Romance de verano para chicos perdidos EPÍLOGO
100%

EPÍLOGO

DESPUÉS DEL VERANO (Y ESTANDO UN POCO MENOS PERDIDOS)

JOSH

El verano concluye antes de que pueda saborear los últimos atardeceres en el puerto de Palma.

Parece mentira que hayan pasado tres meses de una manera tan frenética.

Y lo que más irreal me parece es que ahora mismo tenga la cabeza sobre el pecho de Isaac mientras respira con remanso y duerme como un maldito tronco.

Ni siquiera sé qué hora es, pero eso dejó de importarme el último verano.

Ahora vivo con libertad y un poco de ansiedad al saber que las resoluciones para el Mejor Trabajo Final están a la vuelta de la esquina.

Después de que mi tutor insistiera en presentarlo tras una evaluación perfecta con una matrícula de honor, no me quedó de otra opción más que inscribirme.

También lo hice en un festival amateur en el que he conseguido colarme con otros muchos nombres internacionales.

Aunque no sé cómo narices he conseguido llegar aquí.

—Isaac —Lo zarandeo con delicadeza—, levántate ya o llegaremos tarde.

—Aún tenemos una hora para prepararnos.

—Sabes que Elisa quería que estuviéramos allí treinta minutos antes.

Nuestra amiga va a inaugurar su nueva cafetería-librería en el centro de la ciudad. Lleva meses trabajando en ello. Los mismos que llevo yo en Mallorca después de que tomara la decisión de quedarme aquí durante el resto del año mientras decido qué quiero hacer con mi carrera profesional.

Maia terminará su turno en la tienda de piedras preciosas en la que está trabajando en unos minutos y pasará a recogernos con Joan cuando termine los entrenamientos de su equipo de fútbol.

Ahora, además de socorrista en verano, también es un entrenador estirado en un club de críos aficionados. Está viviendo su mejor vida.

Dylan está trabajando en el concesionario de coches que tiene su padre y, honestamente, eso nos ha venido de perlas a mis abuelos y a mí, que hemos decidido jubilar al pobre escarabajo amarillo y comprarnos uno más actualizado.

Aunque llevados por la nostalgia, aún seguimos conduciendo nuestro escarabajo (espero que no se entere la dgt porque no hemos pasado la última itv).

Andreu se despidió de nosotros hace unas semanas antes de marcharse a Australia de intercambio médico para lucrarse de la sanidad en otro país y, de paso, perderme un poco de vista (por lo visto, aún no había superado del todo lo nuestro, tal y como él ya me había dicho).

—Quiero quedarme aquí para siempre —balbucea contra mi cabeza.

Isaac ha conseguido ahorrar un poco para comprarse un barquito en el que ayuda a su padre con la pesca y en el que, de vez en cuando, pasea a varios turistas a cambio de un tour por las calas más emblemáticas de la isla.

Se está ganando bien la vida y lo que más le importa es que está cerca del mar.

—Venga. Levántate ya. —Me desperezo y me separo de él, poniéndome en pie y alzando la persiana.

—Eres malo… —se queja, frotándose los ojos ante el contacto inminente de la luz del día contra su visión—. ¿Iremos luego a la piscina?

—Dudo que mi profesor me permita faltar a la clase.

—Tienes que perfeccionar tu técnica de nado de mariposa —apunta, sentándose sobre el colchón aún con el rostro adormilado y una expresión tierna.

—Idiota.

—¿Así le hablas a tu profesor? Hoy darás treinta vueltas a la piscina.

Isaac lleva dándome clases de natación desde hace un mes. Aprovechando el fin de la temporada de verano, se empeñó en que era necesario que aprendiera a mover los brazos. No solo para no volver a confundir a ningún socorrista, sino para impedir que me ahogue.

Aunque, si es él el encargado de salvarme, estoy dispuesto a hacer un sacrificio.

—En tus sueños —le replico, cogiendo mi sudadera del suelo.

—En mis sueños apareces mojado, pero de otra manera.

Le lanzo un cojín a la cabeza, y eso lo espabila casi al instante.

—Venga. Vamos a llegar tarde —le vuelvo a decir.

—Me encanta enfadarte, Joshua. —Se levanta de la cama y se acerca a mí. Me abraza por la cintura y me propicia un tierno beso en los labios—. Me encantas, Joshua. Me flipas, de hecho.

Y, así, bajo el dibujo añejo y casi desaparecido de mi habitación, termina esta historia.

FIN