Secuestrada (Serie Convictos 1) 23 Epílogo
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23 Epílogo

LILA

Un año después…

Ash está sentado a la orilla del río con su caña de pescar, contemplando el agua resplandeciente mientras los rayos del sol la iluminan. Parece casi angelical. Aunque posiblemente sea lo menos parecido a un ángel que existe en esta tierra.

Es un demonio. Una bestia. Un monstruo.

Pero lo amo a pesar de todo.

Nos hemos adaptado con naturalidad a nuestra vida aquí, y he notado un cambio en Ash.

Su ira parece disiparse cuando está rodeado de la paz y la tranquilidad de Alaska.

Incluso he conseguido que deje de fumar, casi del todo.

A veces, al volver del pueblo, me lo encuentro con un cigarrillo entre los labios.

Dice que es la única forma de mantenerse cuerdo cuando estoy tan lejos de él.

A pesar de lo remoto de nuestro refugio en Alaska, he conseguido hacerme un hueco digital con mi blog, que ha prosperado.

El único inconveniente es la conexión a internet, que va y viene, lo que me obliga a conducir treinta minutos hasta el pueblo más cercano cada vez que necesito subir contenido nuevo.

Pero el trayecto, a menudo acompañado del aire fresco y los paisajes de naturaleza salvaje, se ha convertido en un ritual que disfruto, un pequeño precio a pagar por la tranquilidad que alimenta mi escritura.

Por no hablar de que he hecho algunas amigas de mi edad en el pueblo.

A Ash, sin embargo, le gusta mantenerse alejado de la gente.

Rara vez me acompaña. Teme que relacionarse con el resto de la sociedad pueda poner en riesgo todo aquello de lo que huye.

Cree que no ha superado sus problemas de control de impulsos y que una discusión con alguien podría hacerlo estallar y volver a matar. Yo no estoy tan segura.

Sé que está desquiciado y roza lo psicótico, y me he preguntado cómo puedo amar a un hombre como él, un hombre tan salvaje y violento, pero simplemente funciona. Me encaja como un guante, y no lo cambiaría por nada del mundo, por muy poco convencional que fuera nuestro encuentro.

Mis padres apoyaron la mudanza y, por lo visto, Brian se volvió loco cuando se enteró. Mi padre fue a recoger todas mis cosas de nuestro apartamento y casi se pelea con él. Pero me da igual. Me alegro de haberme librado de él por fin.

Vendrán a visitarnos en algún momento, pero sé que están ocupados.

—¡Ash! —lo llamo, y él se gira, me mira y sonríe.

—¡Hola, luz de estrellas! ¿Qué tal el pueblo?

Me acerco a él con la caja de donuts que compré en la panadería del pueblo.

Le doy un donut y él gime de placer.

—Joder, cariño. Sabes cómo mimarme, ¿eh?

—Solo es un donut.

Le da un mordisco y gime.

—Casi tan dulce como tú —murmura, con esa mirada oscura y seductora bailándole en los ojos. Ya sé lo que está pensando, y entonces me fijo en cómo sus pantalones de chándal grises se ciñen a su enorme erección. Se me encoge el estómago y un calor me prende de inmediato entre los muslos.

Hago como que no me doy cuenta y me aclaro la garganta.

—¿Has pescado mucho?

Sonríe con suficiencia y señala con la cabeza la red cercana, llena de truchas. El lago de nuestro chalet se alimenta de un arroyo, lo que nos proporciona comida gratis, sobre todo en verano.

—Sí, esta noche cenamos seguro.

Me río.

—He comprado filetes, que voy a cocinar yo, pero la trucha aguantará.

Arquea una ceja.

—¿Tirando la casa por la ventana con filetes?

—Sabes que el blog va bien, así que ¿por qué no? Me apetecía.

Me agarra por las caderas y me sienta en su regazo con un gemido.

—Vale, pero primero tengo cosas más importantes que atender.

—¿Como qué?

—Ya sabes, mi juego favorito.

Me muerdo el labio. Le encanta perseguirme por el bosque. Se ha convertido en uno de nuestros juegos de rol favoritos. Yo soy la presa, él el cazador.

—¿Tienes máscara? —pregunto.

Saca nuestra nueva máscara favorita de Ghostface.

—Por supuesto —me guiña un ojo—. Siempre voy preparado.

—Vale, juguemos.

Sonríe con suficiencia, me baja de su regazo y se pone de pie.

Respiro hondo, con el corazón acelerado, mientras miro a Ash. Está ahí de pie, con la mirada penetrante clavada en mí. Se le marcan los músculos cuando flexiona los brazos, y no puedo evitar que un escalofrío me recorra la espalda.

—Vale —gruñe—. Corre, luz de estrellas.

El corazón me late con fuerza mientras me doy la vuelta y echo a correr hacia los árboles.

—Diez, nueve, ocho… —lo oigo contar, pero cuanto más rápido corro, más lejana suena su voz.

Los árboles pasan zumbando a mi lado mientras corro todo lo rápido que puedo, con las piernas moviéndose frenéticamente. Oigo a Ash gritar más fuerte esta vez.

—¡Corre, luz de estrellas, que nadie puede escapar de la oscuridad!

Suelto un gritito y acelero el paso. Al cabo de unos minutos, estoy sin aliento y jadeando, así que me detengo junto a un árbol para recuperar fuerzas.

No me concedo más de veinte segundos antes de seguir adelante. Pero oigo a Ash moverse ruidosamente por el bosque, rastreándome como el depredador nato que es.

Al rodear una curva del sendero, veo un pequeño arroyo más adelante. Es estrecho y de corriente rápida, con rocas en el fondo.

Acelero el paso, decidida a no dejar que me alcance. Pero aparece de la nada justo cuando creo que podría cruzar el arroyo sin que me vea. Me agarra del brazo y tira de mí con todas sus fuerzas. Pierdo el equilibrio y, antes de darme cuenta, los dos caemos al suelo.

Jadeo intentando respirar mientras el peso de Ash me aplasta contra el suelo. Me agarra los brazos con fuerza, inmovilizándome mientras se inclina sobre mí. Tiene los ojos oscuros e intensos, y siento su aliento caliente contra mi cara.

—Eres mía —gruñe en mi oído—. Ahora me perteneces.

Sus palabras me provocan un escalofrío y noto cómo me humedezco al saber lo brusco que se pone cuando jugamos a este juego.

—Voy a follarte tan fuerte —continúa— que no podrás caminar durante días.

Sus palabras me provocan otro escalofrío y mis pezones se endurecen. Siempre ha sido muy dominante conmigo, y me encanta.

—Por favor —le suplico—, no hagas esto.

Pero él solo se ríe de mí y aprieta aún más mis brazos mientras se pega con más fuerza contra mí. Su polla es enorme y dura, marcándose a través de la tela de sus pantalones. Siento cada centímetro de él contra mí.

Y entonces mete la mano entre nosotros y se baja los pantalones de chándal, sacando su enorme polla. Con la otra mano, me sube bruscamente la falda hasta la cintura y gruñe.

—Qué putita tan sucia, sin llevar bragas —gruñe, con las fosas nasales dilatadas—. ¿Fuiste al pueblo así?

Ladeo la cabeza y me encojo de hombros.

—Hace calor. Me gusta la sensación de ir sin nada.

—Bueno, al menos me lo has puesto más fácil.

Se hunde en mí con fuerza, desgarrándome el coño, y gimo.

Es tan grande y brusco, y qué bien se siente. Noto cada centímetro de él estirándome, mojándome más que nunca.

—Te gusta esto, ¿verdad? —gruñe en mi oído—. Te gusta que te follen duro y sin miramientos.

Asiento, incapaz de hablar, mientras sigue embistiéndome. Mi cuerpo arde, cada terminación nerviosa vibrando de placer. Noto que me acerco cada vez más al borde, pero no quiero que termine. Todavía no.

—Dime que eres mía —exige, con voz áspera y grave.

—Soy tuya —susurro, mirándolo con ojos suplicantes.

Gruñe y me levanta, aplastándome contra un árbol cercano. Mi espalda se arquea mientras sigue embistiéndome, sus caderas golpeando contra mi trasero. Es tan sucio y está tan mal, pero qué bien se siente.

—Eres una putita tan sucia —jadea, su aliento caliente contra mi cuello—. Voy a hacerte gritar pidiendo más.

Y entonces desliza la mano y empieza a acariciarme el clítoris, y ondas de placer me recorren el cuerpo. Grito, con las piernas temblando mientras me agarro a sus hombros para sostenerme.

—Eso es, nena —murmura con los labios rozándome el oído—. Déjate llevar, deja que te lleve donde necesitas.

No puedo contenerme más. El orgasmo me golpea como una ola y me deja temblando y jadeando. Ash me sigue, gruñendo mientras explota dentro de mí.

Por un momento nos quedamos así, él de pie y yo presionada contra el árbol, jadeando con fuerza. Entonces sale de mí y me baja al suelo, dejándome vacía y con ganas de más.

—Eres un provocador. Necesito más —digo haciendo un puchero.

Se ríe y me estrecha entre sus brazos, besándome con suavidad.

—Me encanta lo insaciable que eres —murmura—. Solo consigue que te desee más. Aunque esta vez no lo hiciste muy bien de víctima, luz de estrellas. ¿Qué pasó?

Me muerdo el labio y me encojo de hombros.

—A veces es difícil cuando estoy tan excitada.

Se ríe.

—Pero me encanta cuando gritas que no —me susurra al oído.

Le doy un golpecito juguetón.

—Eres un hombre muy malo —susurro.

Sonríe con suficiencia y me acerca más, mordisqueándome la oreja.

—Y eso te encanta de mí, ¿verdad?

Asiento, incapaz de negar la verdad de sus palabras. Por mucho que me cueste admitirlo, hay algo en su forma de tratarme que me excita. Es peligroso y emocionante, y no me canso.

—Vamos —dice, poniéndome de pie—. Volvamos al chalet. Tengo planes para ti.

Me estremezco de anticipación y dejo que me guíe de vuelta a nuestro chalet. Sé que lo que tenga preparado para mí va a ser salvaje y apasionado. Y no puedo esperar.

Ash y yo caminamos de vuelta al chalet cogidos de la mano. El sol se está poniendo y proyecta largas sombras sobre el camino. El aire es fresco y limpio, y huelo el aroma de las agujas de pino.

Llegamos al chalet y Ash abre la puerta para dejarme pasar. Entro y enseguida siento el calor del fuego que crepita en la chimenea.

—He preparado algo especial, así que el filete tendrá que esperar hasta mañana —dice Ash mientras me lleva a la cocina.

Veo una mesa puesta para dos, con velas que parpadean en el centro. Va al horno y saca un pollo asado, puré de patatas y verduras, y los coloca sobre la mesa.

—Vaya, Ash —digo impresionada—. Tiene una pinta increíble.

—Quería hacer algo especial para ti —dice mientras me retira la silla—. Te lo mereces después de todo lo que has trabajado en el pueblo.

Sonrío y me siento. Ash se sienta frente a mí y empezamos a comer.

—Bueno, ¿qué tal te ha ido hoy? —pregunta.

—Terminé y envié la entrada del blog en la que llevaba trabajando —me encojo de hombros—. Ya veremos qué tal va.

—Me alegro mucho de que hagas algo que te apasiona —dice cuando termino—. Tienes mucho talento, luz de estrellas. Mereces todo el éxito del mundo.

Me sonrojo y bajo la mirada al plato.

—Gracias —murmuro.

Seguimos comiendo y la conversación fluye con facilidad. Ash me cuenta cómo ha pasado el día cortando leña para el invierno y pescando. Hablamos de nuestros planes de futuro, de nuestros sueños y aspiraciones. Nunca me había sentido tan esperanzada con el futuro hasta que conocí a este hombre.

Después de comer, Ash recoge la mesa y trae dos copas de vino. Me da una y nos sentamos en el sofá junto al fuego.

Bebemos el vino y seguimos charlando de cualquier cosa. Simplemente disfrutamos de estar juntos.

Al final, Ash me toma la mano y me mira a los ojos.

—Lila —dice con voz baja y ronca—, tengo que preguntarte algo.

El corazón se me acelera.

—¿Qué pasa?

Se arrodilla ante mí y siento que todo me da vueltas. Entonces saca un precioso anillo de compromiso antiguo con un enorme zafiro en el centro.

—¿Quieres casarte conmigo?

Lo miro un instante, atónita. Se me llenan los ojos de lágrimas.

—Sí —digo con voz temblorosa—. Sí, Ash, me casaré contigo.

Sonríe y me desliza el anillo por el dedo antes de estrecharme entre sus brazos. Siento su corazón latir contra mi pecho.

—Te quiero tanto —susurra—. No me imagino la vida sin ti.

—Yo también te quiero —digo—. Más que a nada en el mundo.

Nos besamos, y es un beso lleno de amor y pasión. Siento que me derrito entre sus brazos. Cuando por fin nos separamos, Ash apoya la frente contra la mía.

—Prometo quererte para siempre —dice—. Prometo protegerte y hacerte feliz.

Le creo. Sé que lo hará.

Nos quedamos así un buen rato, abrazados, disfrutando del momento. Me siento la mujer más afortunada del mundo.

He encontrado a mi alma gemela de la forma más jodida y poco convencional. Y sé que pasaré el resto de mi vida con él. Cuesta creer que algo tan hermoso haya florecido de una de las experiencias más oscuras de mi vida.

Estoy deseando empezar nuestra nueva vida juntos.

Cuesta creer que ha pasado más de un año desde que Ash, un peligroso fugitivo, me secuestró en la cuneta, y entrelazó para siempre nuestras vidas en una retorcida danza de miedo, deseo y, finalmente, amor.

Juntos, nos hemos labrado una vida en este remoto paraje de Alaska, lejos del caos y las críticas del mundo exterior. Aquí somos libres de ser nosotros mismos y explorar nuestra pasión sin miedo ni vergüenza.

Cierro los ojos y agradezco en silencio al universo por haber traído a Ash a mi vida. Sé que nuestro viaje no ha hecho más que empezar, pero estoy lista para lo que venga. Tengo a Ash a mi lado, y eso es todo lo que necesito.