Reclamando lo que es mío (Jugando con el Peligro 2) 27 Aubrey
97%

27 Aubrey

AUbrEY

Cuando llega el día de la cirugía de Aidan, ponemos caras valientes para él y para nosotros mismos, pero por dentro estoy hecha un manojo de nervios. No recuerdo la última vez que estuve tan preocupada y cuando se llevan a mi pequeño para arreglar su corazoncito, me desmorono.

Me giro, me refugio en los brazos de Killian y estallo en lágrimas. —¿Y si esa es la última vez que lo vemos?

—Aubrey, no pienses así. Tienes que mantenerte positiva —me dice Killian mientras me acaricia la espalda con su mano.

Hago todo lo que está en mi mano para controlarme, pero es jodidamente difícil. Aidan es mi bebé. El niño perfecto que Killian y yo creamos juntos. Si le pasa algo, no seré capaz de sobrellevarlo.

La cirugía va a durar, así que Killian y yo encontramos un rincón tranquilo en la sala de espera y hacemos lo único que podemos hacer: rezar, consolarnos mutuamente y esperar noticias del doctor McCall.

La preocupación me carcome el corazón y Killian hace todo lo posible por distraerme. Cuando empieza a hablar de su infancia y de los matones que se metían con él, ladeo la cabeza y observo los moretones amarillentos que aún se curan de su pelea.

—Me cuesta mucho imaginarte siendo algo más que ese niño pequeño, duro y peleador.

—Lo era —dice—. Pero aún así me daban una paliza todos los días.

—¿Pero por qué?

—Tenía una bocaza y, sorpresa, sorpresa, me gustaba pelear.

—Entonces, ¿cómo conociste a Mac?

—¿Viste Karate Kid?

—Claro. Me encanta esa película.

—Mac "El Cuchillo" Moretti fue mi señor Miyagi.

Entré en un estudio de karate con la nariz rota y un dedo dislocado, intentando no llorar y jurando venganza, cuando lo vi.

Estaba enseñando unos movimientos a un chico de mi edad y me quedé mirándolos, hipnotizado, casi media hora.

Cuando terminaron, me acerqué directamente a él y le dije que necesitaba aprender karate.

—¿Y se convirtió en tu maestro?

—No exactamente. Me preguntó por qué quería aprender y, mientras le contaba mi historia, me recolocó el dedo y le puso una tablilla.

Luego me dijo que el karate es más que pelear.

Se trata de superación personal y autodefensa.

Para ser honesto, esas palabras no significaron mucho para mí hasta este combate con Torres. Al fin lo entendí.

—¿Qué entendiste? —pregunto.

—Que podía ganar todas las peleas de mi carrera, pero si no tenía nada real por lo que luchar en mi vida, entonces no importaba.

Mi corazón se llena de tanto amor que apoyo una mano en su mejilla cubierta de barba incipiente. —¿Y ahora tienes algo por lo que luchar?

—Ahora tengo algo por lo que respirar —dice, con sus ojos azul oscuro brillando—. Tú y Aidan.

—Te quiero, Killian —susurro.

Killian me rodea con sus brazos y me arrima a su costado. —Gracias por salvarme —murmura mientras deposita un beso en mi cabeza—. Me has dado más que algo por lo que luchar. Me has dado una razón para vivir, Aubrey.

Las horas parecen arrastrarse y, a mitad de la cirugía, cuando Killian y yo volvemos de la cafetería tras una comida insípida de hospital, me detengo en seco. Mis padres están sentados en la sala de espera y me quedo paralizada, sin saber qué hacer o decir.

Killian nota cómo se me tensa el cuerpo y no soportaría una discusión con ellos ahora mismo. Mis nervios están destrozados y estoy fuera de mí de preocupación por Aidan.

—Aubrey —dice mi madre al verme. Ella y mi padre se levantan y dan un paso vacilante hacia adelante.

—Hola —digo con cautela, mientras miro a Killian, cuyo rostro hermoso guarda una expresión indescifrable—. ¿Qué hacéis aquí?

—Queríamos estar aquí para la cirugía de Aidan —dice mi padre.

Solo parpadeo, sin saber cómo responder. Aún no asimilo que hayan tomado un avión y volado hasta aquí para vernos. Han pasado casi tres años desde que tuve a Aidan y no han hecho ningún esfuerzo por conocer a su nieto.

—¿Por qué este cambio de opinión? —pregunto al fin.

—Diría más bien que fue una llamada de atención —dice mi madre.

—¿Qué queréis decir?

—¿Podemos, eh, hablar aparte?

Fruncio el ceño, tomo la mano de Killian y nos sentamos junto a mis padres.

—Hola, Killian —saluda mi madre.

—Doyle —dice mi padre con un gesto de cabeza.

Killian asiente a su vez y nuestros dedos entrelazados se aprietan. Mi madre mira nuestras manos un momento y suspira. —Aubrey, Killian... —Su voz se quiebra—. Hemos sido horribles y controladores y no esperamos que nos perdonéis, pero lo sentimos.

—Lo sentimos muchísimo —añade mi padre.

No tengo ni idea de qué ha provocado esto ni por qué, pero me invade una oleada de emociones. Que por fin reconozcan lo mal que nos han tratado es un gran paso hacia delante y hacia la posible reconciliación. Nos tienden una rama de olivo y tengo muchas ganas de aceptarla.

—Bueno, ya conoces a Patrice —dice mi madre.

—Tu mejor amiga —aclaro por si Killian no la recuerda.

Ella asiente. —La semana pasada, su hija tuvo un terrible accidente de coche y no lo superó. Fui a ver a Patrice y me hizo ver lo preciosa y corta que puede ser la vida. Cuando me preguntó por ti y por Aidan, me di cuenta de que no sabía cómo estabais ni siquiera cómo era realmente mi nieto.

Lo juro, casi parece que a mi madre se le saltan las lágrimas. Casi.

Mi padre asiente. —Los últimos tres años se nos escaparon. Queríamos conocer a Aidan, pero simplemente no sacamos tiempo. No es excusa.

—Entonces, ¿qué estáis diciendo? —pregunto, mirando alternativamente a mi padre y a mi madre.

—Queremos volver a formar parte de tu vida —dice mi madre.

—Si nos lo permites —añade mi padre.

—Pero no solo se trata de mí —les digo—. Si queréis verme a mí, entonces tenéis que aceptar también a Killian. —Levanto la mano y les muestro el anillo, que estoy segura de que ya han visto—. Vamos a casarnos y vais a tener que tratarlo con respeto o esto nunca funcionará.

Mis padres asienten, con la cabeza gacha como niños regañados.

—Quiero muchísimo a vuestra hija —dice Killian—. Quiero que ambos sepáis que haría cualquier cosa por ella y por nuestro hijo.

Lo miro y sonrío. Este hombre... A veces, literalmente no tengo palabras para describir lo que me hace sentir.

—Estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario —dice mi madre.

—Y si eso significa volvernos viajeros frecuentes y venir aquí una vez al mes, pues eso haremos.

—No creo que tengáis que hacer eso, papá. —Intercambian una mirada y yo sonrío—. Killian y yo queremos volver. Queremos estar cerca de la familia y los amigos y criar a Aidan en un sitio con mucho espacio y aire fresco.

—Eso sería maravilloso —dice mi madre—. Porque de verdad queremos intentarlo, Aubrey. Ha sido difícil porque lo que creíamos mejor para ti no siempre era lo correcto. Creo que por fin lo entendemos.

Ella y mi padre intercambian una mirada y tengo la sensación de que hay más en esta historia de lo que han compartido hasta ahora. Pero, sinceramente, no me importa porque sea lo que sea, nos está uniendo más y llenando nuestros corazones de perdón.

—Sé que nunca me disculpé por irme —digo—. Pero siento no haber dado señales de vida para que supierais que estaba bien.

Asienten y estoy a punto de preguntarles cuánto tiempo piensan quedarse cuando aparece el Dr. McCall.

Killian y yo nos levantamos de un salto y el corazón me late con fuerza.

No logro leer la expresión de su rostro y estoy tan nerviosa que en los próximos diez segundos podría tanto echarme a reír como a llorar.

—Aubrey, Killian —dice—. La operación ha salido mejor de lo que esperaba.

Suelto un suspiro de alivio y me desplomo contra Killian, que me rodea la cintura con un brazo. —¿Está bien?

—Mejor que bien. Entramos y cerramos el agujero. Aidan está como nuevo.

—Gracias a Dios —murmuro.

—Ya hemos hablado de su recuperación, pero si en algún momento tenéis preguntas, por favor, contactad conmigo. Por lo demás, nos vemos en las citas programadas.

—Gracias —digo.

Killian le tiende la mano y se la estrechan. —Gracias, Dr. McCall.

Cuando el médico se va, me giro y me refugio en los brazos de Killian. Durante un largo momento, nos abrazamos, reconfortándonos el uno en el otro. Todo va a salir bien. El pensamiento me invade como agua tibia de baño, lavando mis preocupaciones.

Mis padres acaban quedándose unos días más y por fin conocen a su nieto cuando vuelve a casa, con el pecho vendado y más enfurruñado que nunca.

Pero, ¿quién puede culparle? Acaba de pasar por una operación mayor y el pequeñín solo tiene tres años.

No entiende por qué le duele ni por qué tiene que pasar tanto tiempo en la cama.

Tampoco le gusta tomarse la medicación, así que Killian y yo lo convertimos en un juego en el que la escondemos y luego le damos un premio cuando averigua dónde la hemos guardado.

Hasta mis padres se apuntan al juego. Puede que nunca sean tan relajados y despreocupados con un cumplido como la madre de Killian, pero lo intentan.

Y tengo que reconocerles el esfuerzo cuando están en el suelo, gateando con sus ropas de diseño, fingiendo buscar las medicinas de Aidan solo para ayudarnos y hacerle reír.

Sé que llevará tiempo reparar nuestra relación, pero estamos en el camino y eso me hace inmensamente feliz.

Cuando se marchan, es agradable volver a estar solo nosotros tres.

Scott pasa por ahí con un osito de peluche enorme y caramelos para Aidan, y su sonrisita ilumina la habitación.

Después de visitarnos un rato, lo acompaño a la puerta y le digo que Killian, Aidan y yo planeamos volver a Chicago cuando Aidan se recupere del todo.

—Os voy a echar de menos —dice Scott—. Pero deberíais estar con vuestra familia y amigos.

—Nosotros también lo creemos. Estarás invitado a la boda —le digo.

—Intentaré ir.

Sus palabras parecen teñidas de un poco de tristeza y me pregunto si Scott albergaba esperanzas de que algún día fuésemos algo. Siempre dejé claro que solo éramos amigos, a pesar de que era un tío increíble. Pero mi corazón siempre perteneció a Killian.

—¿Le has dado calabazas con cuidado? —pregunta Killian, saliendo de la habitación de Aidan.

Me giro y frunzo el ceño. —¿De verdad crees que...?

—Sí.

—¿En serio?

—No importa, cariño, porque eres toda mía —dice, y me atrae hacia sus brazos.

—Desde el momento en que nos conocimos —digo. Cuando Killian se inclina y me besa, le devuelvo el beso con todo el amor que llevo dentro.