10
Davis
«S
an Angelo».
El nombre sigue rebotando en mi cabeza, una y otra vez. No puedo dejar de darle vueltas desde que Riley lo mencionó. Para ella, puede que no signifique mucho, pero para mí lo es todo. O al menos, lo fue, hasta que decidí no volver nunca más.
La última vez que pensé en San Angelo fue cuando descubrí lo que Jacklyn había pasado allí con mis padres.
Desde entonces, corté todo contacto con ellos.
No volví. Me prometí que no habría nada en ese lugar que pudiera hacerme regresar.
Así que, ¿por qué de repente siento que Riley está trayendo de vuelta recuerdos que creía enterrados?
Me siento atrapado entre lo que debería ser un evento trivial y lo que mi mente está procesando.
Sigo sonriendo y saludando a la gente que se acerca, pero mi cabeza no para de girar en torno a San Angelo y a lo que Riley representa.
No sé cuándo se fue ella ni por qué, pero lo cierto es que nuestros caminos nunca se cruzaron. O al menos, eso creo.
No he vuelto a San Angelo desde que todo explotó con mis padres.
Todo lo que descubrí por Jacklyn, sobre lo que vivió, cambió la forma en que veía ese lugar, y supe que no tenía más que dejar atrás.
Pero ahora, con Riley... con su simple mención de San Angelo, me doy cuenta de que ese pasado no se ha ido. Está aquí, acechando.
Salgo al balcón para tomar aire, tratando de ordenar mis pensamientos. El aire frío es un alivio contra el bullicio de la gala, pero nada de lo que hago puede sacarme de la cabeza la idea de que hay algo que no estoy viendo, algo que falta en todo esto.
Miro hacia el salón y veo a Riley, manteniéndose más al margen que nunca. No está interactuando mucho, lo justo para no llamar la atención, pero puedo notar que no está cómoda. Parece casi tan fuera de lugar como yo me siento ahora.
No sé cuántos anos tiene exactamente, pero debe ser de la misma edad que Jacklyn. Algo dentro de mí me dice que debería haberla conocido, que nuestros caminos debieron haberse cruzado en algún momento en ese pequeno pueblo. Pero no hay recuerdos de ella. Es como si no existiera en mi memoria.
Escucho pasos ligeros detrás de mí y me giro justo cuando Riley aparece a mi lado.
No dice nada al principio, simplemente se apoya en la barandilla a una distancia segura.
Me pregunto qué está pensando. ¿También le pesa San Angelo?
¿Por qué lo mencionó de una forma tan casual cuando para mí es todo lo contrario?
—¿Estás bien? —pregunta, su voz suave.
—Sí —respondo automáticamente, aunque sabemos que no es del todo cierto—. Solo necesitaba un poco de aire.
Nos quedamos en silencio un momento, y aunque las luces de la ciudad parpadean ante nosotros, mi mente sigue atrapada en San Angelo, en lo que pasó, en lo que dejé atrás. No quiero hablar de ello, pero no puedo evitarlo.
—San Angelo... —comienzo, sin saber realmente a dónde quiero llegar—. No sabía que eras de allí.
Ella se tensa ligeramente. Es casi imperceptible, pero lo noto. No me mira, sigue con la vista fija en el horizonte, como si no quisiera enfrentarse a lo que acabamos de descubrir.
—No lo mencioné antes —dice al fin, su voz tan baja que casi parece un susurro—. No es algo de lo que hable mucho. Además, no lo había sentido como algo relevante.
Hay algo en su tono que me dice que hay más de lo que está dispuesta a admitir. Sé que no debería seguir preguntando, pero no puedo evitarlo. La curiosidad me carcome.
—Me sorprende que no nos cruzáramos —digo, buscando algo, cualquier cosa que me dé una pista sobre quién es realmente Riley—. San Angelo no es tan grande.
Ella finalmente me mira, pero sus ojos están llenos de algo que no puedo descifrar. Dolor, tal vez. ¿Miedo? Es difícil decirlo. Pero lo que sé con certeza es que algo en su pasado en San Angelo le está afectando tanto como a mí.
—Me fui hace mucho tiempo —dice finalmente—. Y no fue un lugar en el que quisiera quedarme.
Sé que lo que dice es cierto. Lo siento en su voz.
Pero también sé que no está contándome toda la historia.
San Angelo fue un lugar difícil para muchos de nosotros.
Me fui porque no podía soportar lo que supe sobre mi familia, sobre lo que Jacklyn había vivido.
Pero Riley... ¿qué le ocurrió a ella? ¿Por qué se fue?
—¿Qué pasó? —pregunto suavemente.
Ella baja la mirada, jugando con la copa que sostiene en sus manos. Sé que he tocado un tema delicado, pero necesito saber más. Necesito entender por qué ella también dejó ese lugar atrás.
—Es complicado, Davis —responde después de un largo silencio. Siento que cuando usa mi apellido hay algo diferente entre ambos—. No es algo de lo que me apetezca hablar ahora.
Asiento lentamente, aunque su respuesta no me deja satisfecho. Hay más en su historia, pero no me corresponde presionar ahora. Yo mismo soy reservado con todo lo que dejé en aquel pueblo.
—Lo entiendo —digo, aunque por dentro sigo dándole vueltas a lo que ha quedado sin decir.
Nos quedamos en silencio por un momento más. Miro a la ciudad bajo nuestros pies, pero mi mente sigue anclada en San Angelo, en lo que dejé atrás, en lo que ella dejó atrás. ¿Qué significa todo esto? ¿Qué compartimos realmente?
El sonido de la música y las risas dentro del salón interrumpe mis pensamientos. Sabemos que tenemos que volver, que la noche aún no ha terminado.
—Será mejor que volvamos —dice Riley, soltando un suspiro mientras se aparta de la barandilla.
Asiento, aunque mi cabeza sigue enredada en las preguntas que aún no tienen respuesta. Mientras caminamos de regreso al salón, nuestras manos se rozan ligeramente, y por un segundo, casi parece real. Pero luego recuerdo el contrato, las reglas, y la línea que no podemos cruzar.
Riley y yo estamos jugando un juego. Pero empiezo a darme cuenta de que no tengo todas las piezas.
Mientras nos dirigimos de vuelta al salón, el aire se siente cargado con una mezcla de música suave y murmullos emocionados.
La luz del lugar parece casi deslumbrante, cada destello de cristal y cada rayo de luz me recuerda lo lejos que estoy de lo que solía ser.
Es difícil no dejar que mis pensamientos vaguen hacia San Angelo, pero una parte de mí quiere resistirlo.
Esta noche es sobre la gala, no sobre mi pasado.
La entrada al salón es un espectáculo. Una gran alfombra roja se despliega ante nosotros, flanqueada por cámaras de televisión y un grupo de reporteros ansiosos por capturar la próxima gran historia.
Mientras cruzamos la umbral, el sonido de las conversaciones se intensifica, y por un instante, me siento abrumado.
Es como si cada mirada estuviera juzgando, cada sonrisa tuviera un propósito oculto.
Esta es una gala donde se celebra el glamour, pero también donde se sostiene un espejo a la sociedad y sus expectativas.
Riley camina a mi lado, manteniendo la mirada baja, como si también se sintiera abrumada por la atención.
A pesar de que se esfuerza por mantener la compostura, puedo ver que la situación la incomoda.
Ella no es la típica chica que brilla en este tipo de eventos; su estilo es más casual, y esa esencia más auténtica la hace aún más interesante a mis ojos.
Me pregunto si, como yo, también está tratando de dejar atrás su historia.
Al entrar al salón, aunque ya haya venido a la gala del ano pasado, el decorado ostentoso me sigue sorprendiendo: candelabros brillantes cuelgan del techo, iluminando cada rincón del lugar con un brillo dorado.
Las mesas están dispuestas elegantemente, cubiertas con manteles de terciopelo oscuro y adornadas con arreglos florales deslumbrantes.
Es un ambiente que irradia riqueza y poder, pero a mí me parece un escenario irreal.
Puedo ver a las figuras influyentes de la ciudad, en trajes y vestidos de diseno, moviéndose con confianza.
Las risas resuenan y las copas de cristal tintinean, pero, a pesar de toda esta ostentación, hay un aire de superficialidad que me hace sentir incómodo.
Aquí, en este lugar brillante, todos parecen estar representando un papel, y yo no quiero ser uno más en esta función.
A medida que avanzamos entre la multitud, empiezo a sentir cómo la ansiedad de la noche se transforma en algo más profundo.
Los recuerdos de San Angelo siguen acechando, pero esta vez no quiero dejarlos entrar.
En lugar de eso, me concentro en la conversación a mi alrededor, en la forma en que los invitados intercambian comentarios sobre el juego, los contratos y la vida de los jugadores.
Riley sigue a mi lado, y aunque parece más reservada que antes, también me doy cuenta de que ella está absorbiendo cada detalle, observando cómo los demás interactúan.
Su forma de mirar me recuerda a la mía cuando era más joven.
Ambos estamos en el mismo barco, tratando de encontrar nuestro lugar en un mundo que parece tan ajeno a nosotros.
—¿Quieres algo de beber? —le pregunto, tratando de romper el hielo mientras nos acercamos a la barra. Siento que hay una barrera que se acaba de instalar entre ambos y por alguna extrana razón no me gusta nada.
—Sí, por favor —responde, y su tono es un poco más relajado. Pero incluso en este pequeno momento, puedo sentir que hay un peso que lleva sobre sus hombros.
Mientras esperamos nuestras bebidas, me permito observarla con más detenimiento.
Su vestido, aunque sencillo, se ajusta a su figura de una manera que la hace destacar sin esfuerzo, incluso con su escasa estatura llena el espacio más que ninguna de las otras mujeres que están aquí.
Su cabello rubio brilla bajo las luces, y cuando me mira, hay una mezcla de incertidumbre y curiosidad en sus ojos azules.
Me pregunto qué pasará por su mente. ¿Está tan atrapada en su pasado?