Capítulo 30
Ada
—Enseguida regreso —le informé a la clienta que tenía esa mañana.
No sabía por qué, pero llevaba una semana con demasiados sofocos y mareos. A pesar de que en la oficina hacía un calor suave, gracias a la calefacción, seguía notando que mi cuerpo era un maldito horno.
Y no mejoraba ni un poquito.
Estaba harta de sentirme de esa manera, como si mi cuerpo estuviera advirtiéndome de que algo no estaba bien.
Fui al baño y me encerré allí unos minutos, refrescándome la cara y la nuca con agua.
También tenía algo más de acné, lo cual no era algo habitual en mí. Casi nunca me salían granitos, ni siquiera cuando era adolescente, y de pronto mi cara era el festival de las espinillas.
Lo odiaba.
Y odiaba sentirme hinchada y pesada todo el maldito día.
Respiré hondo un par de veces y me retoqué un poco el maquillaje. No quería darle una mala imagen a la cliente que me esperaba en mi despacho.
No quería que me echaran del bufete por parecer un perro bajo la lluvia.
Tras aplicarme un poco de colorete y rímel, regresé a mi oficina, decidida a empezar el día con buen pie.
Pero a medio camino me crucé con un compañero, que venía de la cafetería de abajo. En la mano llevaba un café y un sándwich de queso y jamón.
El simple olor del pan tostado me revolvió el estómago.
Tuve que volver sobre mis talones y correr hacia el baño para vomitar.
Algo no andaba bien conmigo.