Capítulo 8 #3
Porque muy pronto ella y Gabriel tendrían que tomar una decisión que cambiaría completamente sus vidas.
Una decisión capaz de poner a prueba todo lo que habían construido.
Y esa historia apenas estaba comenzando.
La noche cayó lentamente sobre la ciudad.
Después de la comida familiar, Gabriel acompañó a Claudia hasta su apartamento.
Ninguno tenía prisa por despedirse.
Porque había sido un buen día.
Uno de esos días que permanecen en la memoria.
Uno de esos días que recuerdan por qué vale la pena seguir adelante.
Mientras subían en el ascensor, Claudia pensó en todo lo ocurrido durante los últimos meses.
La aparición de Elena.
Los conflictos con Andrea.
Los comentarios.
Los miedos.
La enfermedad.
Y, aun así, allí estaban.
Juntos.
Más unidos que nunca.
Cuando entraron al apartamento, Gabriel dejó las llaves sobre una mesa y sonrió.
—Creo que hoy mi madre lloró más que durante toda su vida.
Claudia soltó una carcajada.
—Creo que todos lloramos.
—Sí.
Admitió él.
—Pero por una buena razón.
Se hizo un pequeño silencio.
Uno cómodo.
De esos que solo existen cuando dos personas se conocen profundamente.
Gabriel observó el apartamento.
Después observó a Claudia.
Y algo en su expresión cambió.
Se volvió más seria.
Más reflexiva.
—¿Qué ocurre?
Preguntó ella.
Gabriel tardó unos segundos en responder. Como si estuviera organizando las palabras. —Estaba pensando en algo que dijo mi madre. Claudia sonrió.
—Hoy dijo muchas cosas.
—Lo sé.
Pero hay una que no deja de dar vueltas en mi cabeza. Se acercó un poco más.
—No desperdicies el tiempo.
Repitió.
Claudia sintió que el corazón se aceleraba.
Porque aquellas palabras también habían quedado resonando dentro de ella.
—A mí también me hicieron pensar.
Confesó.
Gabriel tomó suavemente sus manos.
Y durante unos segundos simplemente la observó. Como si estuviera tomando una decisión importante. Porque lo estaba haciendo.
Finalmente habló.
—Quiero pedirte algo.
Claudia sonrió nerviosamente.
—Empiezo a preocuparme cuando dices eso.
Gabriel rió.
Pero la emoción seguía presente en sus ojos.
—No te asustes.
Ella arqueó una ceja.
—Eso tampoco ayuda.
La risa alivió la tensión.
Pero solo por un instante.
Porque la siguiente frase cambió el aire de la habitación. —Quiero que vivamos juntos.
El silencio fue absoluto.
Completo.
Claudia sintió que el corazón se detenía.
No porque no quisiera.
Sino porque no lo esperaba.
No aquella noche.
No de aquella manera.
Gabriel apretó suavemente sus manos.
—No estoy diciendo mañana.
No estoy presionándote.
No estoy exigiendo una respuesta inmediata. Solo quiero que lo pensemos.
Que construyamos algo real.
Que dejemos de vivir a medias.
Las lágrimas aparecieron inmediatamente en los ojos de Claudia.
Porque aquella propuesta significaba mucho más que compartir un techo.
Significaba futuro.
Significaba compromiso.
Significaba creer que había un mañana para ellos.
Y durante mucho tiempo ella había tenido miedo de imaginar ese mañana.
Muchísimo miedo.
—Gabriel...
Susurró.
Él sonrió.
—No tienes que responder ahora.
Pero antes de que pudiera terminar la frase, Claudia lo interrumpió.
—Sí.
Gabriel parpadeó.
Sorprendido.
—¿Sí?
Ella comenzó a reír entre lágrimas.
Y asintió.
—Sí.
Quiero intentarlo.
Quiero construir algo contigo.
La sonrisa que apareció en el rostro de Gabriel fue probablemente la más feliz que Claudia había visto jamás.
Y un segundo después ambos estaban abrazados. Riéndose.
Llorando.
Y besándose.
Como dos personas que finalmente habían decidido dejar de luchar contra la felicidad.
Más tarde, cuando Gabriel se marchó, Claudia permaneció sola en el apartamento.
Sentada junto a la ventana.
Observando las luces de la ciudad.
Con una sonrisa que no lograba desaparecer.
Todo parecía posible.
Por primera vez en mucho tiempo.
Todo.
Entonces sonó su teléfono.
Un mensaje.
Claudia lo abrió distraídamente.
Todavía sonriendo.
Y la sonrisa desapareció lentamente.
Porque el mensaje era de una persona que no esperaba. Una persona que pertenecía a un pasado muy lejano. Un pasado que creía completamente cerrado.
El remitente era su hija.
La hija con la que llevaba años manteniendo una relación complicada.
Distante.
Dolorosa.
Y el mensaje era breve.
Muy breve.
"Mamá, necesito hablar contigo. Es importante."
Claudia sintió un escalofrío.
Porque conocía a su hija.
Y sabía que ella jamás enviaba mensajes así.
Jamás.
Miró nuevamente la pantalla.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Y una extraña sensación comenzó a instalarse en su pecho. Una mezcla de preocupación.
Curiosidad.
Y miedo.
Porque algo estaba ocurriendo.
Algo importante.
Algo capaz de cambiarlo todo.
Y mientras observaba aquellas pocas palabras iluminando la pantalla de su teléfono...
No podía imaginar que el verdadero desafío de su vida apenas estaba comenzando.
Gracias por leer. SECRETOS QUE NOS SEPARA el amor de claudia y gabriel estara mas a prueba continua en el libro 3
SECRETOS POR AMOR
Agradecimientos
A cada persona que sostuvo este sueño incluso cuando aún no tenía forma.
A los lectores, que con su curiosidad, su paciencia y su amor por las historias hacen posible que mundos como el de Claudia y Gabriel cobren vida más allá de estas páginas. Gracias por abrir este libro, por permitir que esta historia llegue hasta ustedes y por darle un lugar en su tiempo y en su imaginación.
A quienes creen en el poder de las historias de amor, incluso cuando la vida real parece desordenada o incierta. Este libro nació también de esa fe: la de que el amor transforma, enseña y, a veces, salva.
A mi familia y a las personas cercanas que, de una u otra forma, han sido apoyo, inspiración o simplemente compañía en el proceso de crear. Cada palabra escrita lleva un pedacito de ese respaldo silencioso.
Y finalmente, a Claudia y Gabriel, porque aunque nacieron de la imaginación, me enseñaron que incluso las historias inventadas pueden sentirse reales cuando están hechas con el corazón.
Próximamente...