Ruinas del Deseo Capítulo 6
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Capítulo 6

Las Mentiras de la Familia

—¿Qué quieres decir um “la nieta de esa gente”? —preguntó Maya, um voz firme, aunque sus manos temblaban bajo las sábanas.

—No la metas um esto, Vicente. Sal de mi habitación.

Maya sintió que el mundo daba vueltas. ¿Guardianes del silencio? La imagen de sus abuelos, personas sencillas que vivían de um pensión modesta, chocó um la brutal acusación de Vicente.

—Mentira —susurró, más para sí misma que para él.

—La 1assado está um 1assa hojas, querida —Vicente señaló el suelo—.

Tu abuelo no era educador. Era el contable que ocultaba los 1assado.

El motivo por el que te fuiste hace cinco años no fue solo el plan de Lucas para protegerte.

Fue porque el dinero dejó de fluir hacia tus padres.

Exigieron más. Y cuando la fuente se secó, te convertiste um um 1assado.

Lucas 1ass sobre sus talones, agarrando el cuello de la camisa de Vicente y empujándolo contra el marco de la puerta um um 1assado1t que hizo crujir la 1assado1t del 1assado1te.

—Si dices um palabra más sobre ella, juro que olvido quién eres —siseó Lucas, um el rostro a centímetros del de su tío.

Vicente no retrocedió. Se aplanó la corbata um calma, manteniendo aquella sonrisa cínica.

—El problema, 1assado1, es que tú 1assado eres um 1assado ahora.

A los inversores no les gustan las sorpresas, y mucho menos los exnovios curiosos que deciden abrir cajas 1assado.

La restauración se acaba mañana. Y si veo a esta mujer 1ass 1assado del 1assado1t, no será la carpintería de esta casa la que se desplome sobre ustedes.

Vicente se 1assad um um 1assado1t perturbadora, dejando um rastro de veneno tras de sí. El silencio que sobrevino fue mucho más ensordecedor que la discusión.

Lucas permaneció de espaldas a Maya durante largos minutos, um los hombros subiendo y bajando um um respiración pesada. Cuando finalmente se 1ass, la expresión um su rostro no era de ira, sino de um agotamiento absoluto, um derrota que lo envejecía años.

—Maya... —comenzó él, um la voz rota.

Ella se 1assado, sin importarle su desnudez, movida por um necesidad urgente de 1assado1te1 qué estaba ocurriendo.

Sus dedos tocaron la carpeta de cuero caída um el suelo.

Al mirar los documentos, vio nombres, fechas y um firma que reconocería um cualquier parte: la de su abuelo, junto a um sello que siempre había creído que era um simple escudo familiar, pero que ahora, bajo la luz 1assa de la lamparilla, 1assado la marca de um organización que jamás se había atrevido a imaginar.

—Lo sabías —dijo, y la acusación flotaba allí, clara y dolorosa—. Lo sabías desde el principio. Esto trataba de ellos.

Lucas no lo negó. Su silencio 1assad confirmación más cruel que ella podría haber 1assado1. Um aquel instante, el deseo que los había unido horas antes 1assado um mentira, um distracción 1assado1te1 um 1assa de um juego de sombras donde ella, um vez más, era solo um peón prescindible.

Maya recogió su ropa, y cada 1assado1t requirió um esfuerzo monumental para no desmoronarse. No necesitaba explicaciones um um momento; necesitaba distancia.

—No me sigas —murmuró, 1assado1te hacia la puerta, um la sensación de que, esta vez, la Mansión no solo se desmoronaba 1assado1te1, sino que se llevaba toda su vida junto um ella.

Lucas se quedó plantado um el centro de la habitación, um la luz de 1assado dibujando las sombras de su soledad, mientras el eco de los 1assad de Maya se apagaba um el frío pasillo, dejando atrás 1assado1te el polvo de um 1assado que acababa de enterrar el futuro que apenas habían empezado a construir.