Sin Salida (DC Jake Tanner 16) Capítulo 58
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Capítulo 58

H abían pasado unos minutos desde que Jake y Tyler dejaron a Lucy con la hercúlea tarea de controlar las pantallas de ordenador que tenía delante.

Ahora estaba al teléfono con Theodor Rosenberg, un hombre al que no había visto nunca, pero al que sentía conocer desde hacía mucho tiempo.

En cierto modo, le recordaba a su padre: entrañable en todos los sentidos.

En el poco tiempo que llevaban hablando, Theodor se había presentado como un experto ferroviario y le había explicado sus credenciales.

Después de que le contara aquello, Lucy se sintió mucho más tranquila.

Mientras estaba allí sentada, con la vista fija en las pantallas esperando la luz verde para enviar los mensajes cuando llegara el momento oportuno, observaba las imágenes de las cámaras de seguridad que mostraban a los agentes de la Unidad de Especialistas en Armas de Fuego avanzando hacia el Gatwick Express y evacuando el tren.

Todo el proceso se llevó a cabo en menos de cinco minutos.

Los agentes habían colocado pequeñas cargas en las puertas y las habían detonado, produciendo una explosión controlada que permitió que los pasajeros salieran de los vagones en tropel, como el agua que se escapa de un cubo agrietado.

Una vez que la misión se consideró un éxito, pasó a la otra señal de vídeo centrada en el Heathrow Express.

Utilizando su intuición, escaneó las imágenes en busca de Moshat.

Mamadou le había enseñado una foto de él cuando ella se la pidió.

Le había dicho que sería importante localizar dónde estaba sentado para poder transmitir la información al equipo que estaba sobre el terreno.

Unos segundos después, encontró la imagen estática de Moshat sentado en la esquina del cuarto vagón del tren.

Lucy sintió que una rabia inexplicable crecía en su interior al verlo allí sentado, mirando por la ventana como si no pasara nada en el mundo.

¿Qué es eso que tiene al lado? , se preguntó.

Al darse cuenta, hizo zoom y vio a un niño pequeño atrapado entre sus brazos. Dios mío.

—¿Estás lista para enviar primero los mensajes de texto? —preguntó Mamadou, devolviendo su atención al piso.

—Sí, creo que sí. —Volvió a mirar al ordenador como buscando seguridad.

—No estés nerviosa, ¿vale? —le dijo él. Mamadou le estaba empezando a caer bien. Pensaba que su naturaleza bruta y agresiva era solo una fachada y que, en el fondo, en algún lugar, era dulce e inocente.

—Lo intentaré.

Mamadou le sonrió.

—Estamos listos cuando tú lo estés, Lucy. Envía los mensajes.

Lucy asintió hacia Mamadou y giró sobre la silla.

Revisó los mensajes que había redactado en ausencia de Jake, cerciorándose por completo de que reflejaban el vocabulario y la sintaxis similares a los mensajes anteriores de Adil Hakim.

Ese pobre hombre , pensó. La historia de Adil la había horrorizado y sentía lástima por su muerte.

Sus sentimientos hacia Moshat, sin embargo, estaban en total contraposición.

Él merecía morir mucho más que Adil. Pero no quería que nadie más corriera la misma suerte.

Lucy pulsó enviar.

Mientras veía cómo los mensajes desaparecían en la atmósfera y en el espacio, se concentró en las imágenes de las cámaras de seguridad, prestando especial atención a la reacción de Moshat.

Había escalonado los mensajes para que Moshat recibiera el suyo primero, y luego todos los demás a bordo recibieran los suyos después, para que pareciera que el hermano menor era la prioridad.

Lucy vio cómo Moshat echaba mano de su bolsillo y posaba la pistola sobre la mesa frente a él.

Lucy se fijó en el hombre sentado frente a Moshat y, en silencio, le instó a actuar, a quitarle el arma y pegarle un tiro en la cabeza, pero habría sido una maniobra muy insensata.

Los demás pasajeros parecían estar recibiendo sus mensajes en ese momento.

Mientras Moshat leía el texto, su expresión cambió.

Frunció el ceño y se inclinó hacia delante, apoyando los codos en la mesa y ocultando el arma.

Lucy notaba que algo iba mal, pero no sabía exactamente qué.

¿Se lo había creído? ¿Le habían sorprendido sus nuevas instrucciones?

¿O simplemente iba a volarlo todo por los aires de todos modos?

A Lucy no le gustaba pensar en ello, pero antes de que pudiera preocuparse más, oyó una voz que la llamaba por su nombre.

Era Theodor por el manos libres.

—¡Theo! ¡Oh, Dios mío, casi me das un infarto!

—Relájate, Lucy. Todo va bien, puedes hacerlo —dijo Theo. Su intento de elevar la moral de Lucy fue valiente pero ineficaz. Aun así, le reconoció el mérito de intentarlo—. ¿Tienes imagen del Heathrow Express?

—Sí —dijo ella—. Puedo ver el interior y el exterior.

—¿Qué está pasando?

—Nada —mintió ella.

—¿Qué hay de Martha, la suegra del detective Tanner? Se supone que está en el Heathrow Express.

Lucy dudó antes de responder. Un nudo se le formó en la garganta. —Está muerta, Theodor. Está muerta. Lo siento, pero necesitaba decírselo a alguien.

Antes, mientras Jake y Mamadou discutían algo en un rincón de la sala, Lucy se las había ingeniado para acceder a las cámaras de seguridad de a bordo.

La primera imagen que apareció en pantalla fue el cadáver de Martha descansando en el suelo.

No se había hecho ningún intento por cubrirla con un abrigo, un jersey ni nada. Le daban ganas de vomitar.

—No sabía si decírselo a él. No sabía cómo reaccionaría —dijo ella, con el nudo de la garganta creciendo.

—Has hecho lo correcto, Lucy. Eso lo habría enfurecido y habría nublado su juicio. Ahora depende de ti si quieres decírselo cuando todo esto termine o dejar que quede entre nosotros dos —dijo Theo. Cuando Lucy no respondió, él continuó—: ¿Se ha cargado el panel de control ante ti?

Ella abrió la ventana en la pantalla principal. —Está todo ahí.

—Bien. Ahora, hagamos una pequeña prueba, solo para asegurarnos de que sabes lo que haces. Y si tienes preguntas o te surge algún problema ahora, es mejor que lo resolvamos antes de hacerlo de verdad. ¿Entendido?

—Entendido.

—Genial. Quiero que localices el dial circular en la parte izquierda del panel, el que tiene el dibujito de un ventilador; ya sabes, como en los coches. Ahora, una vez que lo hayas encontrado, quiero que lo bajes hasta el mínimo posible.

Lucy localizó el control con facilidad e hizo lo que le pedía. Le notificó que había terminado y que la temperatura de a bordo había bajado.

—¿Y ahora qué? —preguntó ella.

—Ahora tenemos que desbloquear las puertas para que puedan abrirse al pulsarlas. Pero no te preocupes, solo desactivará el cierre, no las abrirá de verdad.

Theo guio a Lucy hacia un pequeño botón circular en el cuadrante inferior izquierdo de la pantalla que tenía debajo el dibujo de una puerta.

Lucy pulsó el botón y sintió que el corazón le daba un vuelco al hacerlo.

Aquella era la parte del proceso que más temía; si las puertas se abrían automáticamente al pulsar el botón, Moshat sabría que algo extraño ocurría. Y entonces volaría el tren sin dudarlo.

—Ya está hecho —dijo ella.

—Excelente. Buen trabajo, Lucy. Puedes estar orgullosa.

Las palabras de Theodor ayudaron, y Lucy se lo agradeció justo cuando Mamadou se acercó a ella.

Le puso la mano en el hombro y dijo: —Gracias por todo lo que has hecho, Lucy, pero es hora de irse.

Hay un vehículo policial preparado y esperando para llevarte de vuelta a New Scotland Yard, donde te tomarán declaración.

No te preocupes, no has hecho nada malo.

Es solo puro protocolo. Te llevaré al coche ahora mismo.

—¿Y qué hay de ti? ¿Y de Jake? ¿Y de Tyler?

—Yo voy para allá ahora. Hay otro helicóptero esperándome. Te informaremos en cuanto sepamos algo. Estoy seguro de que Theodor o cualquier otra persona de la oficina estará encantada de atenderte.

Mamadou sonrió, la ayudó a levantarse de la silla y la acompañó fuera del edificio.

Ella hizo una mueca al pasar por encima del cuerpo inerte de Adil, desplomado contra la pared, y sintió que la bilis le subía del estómago a la garganta.

Tragó saliva, pero aquellas imágenes permanecerían en su mente para siempre.

Mientras salía del edificio y subía al coche patrulla, no pudo evitar pensar en lo mucho que había disfrutado con todo aquello, y en qué idiota había sido por negarse alguna vez a perseguir sus objetivos de ser policía.