Saga Sin Reglas Capítulo 21
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Capítulo 21

Max

—Parece que tú siempre vas a ser el tío favorito —comentó Cayden cuando vio cómo Pierre me echaba los brazos al cuello, nada más verme.

—De momento soy el único que tiene. A menos que haya aumentado la familia y no me haya dado cuenta.

Mi hermana bufó.

—El único que tiene un deseo insano de tener hijos eres tú, no papá y mamá. Además, se han ido a la India de viaje de novios. ¿Te lo puedes creer?

—¿Qué tiene de malo?

—Pensaba que ya no se querían —confesó mi hermana, aprovechando que estaba libre para poder robar los canapés del plato sin que su hijo se lo arrebatase por el camino—. No paraban de discutir por todo.

—Siempre han discutido por todo —le recordé.

—Ya, pero era muy exagerado. Y de pronto vuelven a quererse muchísimo —añadió ella, confundida.

No quería admitir que el viaje se lo había pagado yo a nuestros padres con la intención se acercarlos un poco. Porque no tenía sentido que siempre se quedaran en Londres, anclados a la rutina, cuando había tanto mundo por ver. Y más ahora que estaban jubilados los dos.

—Dales un poco de tiempo —es todo lo que dije.

Pierre me agarró la carita con las manos, llenándome las mejillas de babas. Sonreí como un idiota.

Los niños eran adorables. Y quería tanto ser padre.

Pero estaba complicado. Sobre todo, porque Ada todavía no aceptaba mi trato escandaloso.

Y desde que nos acostamos juntos, unos días atrás, no paraba de pensar en besarla de nuevo. En tenerla desnuda, en mi cama, mientras le provocaba un orgasmo detrás de otro.

—Muy bien. Pero si se divorcian, yo me pido quedarme con papá —bromeó Maddison.

Puse los ojos en blanco.

Estaba claro que mamá siempre había sido más estricta que papá. Los dos lo sabíamos. Por eso, cuando éramos unos críos, siempre debatíamos quién se quedaría con quién en caso de que decidieran divorciarse. Y luego los dos debatíamos sobre quién merecía quedarse con papá.

Aunque queríamos a los dos por igual, por supuesto.

Eso me hizo pensar en el trato que le propuse a Ada.

A lo mejor ella tenía razón y era una locura criar a un niño con padres separados. Padres que se veían de vez en cuando y tendrían otras parejas. Padres que no se amaban.

Ningún niño merecía tal cosa.

—¿Qué pasa? De pronto has puesto la misma cara que cuando pierdes un caso —comentó Cayden, con una ceja enarcada.

—Estaba pensando en el trato que le propuse a Ada.

—¿Lo de tener un hijo con ella?

Asentí un par de veces con la cabeza.

—Creo que cometí un error.

—Bueno, menos mal que te das cuenta —dijo Cayden—. Solo has necesitado dos semanas.

Maddison le dio un codazo.

—La idea se la di yo —le dijo su mujer.

Cayden la miró como si le faltase un tornillo.

—¿Hablas en serio? —Cayden sacudió la cabeza—. Hermanos teníais que ser.

Fue mi turno de darle una patada por debajo de la mesa.

Cayden se alejó de nosotros un poco.

—¿Por qué dices que fue un error? —preguntó mi hermana.

—Ningún niño se merece vivir de una casa a otra, sin estabilidad alguna.

—Bueno, eso no es técnicamente tan malo. Sería un niño amado y lo notaría, así que crecería feliz —insistió Maddison.

—Ya. Pero me acosté con Ada —solté de golpe—, y ahora tengo la impresión de que me llama la atención más de lo que creía.

Tanto Cayden como Maddison intercambiaron una mirada silenciosa.

Los odié un poco.

Esa era la clase de conexión que dos personas mantenían cuando se amaban y se transmitían todo a través de los ojos.

—Ya veo. Ahora quieres el pack completo, ¿no? —dijo Cayden, cruzándose de brazos—. La madre, el bebé y la hipoteca.

Fui incapaz de negárselo, porque básicamente ese era el resumen.

Me atraía Ada y soñaba con dejarla embarazada. Con conocerla más a fondo, besarla siempre que me diese la gana, y ser correspondido. Ser algo más que un polvo aislado.

Y eso jamás me había pasado.

Pero con Ada todo era tan intenso, tan inesperado, que no podía buscarle lógica porque no la tenía.

—Sí —admití—. Es lo que quiero.

Maddison bufó.

—¿Por qué ella? ¿Por qué no las demás? Has tenido novias para aburrir, Max —me recordó mi hermana—, y nunca te interesó nada de esto.

—Quizá ninguna despertaba mi interés —encogí un hombro. Pierre me tiró del pelo y se rio—. Quizá mi reloj biológico va con retraso.

—Ya veo —repuso ella—. En ese caso, siempre puedes tantear el terreno. Ver si ella te corresponde. Porque si se ha acostado contigo, es que hay deseo y atracción, como mínimo.

—Y hoy día todo el mundo empieza a salir después de un polvo —añadió Cayden.

Dudaba mucho que Ada fuera de ese tipo de persona. Me daba la impresión de que le gustaba ser cortejada y mimada, que mostraran interés real, y no ser simplemente una más en una lista.

Y eso me gustaba, porque yo ya me había cansado de citas y relaciones que no llevaban a nada.

—Supongo que puedo intentarlo.

—Simplemente no seas tan vehemente con lo del bebé —sugirió mi hermana—. Tiene que ser jodido escuchar cómo el tío que te hace mojar las bragas quiere encajarte una criatura en el útero a cualquier precio.

Cayden trató de disimular una carcajada.

Yo torcí el gesto.

Tenía razón, desde luego. Por eso mismo me lo curraría con Ada.

Para que viese que me gustaba de verdad y que no solo buscaba convertirla en la madre de mi hijo.