24 Luke
LUKE
No creo que haya dormido más de una hora y, cuando el sol comienza a asomarse, ya estoy sentado en la cocina bebiendo café negro humeante de una taza.
Probablemente hay varios centímetros de nieve en el suelo y no tengo ganas de ir a ningún sitio ni de hacer nada hoy —entrenar o cualquier otra cosa—.
Ni mi mente ni mi corazón están en ello.
—Joder —siseo—. Esto es exactamente por lo que me centro solo en entrenar, en mi carrera y en el objetivo de volverme profesional, evitando las relaciones y todo el drama que conllevan.
Me siento como un tren descarrilado y, una vez que pasa eso, no estoy seguro de qué hacer para volver a la normalidad.
No sé cuánto tiempo paso sentado ahí, mirando por la ventana, pero casi cuatro tazas de café después, estoy pensando en cómo cancelar el entrenamiento de hoy cuando suena mi teléfono.
Lo cojo y la pantalla dice "número oculto".
Estoy a punto de ignorarlo cuando un retortijón en el estómago me advierte que no lo haga. —¿Hola? —contesto al final.
—Hola, Luke —me saluda una voz grave.
Me tensiono al instante, sin reconocer la voz, pero sabiendo de alguna manera que esta llamada no traerá nada bueno. —¿Quién es? —exijo.
—Aún no hemos tenido el placer, pero me llamo Nico Morello.
Me enderezo y aprieto el teléfono con fuerza.
—¿Por qué no me sorprende? Pero, antes de que empieces a soltar mierda sobre amañar el combate, deberías saber que no voy a rendirme fácilmente.
Puedes amenazarme todo lo que quieras, pero cuando me meta en esa jaula con Enzo, le voy a patear el culo. Puedes contar con ello.
Pongo toda la bravuconería que puedo en mi voz porque no quiero que piense que me voy a rendir así como así. Ni de coña. No voy a ponerle las cosas fáciles y planeo luchar contra este hijo de puta en cada paso del camino.
—Quizá quieras reconsiderar tu postura —dice Nico con un tono tan suave como la mantequilla.
Al instante se me eriza el vello de la nuca y tengo la sensación de que no ha mostrado todas sus cartas todavía. —¿Y por qué iba a hacer eso? —pregunto con tono desdeñoso.
—Porque tengo a tu novia.
Mi corazón casi se detiene en el pecho y cierro los ojos. Maldita sea.
—No es la única —añade para rematar.
—Déjame adivinar —digo—. ¿Travis también?
—No, Travis no —me responde.
Espero a que elabore su respuesta, pero mi paciencia se agota rápidamente.
—Tu bebé.
Por un momento, creo que no le he entendido bien. ¿Mi bebé? ¿De qué diablos está hablando?
—Así es. Rory está esperando un pequeño paquete de alegría y no ha tenido la oportunidad de decírtelo porque... bueno, está un poco atada en este momento.
Tardo casi un minuto entero en procesar sus palabras y, cuando lo hago, estoy tan conmocionado que apenas puedo encontrar mi voz. También estoy tan furioso que quiero atravesar el teléfono y machacar a este cretino engreído contra el suelo. —Quiero hablar con ella —consigo decir al final.
—No, lo siento. Voy a necesitar que me escuches a mí. ¿Me estás prestando atención?
—Sí —replico entre dientes.
—Es muy simple, Luke. Si no entras en esa jaula y pierdes contra Enzo, Rory y tu bebé morirán.
Jesús. No tengo palabras y me cuesta comprender la maldad que emana de Nico Morello. Me cuesta imaginar herir a cualquier mujer, pero ¿a un bebé nonato? Este hombre es el ser humano más bajo y despreciable que he tenido la desgracia de conocer.
Ahora mismo me tiene acorralado y tengo que hacerle creer que me tiene justo donde quiere. —No les hagas daño —digo—. Perderé el combate.
—Ah, por fin estás entrando en razón. Qué hombre tan inteligente.
—No le hagas daño a Travis tampoco —añado.
—Que le den a Travis —escupe Nico—. No tengo ni idea de dónde está ese pedazo de mierda inútil, y me da igual. Ahora eres mi chico número uno, ¿me oyes, Luke? Solo céntrate en hacer tu peor papel contra Enzo y todo esto desaparecerá.
—¿Cómo puedo confiar en que no herirás a Rory?
—Porque ella estará a mi lado mañana por la noche y su destino dependerá de lo que decidas hacer.
Si pierdes, puedes recuperarla mientras yo celebro la victoria de Enzo y cuento mi dinero.
Si decides jugar sucio y retractarte de tu palabra, entonces la entregaré a mis hombres y nunca más la volverás a ver con vida.
Mi corazón se retuerce en el pecho y me invade la preocupación.
—¿Vas a seguir mis reglas, Ryder? —pregunta Nico.
—Sí —gruño.
—Bien. Nos vemos mañana por la noche.
Después de que cuelga, golpeo la mesa con el puño y apenas resisto el impulso de estrellar el teléfono contra el suelo. Voy a acabar con ese hijo de puta. Lo juro.
La pregunta es, ¿cómo? Necesito encontrar la manera de ser más listo que él. Ahora mismo cree que me tiene atrapado, entre la espada y la pared. Por supuesto, no quiero que le pase nada a Rory y al bebé. Mi bebé. Jesús, apenas puedo asimilar esa parte ahora mismo.
Mantenerlos a salvo es mi prioridad número uno. Nunca he querido una familia propia, y mucho menos una instantánea. Pero, demonios, la idea de que Rory lleve a mi hijo hace que se me cierre el pecho. Un bebé que es mitad yo y mitad ella...
No puedo permitirme emociones ahora. Mantenerme concentrado y un paso por delante de Nico es crucial.
Dijo que no tenía a Travis y me pregunto si siquiera sabe que Rory ha sido secuestrada.
Aunque no conectamos exactamente, decido ir allí y ver si está en casa.
Quizá pueda ayudarme a idear un plan para salvar a su hermana.
Por fin ha dejado de nevar, pero las carreteras son un desastre resbaladizo. Sé que conduzco demasiado rápido y suelto un poco el acelerador de camino a casa de Rory. Lo último que necesito es tener un accidente.
De camino, llamo a Scotch y le pongo al día de todo.
—Ese cabrón —refunfuña.
—¿Hay algo que podamos hacer? —pregunto.
—¿Como presentar una queja a los promotores o intentar retrasar la pelea? —responde.
—Sí.
—No creo que eso ayude a tu chica, Luke. Necesitamos algo mejor, pero asegurándonos de que Nico no se entere.
—Voy a casa de Rory a ver si Travis está allí. No creo que tenga ni idea de lo que pasa y todo esto es su maldita culpa. No sé por qué, pero siento que podría ser parte de la solución.
—Buena suerte y manténme informado, ¿vale?
—Claro, Scotch. Tras colgar, llego a casa de Rory unos minutos después y entro en el camino de entrada con un suspiro de alivio. Odio conducir mi Mustang con este tiempo de mierda y no he tenido tiempo de cargar el maletero con sacos de sal para evitar que patine, ya que es tan ligero.
Pero he llegado entero y eso es lo único que importa. Salto del coche, corro hasta la puerta principal y llamo con fuerza. Si Travis está en casa, se preguntará quién coño intenta derribar su puerta.
Travis aparece un minuto después y abre la puerta de golpe, frunciendo el ceño. —Rory no está aquí.
—Lo sé, porque Nico la ha secuestrado.
Sus ojos se abren como platos. —¿Qué?
—Así es. Y, si no pierdo la pelea de mañana por la noche, me ha dicho que la matará a ella y a nuestro bebé.
—¿Te ha hablado del bebé?
Mierda, incluso Travis lo sabía antes que yo. —No. Fue Nico.
—Pasa —dice Travis.
Entro y golpeo mis botas contra el felpudo.
Espero que Rory aparezca por la esquina con una sonrisa en su preciosa cara, pero, por supuesto, no ocurre.
Mi mirada se dirige hacia el árbol de Navidad que decoramos, y me golpea con fuerza lo mucho que la echo de menos.
Juro por Dios que, si Nico le hace daño o le pasa algo malo, perderé los papeles.
—¿Qué coño está pasando? —pregunta Travis.
—Bueno, no quiero señalar con el dedo ni nada, pero, debido a tu problema con el juego y a pedir dinero que no puedes devolver, Nico ha secuestrado a Rory y la está usando para asegurarse de que haga exactamente lo que él diga.
—Mierda. Debió de llevársela anoche cuando estaba en casa de Samantha.
Lucho por no poner los ojos en blanco. Si hubiera una foto junto a la definición de "inútil" en el diccionario, sería la cara de Travis. —Tenemos que ser más listos que Nico. Encontrar la forma de acabar con él antes de que se dé cuenta.
Travis piensa un minuto, pero no se le ocurre nada.
—¿Qué más sabes de él? —pregunto—. Aparte de que es un prestamista.
—Bueno… —vacila.
Lo miro fijamente y me acerco un paso. —¿Qué sabes, Travis? Ayúdame a meter a ese hijo de puta entre rejas.
—Solía comprarle drogas.
Ding, ding, ding. —¿Todavía vende? —pregunto, con el pulso acelerado.
—Ya no consumo —dice, levantando la mano derecha como si fuera a jurar sobre una Biblia.
—Lo sé. Rory me dijo que estás limpio.
—Dos años, tío. Pero sé que todavía trafica.
Asiento, sintiendo un rayo de esperanza. —Puedo usar eso —digo, sacando el móvil.
—¿A quién llamas?
—Mi mejor amigo Vince es policía —respondo.
—Oh, tío, espero que sepas lo que haces.
—Veremos —murmuro. Marco el número de Vince y contesta al tercer tono.
—Knight.
—Vinny, necesito tu ayuda. Le explico lo que pasa y le pongo al día.
—Llevamos tiempo vigilando a Nico Morello —dice—. Si podemos acabar con él, será motivo de celebración. Pero necesitamos pruebas.
Miro a Travis. —Necesita pruebas.
Travis se retuerce y está claro que sabe algo, pero no suelta prenda.
—¡Travis! La vida de tu hermana está en juego —le recuerdo con dureza.
—Nico tiene una casa donde guarda la mercancía antes de venderla.
—¿Dónde?
Travis suelta una dirección en una zona muy peligrosa de la ciudad y se la repito a Vince.
—Vale —dice Vince—. Enviaré a unos agentes a investigar. Creo que deberíamos llevar al hermano de Rory bajo custodia protectora, al menos hasta después de la pelea.
—Buena idea. Por si deciden volver esta noche.
Travis palidece y hablo con Vince unos minutos más. Tras colgar, me giro hacia Travis. —Haz una maleta —le digo—. Vince enviará a un agente a recogerte.
—¿De verdad crees que volverían por mí?
—No lo sé —respondo con un encogimiento de hombros molesto—. Solo sé que Rory está en problemas por tu culpa. Así que haz lo que te diga la policía. Quédate quieto. Déjame a mí preocuparme por mañana y por recuperarla.
—¿Vas a perder contra Enzo a propósito? —pregunta.
—Solo si no tengo más remedio —digo—. Pero la seguridad de Rory es lo primero. Si le pasa algo…
—La quieres, ¿verdad?
Nuestras miradas se encuentran y me doy cuenta de que Travis es más listo de lo que aparenta. —Sí —admito—. La quiero muchísimo. Incluso si ella no me quiere y todo esto no fue más que un engaño.
Travis niega con la cabeza. —Ni hablar. Ese era el problema, Luke. Rory no pudo seguir adelante porque se enamoró perdidamente de ti. Mi hermana nunca ha querido a nadie como te quiere a ti.
El corazón me da un vuelco y espero que tenga razón. Porque estoy a punto de arriesgarlo todo por esta mujer: mi carrera, mi vida y, lo más importante, mi corazón.