EPÍLOGO
Vivian dormía serenamente al lado de nuestra pequeña, y yo simplemente no podía dejar de mirarlas. Me había despertado hacía unos cuarenta minutos y aquí estaba, solo observándolas dormir.
El último año fue el mejor de toda mi vida. Darme cuenta de cuánto era importante aquella chica, casarme con ella, alinear cada paso y vivir cada momento con el apoyo de mi hija, había sido increíble.
Nos fuimos de vacaciones por dos meses en luna de miel. Cuando volvimos, fue demasiado agradable conciliar nuestra nueva rutina, las consultas constantes para ver a nuestra pequeña y el trabajo. A pesar de todo, tenía que admitir que disfrutamos mucho hasta el nacimiento de nuestra Aurora.
Ver nacer a nuestra pequeña fue una de las escenas más hermosas que presencié y el momento quedará grabado para siempre en mi memoria.
Sonreí al notar que se movía en los brazos de Vivian, haciéndola gemir en protesta. Con cuidado, me levanté y tomé a nuestra hija, para que Vivian pudiera descansar un poco más.
Cuando envolví a esa cosita pequeña en mis brazos, la sensación que me invadió fue deslumbrante, como siempre. Sus ojos buscaron los míos, llenando mi corazón de alegría.
—Te pareces tanto a mamá, pequeña —susurré, mientras la acariciaba—. Papá te ama.
Y, puta madre, la pequeñita sonrió, como si comprendiera perfectamente lo que dije. Y cuanto más mostraba emoción, más le susurraba: “hermosa”, “princesita”, “mi amor”.
Mi sonrisa solo aumentó al darme cuenta de que, a medida que le susurraba, ella comenzó a cerrar los ojitos con tranquilidad.
—La estás consintiendo demasiado así —dijo Vivian, con voz melosa. Miré en su dirección y la encontré con los ojos fijos en nosotros dos.
—Perdón, mi amor, no quería despertarte —dije y caminé hacia ella.
—Despertar y encontrarme con algo tan hermoso, no hay nada mejor —respondió, y enseguida se sentó en la cama al mismo tiempo que yo hacía lo mismo.
Vivian sonrió e inclinó su cuerpo hacia el mío, para unirse a mí observando a nuestra hija. Llevó sus labios a la frente de ella y dejó un beso suave, luego se apartó para mirarla.
—Tan pequeñita, no sé si podré volver a la discoteca y dejarla —comentó, atrayendo mi mirada hacia ella.
—No necesitas hacerlo, amor. Las cosas allí están controladas, puedes ir cuando lo consideres mejor y, si no quieres, podemos venderla de nuevo a Rodolfo, puedes hacer lo que quieras.
—Lo amarías, ¿verdad? —me provocó, arrancándome una sonrisa—. Quiero seguir trabajando, tengo varias ideas en mente, solo voy a esperar a que ella crezca un poco más, pues quiero aprovechar esta etapa.
—Puedes trabajar desde casa si lo prefieres, esa discoteca es tuya, mi amor —respondí, estaría de acuerdo con cualquier cosa que mi niña decidiera.
Ella abrió una sonrisa genuina, haciendo que lo único que yo quisiera fuera besarla. Desvié la mirada hacia Aurora, constatando que nuestra pequeña había vuelto a dormirse. Mis ojos regresaron una vez más a Vivian.
—Vuelvo en unos instantes —susurré y me levanté al mismo tiempo que ella asintió.
Llevé a Aurora con cuidado a la cuna. Vivian la había llevado a la cama de madrugada para amamantarla y estaba tan cansada que terminó dejándola con nosotros en la cama, pero quería acostumbrarla a quedarse en su cunita.
Entonces, después de colocarla con cuidado, encendí la niñera electrónica y volví al cuarto.
—Eres un descarado —dijo Vivian, observando mientras yo me sentaba en la cama. Sonreí y la atraje a mi regazo.
—Solo quiero un momento contigo, mi chica.
—Tenemos que almorzar en casa de Bianca hoy —dijo, melosa.
—Todavía tenemos tiempo —susurré, luego llevé mis manos a su rostro. Vivian sonrió y movió la cabeza en señal de acuerdo, dándome todo lo que necesitaba.
Permiso.
La atraje hacia mí y deposité un beso en su frente, luego en su nariz y, por último, tomé sus labios en un beso lleno de intensidad. Mi niña pronto rodeó con sus manos mi cuerpo y profundizó el beso, mostrando la forma en que quería que la tocara.
Y así, estaba listo para hacerlo. Podía leerla tan perfectamente que, solo con su manera de besar, sabía si debía ser brusco, al follarla con mucha lujuria y profundidad, o si necesitaba amor, cariño y pasión.
Tal como sentía que lo necesitaba en ese momento, y estaba dispuesto a darle lo que quisiera.
Simplemente porque Vivian cambió mi mundo.
Podría decir que tenía una vida solitaria y vacía antes de ella, pero después de ella, una vida llena de alegría, confusión e intensidad con ese pequeño huracán en mi vida.
Pero tenía que admitir que, por más que me hubiera permitido ser feliz y traerla a mi mundo, en el fondo sentía que no merecía esta vida, el amor de esa mujer, de mi hija y ahora de mi más pequeña.
No lo merecía, pero aceptaba de buen grado esta oportunidad de ser feliz, quería a esa chica ardiente para siempre a mi lado. Mostrándome constantemente que estaba equivocado al negarme a un sentimiento tan genuino.
Dedicaría toda mi vida a mi chica y a nuestra familia. Juntos estábamos construyendo nuestra historia y yo la seguiría dondequiera que fuera. Le daría todo de mí.
FIN