Capítulo 24
CAPÍTULO VEINTICUATRO
El lunes, parecía que la semana no terminaría nunca.
Cuando Rachel se arrastró fuera de la cama y miró su reflejo pálido y demacrado en el espejo, de verdad esperaba que todo lo que había pasado durante el fin de semana solo hubiera sido un mal sueño.
Pero sabía, mientras se duchaba y se preparaba para el trabajo, que no lo era.
Había un temporizador invisible pendiendo sobre su cabeza, con la cuenta atrás hacia el final de la semana.
Forzó la conversación con Andy al fondo de la mente y se volcó en el trabajo. Fue otra semana ajetreada, lo que significó otra semana de agotadoras horas extra hasta que sentía que estaba a punto de quedarse dormida de pie. Pero había un punto luminoso.
Alice.
Una vez que el estado de Alice estuvo del todo estabilizado, sus cuidados se trasladaron a pediatría.
No hacía falta que tuviera una especialista en traumatología.
Pero eso no impedía que Rachel se pasara a ver cómo estaba.
Al asomar la cabeza a la habitación de la niña, le encantó ver a Alice sentada en la cama, charlando con su madre.
—¡Hola, peque! —Rachel abrió la puerta y entró con una sonrisa—. ¿Te… acuerdas de mí?
—¡Eres la médica que vino a los establos! —Alice asintió rápidamente, dedicándole una sonrisa dientona a Rachel—. ¡Hola!
—Hola. —Se rio entre dientes—. ¿Cómo te encuentras?
—En realidad le dan el alta hoy, solo esperamos a que salgan los papeles. —La madre de Alice sonrió a su hija y alargó la mano para apartarle el pelo rubio de la cara con cariño—. Se recuperará del todo y volverá a la normalidad en un par de semanas.
—¿En serio? ¡Es una noticia estupenda!
—Gracias. Al principio estaba muy preocupada, con todo… —Su madre aspiró hondo de forma temblorosa, y negó con la cabeza para frenarse antes de decir demasiado—. Me alegro de que vuelva a casa.
—Bueno, Alice, buena suerte. Con suerte no te veremos de vuelta por aquí demasiado pronto, ¿vale?
—Rachel sonrió, antes de disculparse y escabullirse de nuevo al pasillo para sacar el móvil.
Sabía que había alguien más que querría saber de la recuperación de Alice, aunque no se estuvieran hablando en ese momento.
Oye. A Alice le dan el alta hoy. Pensé que querrías saberlo. Se recuperará del todo. Final feliz.
Rachel envió el mensaje y guardó el móvil. Tenía gracia; fue el día del accidente de Alice cuando Rachel había empezado a ver por primera vez un lado distinto de Andy, el lado de ella que había empezado a… el lado de ella del que se había enamorado. Estoy enamorada de ella.
No se sintió como una revelación impactante que saliera de la nada, y pillara a Rachel completamente por sorpresa. De hecho, se sintió curiosamente normal pensar eso, como si siempre lo hubiera sabido pero no hubiera hecho nada al respecto. Las palabras sencillamente encajaban.
—Soy idiota —gimió, sacando el móvil.
¿Qué tal una cena en mi casa el sábado a las 7? Para nuestra charla.
Envió el mensaje y volvió a meterse el móvil en el bolsillo, sonriendo para sí. Estaba enamorada de Andy. Al final de la semana, se lo diría, cara a cara.