Salvando lo que es mío (Jugando con el Peligro 4) 13 Rory
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13 Rory

RORY

Dios. Santo. Cielo.

En el momento en que la boca de Luke me toca íntimamente, jadeo y me arqueo. Nadie me había hecho esto antes y su forma de lamer y chupar va a acabar conmigo. —Luke —grito, con las manos aferrándose a la colcha, las uñas clavándose con fuerza en la tela.

Esa lengua suave suya me lleva al límite y empiezo a jadear y retorcerme.

Él levanta la cabeza, los ojos ardiendo con un fuego azul. —Quédate quieta, nena —ordena, con los dedos apretándome los costados, clavándose en mi piel y sin dejarme mover—. Voy a hacer que te corras, así que no lo evites.

Con un gemido, mi cabeza cae de nuevo sobre la cama y su boca desciende, volviendo al trabajo.

Santa madre. Lame mis pliegues y luego chupa mi clítoris con su boca.

Con la presión y succión exactas, estoy perdida.

Cierro los ojos con fuerza y veo puntitos plateados mientras la parte inferior de mi cuerpo explota en una lluvia de luz estelar pulsante.

El poderoso orgasmo me deja jadeando y un poco mareada.

Luke se deshace del resto de su ropa y luego me quita el sujetador.

Su cálido cuerpo desnudo se mueve sobre el mío y me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración.

Estar piel con piel con él se siente tan bien, tan perfecto.

Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y lo atraigo hacia mí para un beso.

Él accede, capturando mi boca en una lenta y sensual exploración, y puedo saberme en sus labios.

Dios, es erótico. Sus manos se mueven por todas partes, recorriendo cada centímetro de mí, y cuando su boca se cierra sobre un pezón y chupa, grito, con las uñas clavándose con fuerza en sus musculosos hombros.

Luke pasa su lengua alrededor de un pezón y luego se mueve hacia el otro, lamiendo un camino húmedo de un lado a otro, hasta que estoy jadeando.

Necesito más, pienso, levantando mis caderas, girándome contra su polla dura como una roca.

No puedo creer lo atrevida que estoy siendo, pero el deseo palpita dentro de mí y estoy empapada por él.

Su mano se desliza entre nuestros cuerpos, y mete un dedo dentro de mí. —Estás tan jodidamente mojada, Rory.

No estoy segura de qué decir a eso, pero mi cuerpo parece saber exactamente cómo responder, y me arqueo contra su palma, moviéndome contra ella sin vergüenza. Él acaricia mi palpitante clítoris con su pulgar y mete otro dedo en mi húmedo pasaje.

—Y tan apretada. Jesús.

Gimo, montando su mano, perdida en un remolino de emociones desconocidas.

Me pregunto si debería decirle que nunca he tenido sexo antes, pero me da miedo que si lo hago rompa el hechizo bajo el que estamos y se detenga.

Y si se detiene, voy a morir. Es demasiado bueno, demasiado, y mi cuerpo empieza a contraerse alrededor de sus dedos, apretándose.

—Oh, Dios —grito.

—Córrete para mí, nena —murmura, besando el lado de mi cuello.

Otra explosión celestial me deja temblando en sus brazos. —Hostia puta —susurro con un aliento entrecortado.

Luke sonríe contra mi cuello. —¿Te ha gustado?

No tengo palabras y todo lo que puedo hacer es asentir.

—Esto te va a gustar aún más —dice, y oigo cómo rasga el envoltorio de látex.

Con ojos aturdidos, lo observo ponerse el condón y luego colocarse entre mis piernas. Es más grande de lo que pensaba y una ola de pánico revolotea en mi vientre. ¿Y si no encajamos? ¿Y si...?

Un grito se escapa de mi garganta cuando se empotra en mí. Joder, escuece. Luke se queda inmóvil, sus ojos azules buscando los míos.

—Rory? —dice.

Me siento como una idiota, paralizada bajo él. —Debería habértelo dicho… —añado.

La confusión se refleja en su rostro y con cuidado se retira. —Joder —susurra—. ¿Estás…? —Sus palabras se interrumpen mientras busca mi mirada y debe ver la respuesta allí—. Oh, demonios, lo siento.

—Por favor, no pares. Quiero esto. Te quiero a ti, Luke.

Aprieta la mandíbula, que parece hecha de piedra. —Necesito que te relajes, ¿vale?

Asiento con la cabeza y él baja la mano, agarrando su polla. La desliza arriba y abajo entre mis pliegues, volviéndome a excitar. Mi respiración se acelera y clavo las uñas en su espalda.

—Te tengo, cariño —me tranquiliza—. Vamos a tomarlo con calma.

Confío en él y hace exactamente eso, moviéndose un poco hacia adentro y luego hacia afuera, permitiendo que mi cuerpo se adapte a él. No pasa mucho tiempo antes de que me llene por completo y es una sensación como ninguna otra.

—Envuelve tus piernas alrededor de mí —ordena.

En el momento en que lo hago, enlazando mis tobillos detrás de él, comienza a moverse, lentamente al principio, pero luego ganando impulso.

—Así es, cariño. Muévete conmigo. —Una de sus manos se desliza entre nuestros cuerpos y acaricia, sus dedos masajean mi clítoris y no tarda en encontrar la velocidad y la presión adecuadas.

De repente, me contraigo alrededor de él, al borde de tener mi tercer orgasmo.

En el momento en que me descompongo, él se suelta, empujando más fuerte y más rápido.

Con un gemido gutural, su cuerpo tiembla con la liberación y luego deja caer su rostro en la curva de mi cuello. Nos quedamos así durante un buen rato, intentando recuperar el aliento, y luego se aparta y desaparece en el baño. Cuando regresa, trae una toallita.

Intento sentarme, pero él niega con la cabeza.

—No te muevas —dice y baja la toallita tibia y húmeda entre mis piernas. Muy suavemente, limpia mis muslos internos y alcanzo a ver un poco de sangre.

Oh, genial. Déjame a mí sangrar. Juro que tengo la peor suerte del mundo. Mis mejillas se encienden mientras él me limpia y luego se deshace de la toallita.

Luke se desliza de nuevo en la cama, tirando de la sábana alrededor de nosotros, y se acuesta, mirándome. Me siento como una idiota y cuando él extiende la mano y acaricia mi mejilla con un dedo, no puedo evitar preguntarme qué estará pensando.

—¿Estás bien? —pregunta finalmente.

Con la cabeza sobre la almohada y las manos bajo mi barbilla, asiento. Nunca me he sentido tan expuesta o tan vulnerable. Aún no confío en mi voz para hablar y Luke sigue acariciando mi mejilla.

—No tenía idea —dice—, o hubiera ido más despacio.

Trago el nudo en mi garganta. —Tenía miedo de decírtelo.

—¿Por qué?

—Porque ser una virgen de 25 años no es lo más normal.

—Eso no es cierto. Mucha gente espera.

—No es que estuviera esperando algo en particular —explico—. Es solo que siempre estoy tan ocupada y nunca tuve tiempo para salir mucho. Siempre estaba cuidando de todos los demás y eso no dejaba mucho tiempo para mí.

—¿Quieres saber algo? Me alegro de que hayas esperado, y me siento honrado de que me hayas elegido a mí.

Me burlo y ruedo los ojos. —Difícilmente diría que acostarte conmigo es un honor.

Luke agarra mi mano, sacándola de debajo de mi barbilla, y coloca un beso abierto en su palma. —Un honor absoluto —repite.

Un rubor calienta mi rostro. Maldita sea, es encantador. Tanto que por un momento olvido mi plan de hacerle perder la próxima pelea. Contengo un suspiro y no quiero pensar en eso ahora.

—Ven aquí, cariño —dice Luke y me atrae hacia sus brazos. Me ajusto perfectamente a la cálida curva de su cuerpo y mis párpados se cierran. Nunca me he sentido tan segura, y me duermo casi al instante.

Apenas me muevo en toda la noche y cuando finalmente abro los ojos, la luz del sol entra por las ventanas.

Siento la respiración constante de Luke contra mi espalda y disfruto de su calor por un momento.

Mi mirada se dirige hacia su reloj y son las 7 de la mañana.

Oh, mierda. Me siento rápidamente y me doy cuenta de que llego tarde al trabajo.

—Rory? —masculla Luke, con voz ronca por el sueño.

—Tengo que irme —digo y me escabullo de la cama, buscando en el suelo mi ropa interior—. Debería haber estado en la panadería hace casi dos horas.

—Pero es sábado —dice él mientras se estira.

—Exacto. Nuestro día más ocupado. —Me subo los vaqueros, cojo mi jersey y me lo pongo.

Escucho a Luke reírse y lo miro mientras levanto una ceja.

Parece el gato que se tragó al canario. —¿No tienes que entrenar hoy o algo así?

—pregunto. ¿Dónde demonios están mis botas?

Veo una asomando debajo de la cama y la agarro.

—No hasta las diez —dice.

—Vago —respondo mientras me siento al borde de la cama para calzarme la bota. Mi mirada recorre el suelo en busca de la otra.

Luke alarga la mano y me la apoya en la espalda, acariciándomela. Cuando la baja y sus dedos me pellizcan el culo, salto de la cama con un chillido.

—No te vayas —se queja.

—Tengo que trabajar.

—Llama diciendo que estás enferma.

Por un momento, lo considero. La idea de que los dos hagamos novillos hoy es tentadora. —No puedo —digo al fin y localizo mi otra bota. Voy a cogerla, meto el pie y me la cierro con la cremallera.

Luke se incorpora, dejando caer la sábana, y bajo la mirada con aprecio, recorriendo su torso musculado y sus abdominales marcados.

Y todos esos deliciosos tatuajes que cubren sus brazos.

Qué bueno está, pienso. Justo cuando estoy a punto de salir corriendo de la habitación, él se lanza hacia delante, pillándome por sorpresa, y me arrastra contra él.

Dios santo. Noto su miembro largo y duro presionando mi vientre mientras deja un beso en mi pelo.

—¿Segura que no quieres quedarte un poco más? —murmura.

Cierro los ojos. Sí quiero. Me encantaría pasarme la mañana en la cama con él, pero no es propio de mí. Soy la responsable y ahora mismo llego tarde al trabajo. Sintiéndome atrevida, sabiendo que me desea, bajo la mano y envuelvo mis dedos alrededor de su polla.

—¿Me lo guardas para luego? —pregunto con un pequeño apretón.

Él gime. —Es todo tuyo —me asegura, y yo sonrío.

—Adiós —susurro y me dirijo deprisa hacia la puerta.

—¡Rory!

Vuelvo la cabeza y lo veo levantándose de la cama. —Te llevo en coche.

—Puedo ir andando. No está muy lejos.

Pero él niega con la cabeza y se sube los vaqueros por sus estrechas caderas. Tengo la sensación de que esta es una batalla que no voy a ganar, así que claudico.

Una hora después, estoy removiendo la masa de galletas, pero mi mente está en la noche anterior. No me puedo creer que me haya acostado con Luke Ryder. Quizá lo que es más sorprendente es que no me arrepiento en absoluto. Él me hizo sentir deliciosa y deseable.

Me muerdo el labio inferior, con la mirada fija en el oso de peluche rosa que está en el mostrador cercano, recordando la manera dulce y considerada en que me trató anoche cuando descubrió que era virgen. Y después. Dios mío, cómo me cuidó y me limpió.

Un escalofrío me recorre al revivir cada momento maravilloso. Desde sus besos hasta la manera en que me tocó. Y esa boca suya…

Dios todopoderoso, me estoy mojando.

Cierro los ojos y es como si aún pudiera sentirlo dentro de mí. La manera en que me estiró y me llenó. Una vez que pasó el dolor inicial y él aminoró el ritmo, fue pura felicidad. Sabía exactamente dónde y cómo tocarme y, no voy a mentir, quiero volver a hacerlo.

Mierda. ¿Cómo demonios voy a sacar el tema de su pelea y convencerlo de que pierda? Justo cuando me pregunto si hay alguna salida a esta horrible situación, suena el timbre de la entrada principal y levanto la vista para ver a Nico Morello entrar.

Mi corazón se acelera y me seco rápidamente las manos en una toalla.

Nico apoya un brazo en el mostrador de cristal y me dirige una sonrisa untuosa. —He oído que anoche avanzaste con nuestro chico. Buena chica —dice, y yo me estremezco.

¿Cómo demonios sabía que había pasado la noche en casa de Luke? Debe estar vigilándome y solo pensarlo me enfurece. —Fuimos a la feria, sí —respondo, negándome a darle más detalles.

Su boca se curva en una sonrisa burlona. —Ajá.

—¿Qué quieres? —pregunto, enfadándome rápidamente.

—Solo pasaba por aquí y he pensado en entrar a ver cómo van las cosas.

—Bien —respondo por entre dientes apretados.

—También quería darte un consejo amistoso.

—¿Ah, sí? —arqueo una ceja y cruzo los brazos.

—No te acerques demasiado a tu objetivo, cariño.

—Lo tendré en cuenta, gracias.

Nico se ríe. —Haz eso.

Lo observo girarse y marcharse, y una parte de mí desea que se muera ahora mismo.

Se detiene en la puerta. —Estaré pendiente de tu progreso —me advierte antes de salir.

Un suspiro tembloroso escapa de mis labios y la frustración y la rabia hacen que mi pulso se acelere. —Cabrón —siséo.