Sabía que no debía esperarte (Los Vaughan: Secretos de Londres nº 5) CAPÍTULO 30 La respuesta de Mayfair
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CAPÍTULO 30 La respuesta de Mayfair

Claire

La biblioteca se ha vuelto fría. La madera de los paneles cruje bajo las embestidas de un viento del norte que arrastra el sonido del oleaje, recordándome que estamos suspendidos en una franja de tierra donde la noche nunca es del todo silenciosa.

Leo se ha quedado dormido en el sillón de orejas, con la cabeza ligeramente inclinada hacia el hombro y un cuaderno técnico abierto sobre las rodillas.

Incluso en el sueño, mantiene el ceño fruncido y una mano apoyada sobre el reposabrazos, como si su propio cuerpo se negara a abandonar la guardia.

No he querido despertarlo. Me he limitado a echarle mi abrigo de lana por encima de los hombros y a sentarme en el suelo, con la espalda apoyada contra su asiento, vigilando la pantalla del móvil.

Faltan menos de siete horas para que Lisboa abra sus oficinas.

Mi estudio, el equipo, los contratos firmados en el Algarve...

todo flota en el limbo digital de los tribunales de comercio portugueses.

Sé el precio de lo que he hecho. Sé que al pulsar el botón de envío he dejado que el falso techo de mi vida profesional se venga abajo.

Pero la sensación que tengo no es de pánico; es una lucidez helada.

A las 02:12 h., la pantalla negra del teléfono se ilumina.

El aparato vibra sobre la caoba con un zumbido corto que me eriza el vello de los brazos. No es una alerta del fondo de inversión. No es un correo de Duarte, ni la previsible respuesta enfurecida de Miller desde los servidores corporativos de Blackwell son una pecera.

La anotación preventiva que enviamos antes de la medianoche no ha necesitado llegar a los tribunales del condado para surtir efecto.

Ha golpeado directamente en el centro del objetivo.

El hilo del que tiramos en el subsuelo estaba conectado a una alarma que ya está sonando en algún despacho a trescientos kilómetros de aquí.

Bloqueo la pantalla, devolviendo la estancia a la penumbra dorada del farol de queroseno.

No sabemos todavía dónde está Evelyn Vale. Pero Evelyn Vale acaba de demostrar que sabe exactamente dónde estamos nosotros.