Rush (La Hermandad 2) 15 Rush #2
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15 Rush #2

Tengo un rechazo a punto de salir de mi boca cuando el sonido más dulce me golpea los oídos: una risa. No sabría decir qué tenía para destacar entre el gentío, pero algo llamó mi atención.

Alegría. El ruido suena como si la alegría pudiera embotellarse en forma de sonido.

Es un concepto tan interesante: la alegría.

En teoría, debería ser feliz. Tengo a mis hermanos y a la Hermandad, mi casa, mis coches, mi tecnología...

no me falta de nada. Y, sin embargo, no estoy seguro de haber sentido nunca lo que se siente con ese sonido.

Le doy la espalda a Jack mientras recorro con la mirada el bar abarrotado en busca del origen.

Un pelo ondulado de un rojo intenso es lo primero que veo.

Luego, el resto de ella aparece nítidamente.

Una camiseta rota de los Ramones, minifalda negra plisada, Vans blancas.

Es un maldito sueño erótico con curvas en todos los lugares adecuados.

Echa la cabeza hacia atrás y ese sonido alegre brota de sus labios y se posa en la multitud que la rodea.

Está de pie junto a dos chicas que se parecen mucho a ella, que también se ríen, pero no oigo esos sonidos. Solo el suyo.

Una brasa de algo extraño comienza en mis entrañas. Me recuerda al calor que sientes frente a una hoguera, lento al principio, y luego crece hasta que casi te quema y estás seguro de que vas a arder en cualquier momento.

Una cosita tan inocente para provocar una ola tan feroz de necesidad en mí. Doy un paso lejos de la barra cuando las luces se atenúan.

—¡Oíd! ¡Es jueves y nuestras aves cantoras han vuelto! —grita Jack desde detrás de la barra.

La multitud se calla y se gira hacia el escenario. Observo junto con ellos cómo el objeto de mi fascinación y las otras dos que se parecen a ella suben los pocos escalones del escenario rectangular al otro lado de la barra.

—¡Gracias, Jack! Soy Maddie, y estas son mis chicas, Alaina y Mary. Tenemos un par de canciones nuevas para vosotros esta noche. ¡Espero que os gusten!

No puedo apartar la mirada de la chica del medio. Me muero por oír cómo suena su voz envuelta en notas musicales.

Me obligo a quedarme quieto y no actuar según mi impulso de llevármela del escenario y esconderla en mi ala de la casa. El impulso territorial es suficiente para hacerme dudar, pero entonces abre la boca y canta.

Y, joder, Jesús, cómo canta.

El corazón me late con fuerza y me sudan las palmas de las manos, y me siento como un puto idiota. Ayer mismo vi a mi hermano impartir justicia sobre un cabrón que intentaba traficar con menores en la parte trasera de nuestro puerto. Ni siquiera parpadeé.

Y aquí estoy, sudando joder, por una pajarilla con una camiseta de un grupo llena de agujeros.

¿Qué cojones está pasando?

Una mano me golpea el hombro y apenas consigo frenar a tiempo el impulso de echar mano a mi pistola. —Jesús, Jack. ¿Quieres seguir respirando? —gruño—. Entonces no te acerques por sorpresa a un hombre de esa manera. —Respiro con dificultad mientras lo fulmino con la mirada.

Jack levanta las manos en señal de rendición y da medio paso atrás. —¿Estás bien, Rush?

Hago rodar el cuello y respiro hondo. Estaba tan absorto en su interpretación de (Love is Like A) Heat Wave que bajé la guardia y Jack, de entre toda la gente, se me acercó sigilosamente. Ese tío es un exboxeador pelirrojo de casi dos metros; no se le acerca sigilosamente a nadie.

—Sí. Estoy bien. —Las palabras son cortantes. Un rubor empieza a subirme por el cuello. Lo veo asentir por el rabillo del ojo.

—Esas son las aves cantoras. Vienen casi todas las semanas.

Asiento y mantengo mi atención en las tres pelirrojas del escenario.

—Son buenas, ¿eh? —pregunta mientras se para a mi lado. Las chicas han empezado a cantar una canción de Taylor Swift, y todo el bar se ha unido al estribillo. Es jodidamente raro... y extrañamente entrañable.

—Sí, son buenas —murmuro—. ¿Me haces un favor, Jack? Llámame siempre que estén aquí, ¿vale?

Siento sus ojos en mí, pero no aparto la mirada de la del medio. Él asiente aceptando y luego no hablamos durante el resto de su actuación.

Me marcho de O’Malley’s justo cuando mi pajarilla baja del escenario. No puedo evitar la sonrisa que se extiende por mi rostro. Tengo planes que hacer.

Me ofrecí a pasar por O’Malley’s de nuevo el viernes siguiente. Y el siguiente. Y antes de darme cuenta, estaba contando los días, los minutos, hasta que volviera a verla.

Despertó mi curiosidad aquella noche, pero cada vez que la veía, me atraía un poco más. Me cautivó, y yo estaba totalmente centrado en ella.

Realmente no pensé más allá de meterla en el círculo con mis hermanos. No podía pensar más allá de eso: era mi objetivo a largo plazo y, lo reconozco, no me preparé para esta parte de la relación. Y no me refiero al puto secuestro.

—¿Qué pasa ahora? —Sus labios rozan mi camisa con cada palabra.

Sigo deslizándole la mano por la columna y siento que se relaja. —Ahora nos mantendremos discretos un tiempo. Nos quedaremos aquí dos semanas...

—¿Dos? ¿Pensaba que solo nos quedaríamos aquí unos días? —Sully me interrumpe. Lo miro por encima de la cabeza de Alaina, pero no deja traslucir mucho.

Asiento. —Así era, pero luego me di cuenta de que tenemos unas cuantas cosas diferentes que resolver, y este es el lugar más seguro para que lo hagamos.

—Lanzo una mirada intencionada a mis dos hermanos, esperando que lean entre líneas: tenemos que averiguar quién se llevó a Alaina, qué está tramando Da y quién cojones ordenó matarla—.

Además, quiero que Alaina reciba algo de entrenamiento en defensa personal.

—Sí. Es una buena idea. Yo me encargaré de las armas —dice Wolf con un asentimiento.

Miro a mi otro hermano. Su postura rígida y su ceño fruncido no me asustan.

—Bien —dice Sully entre dientes—. Todas las mañanas, estará conmigo para defensa personal.

—Y yo le explicaré algunos aspectos... más técnicos.

—¿De verdad vamos a hacer esto entonces? ¿Simplemente la vamos a meter en el círculo así como así? —Sully alterna su mirada fulminante entre Wolf y yo—. ¿Qué va a decir Da de esto? Joder, ¿qué va a decir la Hermandad?

Levanto una ceja ante su desafío. —Ese fue siempre el plan, ya lo sabes, Sully.

—Entrar en Summer Knoll fue suficiente para incitar una guerra, pero ¿llevarnos a nuestra chica de esa manera? —Wolf levanta una ceja mientras mira a Sully—. Lo están pidiendo a gritos. Y yo se lo voy a dar.

La sonrisa maníaca de Wolf coincide con la mía.

La gente suele juzgarme mal porque la violencia física no es mi primer recurso cuando estoy destruyendo a alguien.

No es que esté por encima de ello, porque no lo estoy.

Pero prefiero desmantelar a una persona sistemáticamente, paso a paso: finanzas, ahorros, propiedades, integridad, credibilidad, reputación, etc.

El resultado es mucho más dulce que un tiro en el pecho y otro en la cabeza. Aunque he hecho ambas cosas muchas veces.

—Sí —dice Sully con un asentimiento—. Pero estás hablando de revelar secretos de la Hermandad, y no puedo evitar preguntarme qué pensará Da de este movimiento.

—Él siempre ha sabido que esto era una posibilidad: que sentáramos la cabeza. Además, deberíamos estar más preocupados por lo que cojones ha estado tramando. No por si aprueba o no a nuestra chica.

Sully asiente un par de veces y une las puntas de los dedos, apoyando los brazos en las piernas. —Cruzaremos ese puente juntos.

Algo dentro de mi pecho se afloja ante sus palabras. Esa es la mejor rama de olivo que voy a recibir por su parte.

—Juntos —murmuramos Wolf y yo al unísono.

Alaina se aclara la garganta. —No es la primera vez que me habéis llamado vuestra chica. Y siento que... tal vez es algo de lo que todos deberíamos hablar. Juntos. —Mira a Sully cuando habla.

Él se pasa una mano por la cara antes de mirarme sacudiendo levemente la cabeza.

Me pellizco el puente de la nariz cuando siento que empieza a formarse un dolor de cabeza. No he dormido mucho desde que llegamos aquí y me está pasando factura ahora.

—Vamos a ir día a día, Pelirroja, ¿vale?

—Vale, Wolf. Día a día —dice ella, mirando a los tres.

Sully exhala y se tamborilea los labios con las yemas de los dedos. —¿Y cómo vamos a encontrar a los cabrones que están detrás de esto?

—Tengo algunas pistas. Y Ro King ya ha empezado a investigar.

—¿Quién es Ro King? —me pregunta Alaina.

La miro, con la mano aún rodeando su muslo. —Un amigo que nos ayudará a descubrir quién te hizo esto.

—¿Cómo? ¿Pensaba que no sabíais quién estaba detrás de esto? —Su mirada va de un lado a otro, conectando con los tres.

Después de un momento, decido lanzarme de cabeza. —Es un hacker. Todos los King han aceptado ayudarnos y, aparte de nosotros —nos señalo a mis hermanos y a mí—, son los mejores en lo suyo. Y lo que es más importante, confiamos en ellos.

Me escudriña la mirada antes de asentir. —Vale. ¿Qué puedo hacer yo para ayudar?

Oigo el suave bufido de Sully, pero Alaina está demasiado ocupada mirándome para notarlo; menos mal. Parece que él necesitará un empujón mayor. Tendremos que ver cómo va el entrenamiento con Alaina.

—Nada más allá de lo que ya hemos hablado, cielo. —Puntualizo mis palabras apretándole el muslo—. Tenemos trabajo que hacer, hermanos. Contactad también con vuestros enlaces. Tal vez tengamos suerte y alguien se haya ido de la lengua. Hay móviles desechables en la isla de la cocina.

—¡Oh, dios! Tengo que llamar a mis primas.

—Imaginé que querrías hacerlo. Hay de sobra en la cocina. Coge uno y llámalas. —Indico con la cabeza hacia la isla de la cocina.

Alaina se inclina y me planta un suave beso en la mejilla. —Gracias.