Reino de mentiras y oscuridad (Nargrave 2) CAPÍTULO XLI #2
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CAPÍTULO XLI #2

—Maldita sea, nunca me ha gustado el fuego —dijo ella entre dientes. Yo arrugué el ceño y me crucé de brazos, echándole una mirada aún peor.

—Una niña no debería decir esas palabras.

—Soy cocinera, no solo una niña.

—¿Y qué?

—Que si soy suficientemente adulta como para servir a gente también lo soy como para maldecir. Al menos, creo que tengo el derecho de hacerlo en mi planta, en la madrugada, cuando nadie debería estar aquí además de mí.

Casi me atraganté con mi propia saliva.

—Ah…Sí, claro. Es solo que…—Tuve que detenerme durante un instante.

Al final, decidí que ni siquiera le preguntaría cómo parecía tan segura de sí misma cuando antes no parecía haberlo sido, porque no estaba en condiciones de hacerlo.

No la conocía lo suficientemente bien, así que tan solo cambié de tema —: ¿Toda esta planta en solo para ti?

—Dioses, he sido demasiado desconsiderada, ¿verdad?

Es que estoy agotada. Un funeral no es bueno para nadie, sobretodo cuando las criaturas Razha están fuera de control porque no tienen alimento y bueno…

No sé, simplemente llevo toda la madrugada intentando dormir y cuando por fin lo consigo Cade y Asha vienen a desvelarme.

No me malinterpretes, nunca podría hablar mal de ellos, es solo…

Perdón, ¿qué me habías preguntado? Estoy taan dispersa últimamente.

—Escuché sus pisadas alejándose y la seguí a tientas, mientras intentaba dejarme guiar por el sonido.

Esa sensación de que alguien está mirándote no es real, Evelyn.

Es tu imaginación jugándote una mala pasada.

Me repetí hasta la saciedad, mientras clavaba la punta de mis pies en uno de aquellos charcos helados y me regocijaba interiormente de la quemazón —.

Vas a tener que disculparme, Evelyn, pero no me acuerdo.

De cualquier forma, no importa. Dime, ¿puedo ayudarte en algo?

Sé de algunos remedios para dormir realmente milagrosos.

¿Había ignorado abiertamente mi pregunta? No, Clarén no haría eso. Ella era una niña encantadora, buena y muy amable. Al menos, eso me había parecido por las horas que habíamos compartido juntas .

Sí, probablemente todo fuera una confusión. Quizá simplemente se le habría olvidado.

Deja de ser tan paranoica, Evelyn.

—Sí, claro, es justamente eso. —Solté una risa nerviosa —. La vigilia es de lo peor. Sobretodo cuando te persigue durante largas noches.

—Ven, sígueme. Calentaré un poco de agua y esto estará listo en nada, ¿de acuerdo? —Casi pude ver su sonrisa amable en mitad de la oscuridad. Casi. Sino fuera porque no veía nada.

Instantes después aquello tuvo remedio, ya que Clarén encendió una de las velas que se repartían por la gran cocina y la estancia se alumbró pobremente. Era tan solo una pequeña luz, pero fue más que suficiente.

En ese momento pude haber soltado un suspiro aliviado.

Me aferré con aún más fuerza a mis pieles, mientras ojeaba como la enorme niña tomaba la enorme tetera cristalina y a continuación dejaba caer dentro de ellas unas hierbas machacadas por un mortero.

—¿Qué es? —No pude evitar preguntar. Confiaba en aquella niña. Era una niña, por los dioses. Pero…quizá una parte de mí no se fiaba del todo.

Ella me miró. Su mirada parecía sincera, sus ojos grises tan cálidos como aquella cera seca que aún tenía sobre sus uñas.

—Es pasiflora. Seguro que la conoces como la flor de la pasión, ya que es como suelen llamarla. Es una hierba que ayuda a combatir la ansiedad y los problemas para conciliar el sueño. Créeme, una flor entera de esto machacada y sin nada de azúcar te hará dormir como un bebé laargas horas seguidas.

Fijé la mirada en mis dedos, mientras toqueteaba nerviosamente las pieles que caían de mis hombros con ellos.

Parecía pelaje de oso. Era extrañamente similar.

De tacto grueso, con un suave color crema pálido y trazos donde este se convertía en un pardo oscuro.

Sin embargo, según tenía entendido, no había ni una sola piel de animal en toda la casa.

Algo que no sabía cómo interpretar ya que la misma lana estaba hecha de…

Bueno, ¿qué más daba? ¿Por qué pensaba en eso?

Porque sabes que algo no va bien y estás nerviosa por ello.

—Mira, Clarén, si te soy sincera no he bajado por eso —confesé, mirándola de nuevo. Me agradaba aquella joven. Tal vez fuera infantil, pero sentía que podíamos crear una bonita amistad.

Y necesitaba una amiga en estos momentos. Aunque tuviera cinco años menos que yo.

—¿Pasa algo? ¿Estás bien? —me preguntó, ligeramente alarmada, mientras detenía súbitamente su acción de verter el agua caliente —la cual estaba adquiriendo un tono muy distinto mientras absorbía las propiedades de la pasiflora —en aquella enorme taza.

Pensé en contener las lágrimas, pero en ese momento me derrumbé. Sentí como todo el peso del mundo cayó sobre mí y como inexplicablemente las ganas de llorar me arrasaban. Quería llorar, necesitaba un abrazo, anhelaba echarme en una cama sin encontrar el rostro sin vida de mi madre justo al lado.

Así que di varias zancadas y me puse de puntillas mientras la abrazaba con fuerza. Sollocé contra su hombro y ni siquiera me sentí avergonzada por ello. Necesitaba estar mal. Hoy, simplemente, tenía que permitirme aquello.

Solo aquella noche.

Y cuando ella me correspondió aquel abrazo, no pude evitar esbozar una sonrisa lastimera entre las lágrimas.

—No estoy bien, Clarén. No lo estoy. —Hipé mientras sentía como mi corazón encogido se estremecía al sentir la seguridad de estar entre los brazos de aquella niña. Porque ella no me haría nada —. ¿Podrías…? ¿Podrías hacerme un hueco en tu habitación? Me vendría bien una noche con una amiga.

Ella se separó ligeramente de mí y me dedicó una enorme sonrisa. Al parecer, no era la única que se había sentido sola durante mucho tiempo.

—Bueno, siempre y cuando no le des importancia a dormir en una alacena bajo la escalera.

Esbocé una sonrisa y preferí pasar por alto el hecho de que dormía dentro de una alacena. En ese momento, no importaba demasiado el porqué teniendo una enorme casa dormiría bajo una escalera en la cocina.

—Eres una buena amiga, Clarén —murmuré, sabiendo que aquella noche dormiría un poco más tranquila.