake no pudo evitar reírse. Había algo en aquel momento que los hacía parecer algo más que amigos. Eran familia. La división entre empleador y empleado había desaparecido, y eso le recordó a Tyler.
—¿Y qué hay de Tyler? —continuó Jake.
—¿A qué te refieres?
—Tyler es el verdadero héroe, murió protegiéndome, si no hubiera sido por... Matthews —dijo Jake y se sintió tensarse de ira ante la mención del nombre de Luke.
—No te preocupes por él, Frances se está encargando. Habrá una investigación sobre la muerte de Adil Hakim. Debatirán si el uso de fuerza letal fue razonable, pero tendremos que esperar y ver. Calculo que estará de patitas en la calle en unos días.
Jake hizo una pausa.
—¿Qué pasó después de que me desmayara?
—Para cuando habías perdido el conocimiento, toda la zona había sido evacuada.
Los pasajeros atrapados que no habían resultado heridos volvieron a casa o al aeropuerto y rezaron para conseguir otro vuelo.
Enviamos un equipo de búsqueda para Moshat, pero fue inútil.
Ya se había ido hacía tiempo. Creemos que se coló en un camión en una de las fábricas de la zona.
En fin, después de que el equipo de búsqueda volviera con las manos vacías, los servicios de emergencia os trajeron a ti y a Ty al hospital —explicó Mamadou.
—¿Y qué hay del Gatwick Express? ¿Alguna víctima mortal?
—No. Una persona se cayó a la vía mientras la evacuaban.
Acabó torciéndose el tobillo. Nada demasiado grave.
Varios pasajeros habían resultado heridos antes durante el día mientras estaban a bordo de los trenes, pero yo no pensaría demasiado en ello.
Necesitas descansar, pero antes de que lo hagas, hay algo más que necesito comentar contigo.
—Mamadou metió la mano en el bolsillo de su americana y sacó una carta—.
Tu reciente ascenso. Ya han llegado los resultados.
Y también hay otra pequeña sorpresa ahí dentro.
Dejaré que tú y Elizabeth lo habléis. Tómate tu tiempo para responder. Recursos Humanos conoce tu situación.
Jake cogió la carta de manos de Mamadou. Vio los escudos del MI5 y de la Policía Metropolitana en ella y se la puso en el regazo. La carta le pesaba en las manos. Un peso agravado por la carga que ahora se posaría sobre los hombros de Jake. Mamadou se levantó de su asiento.
—Oh, casi se me olvida: también hay alguien más aquí para verte. Y necesito que presentes un informe en cuanto te sientas mentalmente capaz. Ya sabes, cosas de la policía y todo eso. Lo pospondré tanto como sea posible, pero ya sabes cómo funciona.
—Gracias, jefe —dijo Jake y vio a Mamadou caminar hacia la puerta—. ¿Mam? —Su jefe se dio la vuelta—. ¿Tu madre?
A Mamadou se le llenaron los ojos de lágrimas y negó con la cabeza. No podía hablar.
—Cuánto lo siento. Avísame cuando sea el funeral, por favor.
Mamadou asintió y se fue. Fue sustituido por Lucy, que entró en la habitación con una sonrisa radiante.
—¡Estás despierto! —exclamó. Parecía débil y cansada, cosa que Jake supuso que era normal teniendo en cuenta los catastróficos eventos de los que había sido testigo—. ¿Cómo vas, campeón?
—Mejor que nunca —dijo Jake—. ¿Cómo estás tú?
—Agotada, pero al menos en el trabajo me han dado los próximos días libres para recuperarme.
—Eso está bien —dijo Jake—. Pero, ¿cómo estás tú ?
—Ya te lo he dicho, estoy bien.
—Sí, pero por lo que has pasado es terriblemente traumático.
Has visto cosas explotar, te han secuestrado, casi mueres un par de veces y has visto a alguien recibir un disparo.
Ese tipo de cosas trastocan a cualquiera.
No puedes ser la misma después. Quería asegurarme de que estuvieras bien —dijo Jake suavemente.
—Estaré bien.
—Y si algo va mal, por favor, ven a decírmelo.
Lucy vaciló, apretó los labios y miró al suelo como si estuviera a punto de decir algo.
—¿Qué pasa? —preguntó Jake.
Ella lo miró, le sostuvo la mirada un instante y luego dijo:
—Nada. Pero ¿sabes qué? ¿Recuerdas cuando te dije que quería trabajar como oficial de policía?
—Jake asintió—. Bueno, pues ha pasado lo siguiente mejor.
Scotland Yard me ha ofrecido un puesto en el equipo jurídico.
Solo tengo que ir a una entrevista y dar mi mes de preaviso, y entonces estaré lista para empezar. Pronto me verás por la oficina.
—¡Oh, Lucy! Es una noticia fantástica. Me alegro muchísimo por ti.
Lucy se inclinó sobre Jake y lo abrazó justo cuando Elizabeth volvía a entrar en la habitación. Lucy lo soltó.
—¿Todo bien por aquí? He visto salir a Mamadou y he pensado que estabas solo —dijo Elizabeth.
—Solo me estaba despidiendo —dijo Lucy, levantándose de un salto y saliendo de la habitación. Antes de irse, se detuvo y miró a Jake—: Nos vemos pronto, ¿vale?
—Vale. —Jake se despidió con la mano.
Elizabeth cerró la puerta tras ella, se acercó y se sentó en la cama de Jake junto a él. Agarrándole de la mano, le preguntó:
—No he interrumpido nada, ¿verdad?
Jake sonrió.
—Te lo explicaré todo más tarde.
—Confío en ti, no te preocupes. —Se inclinó hacia delante y lo besó. Sintió sus labios agradables contra los suyos, y quiso que el momento durara tanto como su belleza. Pero ella se apartó de él y dijo: Aunque espero de verdad que no pase nada entre ella y tú, porque tengo noticias para ti.
—¿Qué noticia? —preguntó Jake.
—Estoy embarazada, Jake.
Jake se quedó patidifuso. No sabía qué decir. Se sintió embargado por la emoción y la euforia.
—Pero ¿cómo? —preguntó, abrazándola con fuerza.
Los médicos les habían asegurado que no podrían tener más hijos después de Ellie; e incluso entonces, su nacimiento fue un fenómeno médico.
Una vez les habían dicho a Jake y a Elizabeth que, debido a complicaciones en los cuerpos de ambos, no podrían tener ningún hijo, y que era mejor que buscaran alternativas.
Desde entonces habían tenido dos, y un tercero estaba en camino.
—Otro pequeño milagro, supongo. —Ella volvió a besarlo.
Se abrazaron durante los siguientes minutos y, mientras Elizabeth apoyaba la cabeza en el cuello de Jake, sus ojos encontraron el sobre en su regazo. Lo cogió.
—¿Qué es esto?
—Nada. Lo abriré más tarde. No es importante. Ahora mismo, quiero pasar tiempo contigo y con las niñas.
Elizabeth llamó a Ellie y a Maisie, y casi al instante, irrumpieron por la puerta.
Cuando se unieron al lado de Jake y Elizabeth, Jake le susurró algo a Elizabeth y ella asintió.
Les dieron la noticia del embarazo a sus hijas.
En aquel momento, Jake se olvidó por completo de su jornada y se centró en lo único que más le importaba en su vida: su familia.
Y esa noche, cuando le dieron el alta en el hospital, durmió plácidamente, pensando en su futuro hijo.
En el mundo existían cosas como los milagros.
Solo esperaba que hubiera uno que pudiera traer de vuelta a Tyler.