Secuestrada por el hermano del don (La tentación del don nº 2) Capítulo 14
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Capítulo 14

DANTE

—Quiero los nombres de todos los hombres implicados en ese ataque —ordené mientras Lorenzo guardaba el teléfono—. Si alguien dio la orden de capturar a Sofia con vida, quiero saber quién fue y para quién demonios trabaja.

Mi primo asintió, pero antes de que pudiera responder, Sofia se acercó.

—Y yo quiero saber por qué alguien intenta secuestrarme.

La miré.

Adrian seguía sosteniéndole la mano y tenía un pequeño corte cerca del codo. Parecía agotada, pero con la mirada alerta, que iba de Lorenzo a mí mientras esperaba una explicación.

—Todavía estamos intentando averiguarlo —respondí.

—Entonces deja de hablar como si no estuviera aquí delante. Ese hombre se coló en mi evento, accedió a mis archivos y ahora hay gente disparando a los coches para llegar hasta mí. Necesito saber qué está pasando tanto como tú.

Adrian le apoyó una mano en la espalda.

—Sofia, nadie te oculta nada.

Ella se volvió hacia él.

—Bien. Entonces quiero estar presente cuando Lorenzo revise mis archivos. Conozco a mis clientes, a mis proveedores y a la gente que trabajó conmigo. Algo que a vosotros no os diga nada podría significar algo para mí.

Lorenzo asintió de inmediato.

—Tienes razón. Vamos a necesitar tu ayuda.

Sofia soltó el aire en silencio y apretó la mano de Adrian. Él le besó la frente antes de volverse hacia mí.

—Tenemos que sacarla de aquí.

Le di la razón.

Ya habíamos pasado demasiado tiempo en aquella área de servicio, y no pensaba ignorar la posibilidad de que los hombres que nos habían perseguido siguieran buscando nuestros vehículos.

Le di unas instrucciones a Nico, le pedí a Lorenzo que confirmara la ruta hasta la nueva finca y me preparé para viajar en uno de los vehículos de escolta.

Sofia se dio cuenta de que me alejaba.

—Dante, ¿no vienes con nosotros?

Me detuve junto a la puerta.

—Iré justo detrás de vosotros.

Desvió la mirada hacia mi cuello, donde el arañazo que me había hecho el cristal al romperse empezaba a escocer.

—Tienes que hacer que te miren eso.

Me toqué la piel.

—Estoy pensando en añadir una cicatriz nueva a la colección.

Sofia no sonrió.

—Lo digo en serio.

—Yo también. Una colección necesita renovarse de vez en cuando.

Puso los ojos en blanco, pero seguía con cara de preocupación.

—Por lo menos deja que alguien te lo examine cuando lleguemos.

Asentí.

—Lo prometo.

Sofia se acercó, al parecer con intención de verme la herida más de cerca, pero Adrian apareció a su lado antes de que pudiera tocarme el cuello.

—Cariño, el coche está listo.

Ella bajó la mano.

—Ya voy.

Mi hermano le rodeó la cintura con un brazo y la acompañó hasta el vehículo.

Observé a Adrian abrirle la puerta, esperar a que subiera y después mirar en mi dirección.

No había hostilidad en su expresión, pero conocía aquella mirada y no me gustaba ni un pelo.

Llegamos a la nueva finca poco después de medianoche.

La casa se alzaba en una zona boscosa, detrás de una verja discreta y rodeada de árboles lo bastante altos para impedir que nadie pudiera ver el interior desde la carretera.

Lorenzo había enviado un equipo por delante, y dos hombres nos esperaban en el garaje cuando nuestros vehículos entraron.

Adrian salió primero y le abrió la puerta a Sofia.

Estaba cansada. Se le notaba en cómo bajó del coche, apoyándose con una mano en la puerta antes de incorporarse.

Mi hermano le rodeó la cintura con un brazo.

—Vamos, cariño. Necesitas descansar.

Sofia asintió, pero se detuvo al verme salir del otro vehículo.

—Dante, no te olvides de que alguien te mire el cuello.

Sonreí.

—No lo haré.

—Eso dijiste la última vez que te hiciste daño y luego intentaste ponerte una venda tú solo en la espalda.

Lorenzo se rio a mi lado.

—Muy típico de él.

Miré a mi primo.

—Muy útil, gracias.

Sofia esbozó una sonrisa leve; Adrian, no.

Le cogió la mano y la acompañó hacia la puerta.

Pero al pasar junto a mí, aminoró el paso.

—Dante, tenemos que hablar más tarde.

Asentí.

—¿Sobre el ataque?

Mi hermano me miró directamente a los ojos.

—De algo de lo que no quiero hablar delante de ella.

Su tono no dejaba lugar a más preguntas.

Los vi entrar en la casa mientras Lorenzo permanecía a mi lado unos segundos.

—¿Sabes de qué quiere hablar?

Miré a mi primo.

—Tengo algunas sospechas.

Lorenzo siguió mi mirada hacia la puerta.

—Entonces quizá deberías quitártelo de encima cuanto antes.

No respondí.

Porque, en ese momento, habría preferido volver a enfrentarme a los hombres que habían atacado mi propiedad.

Encontré a Adrian en el despacho unos veinte minutos después.

Estaba junto a la ventana, hablando por teléfono. Cuando entré, terminó la llamada y dejó el móvil sobre el escritorio.

—¿Sofia está bien? —pregunté.

—Se está duchando. He hecho que le lleven algo de comer.

Asentí y me acerqué al escritorio.

Tenía un pequeño corte en la mano y la gasa que me había dado Lorenzo empezaba a soltarse.

Estaba intentando ajustármela cuando me di cuenta de que Adrian me observaba.

—¿Qué?

Mi hermano apoyó las dos manos en el escritorio.

—¿Estás enamorado de Sofia?

Dejé de tocarme el vendaje y alcé la vista.

Adrian no apartó la mirada.

—Te lo pregunto porque quiero oírlo de tu boca —añadió—, no porque quiera discutir por lo que ha pasado en la carretera.

Me froté la mandíbula.

—Adrian...

—Es una pregunta sencilla, Dante.

Solté el aire despacio y me alejé del escritorio.

—¿De verdad crees que este es el mejor momento para tener esta conversación?

Mi hermano soltó una risa seca.

—A mi novia la acaban de perseguir unos hombres armados, mi hermano casi muere intentando protegerla y hemos descubierto que alguien quiere secuestrarla. No tengo ni idea de cuándo se supone que vamos a encontrar un momento mejor.

Lo miré.

Adrian continuó.

—He visto cómo os mirabais cuando llegamos. He visto lo preocupada que estaba cuando se dio cuenta de que estabas herido. Y estoy intentando convencerme de que solo está agradecida por lo que has hecho esta noche.

Apreté la mandíbula.

—Está preocupada porque todos hemos resultado heridos.

—Sé reconocer la preocupación, Dante.

Mi hermano rodeó el escritorio.

—Y también sé reconocer cuándo mi novia empieza a mirar de otra manera a otro hombre.

No dije nada.

Adrian se detuvo delante de mí.

—No te estoy preguntando si la has besado. Confío en Sofia y, a pesar de todo, también confío en ti. Quiero saber qué te pasa por la cabeza.

Me pasé una mano por el pelo.

No había previsto tener aquella conversación, y mucho menos después de una noche en la que casi nos matan.

Pero Adrian estaba delante de mí y no podía mentirle mirándolo a la cara.

—Ella me importa —respondí.

Mi hermano asintió despacio.

—Hasta ahí ya había llegado.

—Me gusta hablar con Sofia. Me gusta pasar tiempo con ella. Estos últimos días nos hemos acercado mucho.

Adrian exhaló con pesadez.

—Dante, estás haciendo exactamente lo que haces cuando no quieres responder a una pregunta.

Lo miré.

Continuó sin alzar la voz.

—Me estás dando un montón de explicaciones que no me dicen lo que necesito saber.

Me quedé mirándolo.

Adrian era mi hermano pequeño.

Lo conocía desde el primer día de su vida. Había estado presente en casi todas las decisiones importantes que había tomado y sabía exactamente cómo funcionaba su mente cuando intentaba comprender algo doloroso.

Pero, en aquel momento, no encontraba ni una sola palabra que hiciera más fácil esa conversación.

Mi hermano se pasó una mano por la cara.

—Dante, por el amor de Dios. ¿Estás enamorado de mi novia?

Respiré hondo.

—Sí.

Adrian se quedó inmóvil.

Su expresión no cambió de inmediato.

Se limitó a mirarme fijamente durante varios segundos, como si esperara que añadiera algo que convirtiera mi respuesta en una broma de muy mal gusto.

No lo hice.

Caminó hasta la ventana, apoyó una mano en la cadera y se quedó mirando la oscuridad del exterior.

—Joder.

Bajé la mirada.

Adrian se pasó una mano por el pelo y luego se volvió.

—¿Desde cuándo?

—No lo sé exactamente.

Soltó una risa amarga.

—¿Me estás diciendo que te has enamorado de la mujer con la que pienso construir una vida y que ni siquiera puedes decirme cuándo ocurrió?

—¿Crees que apunté la fecha en un calendario?

Las palabras me salieron con más dureza de la que pretendía y, al ver cómo Adrian me miraba, me arrepentí al instante.

—Lo siento —añadí—. No debería haberlo dicho así.

Mi hermano negó con la cabeza.

—Solo intento entenderlo. Una cosa era que mostraras interés porque es guapa. Lo has hecho con decenas de mujeres. Tocarme las narices es tu pasatiempo favorito.

Asentí.

Se acercó de nuevo.

—Cuando dejé a Sofia en aquella casa, sabía que la protegerías. Incluso después de todo lo que ocurrió la noche que la llevaste allí, confié en que estaría a salvo contigo.

—Y lo estuvo.

—¡Lo sé!

Por primera vez levantó la voz.

Adrian respiró hondo antes de seguir, esta vez más bajo.

—Ese es exactamente el problema. No tengo ningún motivo para decir que no lograste protegerla. Está viva porque conseguiste sacarla de esa finca esta noche.

Me pasé una mano por la cara.

—Adrian, no he hecho nada con Sofia.

Mi hermano me sostuvo la mirada.

—¿Nunca intentaste besarla?

—Nunca.

—¿Nunca le pediste que me ocultara algo?

—No.

Guardó silencio durante varios segundos.

Entonces preguntó:

—Pero ¿querías hacerlo?

Aparté la mirada.

Adrian soltó el aire despacio.

—Ya veo.

—Me eché atrás —dije, y volví a mirarlo a los ojos—. Cada vez que me daba cuenta de que las cosas se complicaban, me echaba atrás.

Mi hermano se frotó la nuca.

—¿Y ella?

Tardé un momento en responder.

—¿Qué pasa con ella?

—¿Sofia siente algo por ti?

Le sostuve la mirada.

Esa era la pregunta que más temía.

No porque supiera la respuesta.

Sino porque responder con sinceridad implicaría admitir que empezaba a sospechar cuál podía ser.

—No lo sé —dije.

Adrian me estudió con la mirada.

—¿No lo sabes o no quieres decírmelo?

—No sé qué siente Sofia, Adrian. Le gusta pasar tiempo conmigo, nos llevamos mejor de lo que ninguno de los dos esperaba y ha habido momentos en los que la atracción era evidente. Pero no sé qué significa todo eso para ella.

Mi hermano se alejó.