CAPÍTULO XXIV #2
De nuevo, me consterné al silencio y a la oscuridad. A mis pensamientos más oscuros y a los recuerdos más terroríficos.
Al menos, hasta que la mujer con trenzas sucias y carmesíes se sentó justo frente a mí.
En sus manos había unas cartas: maltrechas, hechas de papel y con pinturas extrañas trazadas sobre ellas.
Aún así, podía claramente ver los números en la parte superior: I, II, III, IV…
Y así continuaba, hasta llegar a la última carta de la enorme baraja que Asha sostenía.
Yo fruncí el ceño.
—¿Qué es eso?
Ella me dedicó una enorme sonrisa justo antes de decir —: ¿Nunca has escuchado de los juegos de cartas? Este lo creé yo misma. No es demasiado complicado, así que es una buena forma de hacer amenas las horas que dure el viaje.
—¿Te parto las piernas y tú….quieres jugar a un juego conmigo?
Ella soltó una risa baja, acomodándose sobre las almohadas y soltando la baraja justo en el espacio entre nosotras.
Las cartas se desperdigaron y pude rápidamente ver algunos de los dibujos: una reina, un rey, hechiceros de cada una de las casas, comprados para un reino o instalados en algunas tierras como humanos, monstruos dibujados perfectamente sobre el papel con unas neutras expresiones, colores diversos y perfectamente cuidados pese al pésimo estado del papel donde se encontraban.
Casi suelto una carcajada al encontrarme de frente la sonrisa simpática de un kolbra. Entonces, Cade tomó aquella carta entre sus manos y me la enseñó con una gran sonrisa, susurrándome casi como si fuera un secreto:
—Ellos son mis amigos. Realmente son muy buenos conmigo, no como los otros niños.
Yo asentí en su dirección y esbocé una sonrisa mientras sus facciones arrugadas y alabastrinas se fruncían al sonreír libremente.
Reparé en que Asha estaba mirando a su hijo.
Y la forma en la que lo hacía…Aquel orgullo reluciente, ese amor interminable, ese deje de respeto en su rostro.
Aquello, pese a que aquella mujer no fuese de mi agrado desde lo que pasó en este mismo carro, fue precioso.
Tan precioso que casi pude silenciar a mis demonios durante un instante.
Entonces, la mujer le pidió a Cade que le devolviera la carta y mirándome de nuevo, comenzó a explicar: —Piensa en esto como el juego del círculo de las canicas, donde utilizan guijarros, huesos de frutas, o cualquier cosa que los niños tengan a mano para jugar.
Si no sabes de qué juego te hablo, básicamente consiste en trazar un círculo sobre la tierra y en colocar tus canicas más valiosas —si es que tienes —dentro de este.
Después, cada niño irá lanzando otras canicas intentando vaciar el círculo, ya que cada canica que saquen de el será suya.
Es divertido y definitivamente aquí también tendrás que conseguir despejar un sitio, pero para esto definitivamente necesitarás un poco más de cabeza.
Después de aquello, empezó a contarme el significado implícito de cada carta y como en su juego los monstruos eran los aliados que podías utilizar para la finalidad de la partida: conseguir salvar al reino.
Tu rol era aleatorio, simplemente una carta barajada que te tocase, aunque no podías ser una criatura Razha, ya que aquellas eran cartas solo podías conseguirlas robando mediante pasase el juego.
Dependiendo de qué carta te tocase, determinaba cuántas posibilidades tenías de salvar el reino.
Y, lo más curioso del juego, era que no competías con tu adversario, sino que más bien era tu aliado para que juntos pudieseis salvar al reino inventado del juego, llamado Eiker.
Pasó un rato, en el que Asha y yo compartimos risas, cartas que se desperdigaron y comentarios sobre cómo podíamos deshacernos del soberano malvado y su interminable ejército que atentaba contra Eiker.
Finalmente, puse la carta del ñacú sobre la mesa y muchos de los soldados de Eiker se desvanecieron en consecuencia.
Entonces, Asha me dedicó una enorme sonrisa justo antes de decir:
—La versión extendida del juego empieza cuando te tomas un brebaje que te hace verlo todo mucho más real.
—Créeme, Asha, que esté jugando contigo a este juego no significa que te haya perdonado por mantenerme inconsciente sin mi consentimiento.
—Tú me partiste las piernas, Éire —dijo ella, utilizando su turno para avanzar con su carta de marquesa en dirección al soberano malvado y su ejército.
—Detalles sin importancia. —Me encogí de hombros y señalé la carta de su castillo —. Vigila tus tierras, ahora que están desprotegidas pueden hacerse con ellas.
Y así fue. En la siguiente tirada, la carta robada fue ni más ni menos que la de la invasión. Y nos quedamos sin las tierras fronterizas que nos aventajaban. Ya que yo, para mí mala suerte, no era más que una humana que habitaba en Eiker.
Asha maldijo en voz alta.
Tras eso, pasaron más y más minutos y la partida no terminó. Todo fue un rato de estrategia, charlas sin importancia y alguna que otra risa. Ya que no podía negar que Asha, realmente, era alguien con quien las horas se te pasaban corriendo.
Cade hacía rato que había apoyado su cabeza en mi hombro y estaba dormitando sobre mí, mientras su madre y yo continuábamos robando cartas de monstruos, sacando las del soberano malvado y horrorizándonos cada vez que aquel hombre se acercaba más y más a Eiker y no podíamos detenerle.
Entonces, la partida terminó. Y Eiker fue tomado a manos de aquel hombre. Nosotras perdimos y acabamos huyendo del reino, sin nada más que nuestra compañía como baúl de viaje.
Solté un resoplido enfadado.
—Esto es increíble. Es injusto. Si no hubiéramos tenido la mala suerte de tocarnos la carta de invasión. —Miré a Asha, quien me ojeaba divertida —: No debería parecerte gracioso. Eiker está perdido. Y los monstruos…Por lo menos gracias a ellos estuvimos a punto de conseguirlo.
—¿Sabes una cosa, Éire? —me preguntó ella, recogiendo las cartas y volviéndolas a juntar en un montoncito.
—¿Qué?
En ese instante me miró.
—Que no creo que todo esto sea únicamente por venganza.
Hice una mueca, justo antes de decir —: ¿Has escuchado nuestra conversación?
—Complicado no hacerlo —respondió ella, volviendo a barajar aquellas cartas, dando por hecho que yo aceptaría el jugar otra partida. Aunque era cierto: hubiera jugado otra. De hecho, estaba deseando acabar con el puto hombre que nos había vencido.
—¿Y qué? ¿Por qué crees que no es sólo por venganza? No me conoces.
Ella me dio la carta que me había tocado: hechicera Razha. En su caso, fue Elaboradora. Fruncí el ceño, extrañada y su mirada relució.
—En los juegos de estrategia conoces mucho de una persona.
Y tú eres determinada, Éire. Eres valiente, impulsiva y darías lo que fuera por la gente a quien amas.
En este juego, casi lo sacrificas todo solo porque tu vida estaba en Eiker.
Así que, déjame sacar unas conclusiones de esto y es que yo creo que también lo haces por esos hechiceros, por los monstruos, por cada persona que sufrirá por la llegada de Eris.
Tragué saliva. Intenté parecer indiferente, aún así, supe que mi gesto me delató.
—¿Qué más da, Asha? Hagamos lo que hagamos, Keelan tiene razón: no vamos a vencerla. Acabaremos justo como en la anterior partida. Aunque sin ser compañeras, por supuesto.
Entonces, Asha robó una de las cartas de ventajas , para después tener que sacar en consecuencia otra del soberano. Por suerte, él no hizo nada y a Asha le tocó la ayuda de las bynges a cambio de lo que ella viese conveniente.
Ella eligió darle a la Bynge sus poderes.
—En la partida anterior yo era una marquesa y tú una campesina, Éire.
—Su mirada determinada casi pudo contagiarme aquel sentimiento —.
En esta realidad, yo soy hija de un duque y poseo el don de la elaboración y tú eres la última razha viva con el poder de crear monstruos a tu antojo.
Con el poder de arrebatar vidas también a tu antojo.
—¿Y qué significa eso?
—Que no nos hace falta un ejército para luchar contra Eris. Al menos, no uno humano.