10 Killian
KILLIAN
Aubrey Reed. La mujer se infiltra en mis pensamientos sin importar qué esté haciendo.
Sinceramente, aún intento decidir qué hacer con ella.
No tengo relaciones serias y las mujeres que normalmente llevo a mi cama son como mi vecina Lola.
Son como yo. No esperan una casa enorme ni un coche de lujo.
El remolque está bien, un techo sobre nuestras cabezas, un lugar para caldearnos por la noche y luego se van a casa.
Pero Aubrey no se parece a nadie que haya conocido. Es dulce, inocente y merece mucho más de lo que puedo ofrecer. Creo que eso es lo que me está frenando y por qué no la arrastré a mi cama anoche. Quiero hacer que sea especial para ella de alguna manera.
Me paso una mano por el cabello y no puedo creer que terminamos hablando. Después de ese encuentro ardiente en el granero, traerla aquí con ese vestido empapado que se le pegaba a cada curva... Le preparé chocolate caliente.
Quizá esté loco o me esté ablandando. Demonios, no lo sé. Solo sé que Aubrey se está ganando mi atención hasta el punto de preguntarme cuándo la veré de nuevo. Cojo el móvil y le envío un mensaje: Hola, cariño, ¿qué haces esta noche?
Un momento después, el móvil vibra con su respuesta: No lo sé, guapo, ¿qué vamos a hacer?
El pecho se me oprime. Nadie me llama guapo nunca. Estoy más acostumbrado a "sexy", "malo" y, ocasionalmente, "tóxico". Maldita sea, quiero verla ahora mismo. En cambio, la invito a mi pelea de esta noche. Cuando acepta, le ofrezco recogerla y llevarnos al lugar recién anunciado.
Más tarde, esa misma tarde, me detengo frente a la dirección que Aubrey me envió y me invade una oleada de nervios. Maple Glen es un barrio bonito con casas bonitas y gente agradable, así que no estoy seguro de qué demonios hago aquí, porque cuando apago la moto, queda bastante claro que no encajo.
Pero entonces escucho que alguien me llama y veo una cara conocida. —¡Sensei Doyle!
Es Jimmy, de mi clase de kárate, y parece encantado de verme.
—¿Qué haces aquí? ¿Has venido a verme?
Me aclaro la garganta, meto las manos en los bolsillos de mi chaqueta de cuero y mis dedos rodean algo sedoso y fino. Sus bragas de anoche, me doy cuenta, y contengo un gemido. —Eh, en realidad he venido a ver a Aubrey.
Ambos miramos cuando la puerta principal se abre y ella aparece con un pequeño gesto de la mano.
Jimmy mira de mí a ella y una sonrisa astuta se curva en su boca. —¿Es tu novia? —me pregunta en voz baja.
—Estoy en ello, chaval —digo, con las bragas apretadas en mi mano, y sonrío en su dirección. Pícara.
—Bien, porque es muy simpática y tú también.
Le doy una palmada en el hombro con la otra mano. —Gracias, Jimmy. —Subo por el resto del camino y corro por los escalones del porche de dos en dos.
—Hola —dice ella.
No puedo evitarlo. La agarro, la acerco y la beso con ardor. Cuando escucho a Jimmy reír detrás de nosotros, me aparto con una sonrisita.
—¿Tienes tiempo para entrar?
Asiento y la sigo al interior. La casa es exactamente lo que esperaba.
Huele bien y la decoración es femenina y acogedora, con velas, flores frescas y pilas de libros colocadas estratégicamente en mesas y estantes.
Demonios, ni siquiera recuerdo el último libro que leí.
Probablemente algún clásico que me obligaron a leer en la clase de literatura del instituto.
—¿Quieres algo de beber?
—Estoy bien, pero gracias. —Sí que quiero algo de ella, pero no es una bebida.
Cuando la vuelvo a atraer hacia mis brazos, ella me mete las manos en el pelo y ofrece esos labios suyos, tentadores, carnosos y brillantes.
Logro esparcir su brillo de labios por todas partes y beber profundamente, saboreando la sensación de su lengua deslizándose contra la mía.
Cuando por fin nos separamos, ella me mira, sus ojos color mar brillando. —Killian...
Bajo la cara y hago caricias en su cuello. —¿Mmm?
—¿Quieres... quedarte aquí esta noche?
Un fuego se enciende en mi interior y la entrepierna se me pone pesada. —No hay nada que desee más —digo y me enderezo para encontrarme con su mirada—. ¿Estás segura?
Ella apoya una mano en mi rostro y vuelvo la mejilla hacia su palma, adorando ese toque suave y tierno. —Dios, sí —dice, y no puedo evitar reírme.
Deslizo mis manos por sus caderas y sobre su trasero firme, acercándola a mi excitación. —¿Puedes esperar unas horas más por esto?
Ella emite un suave zumbido en la garganta. —No tenemos tiempo ahora, ¿verdad?
—No para lo que te voy a hacer.
Aubrey traga con fuerza. —Mejor nos vamos, entonces —dice, con la voz cargada de deseo.
No confío en que mi voz no se quiebre, así que solo asiento, tomo su mano y nos vamos. Decido no mencionar que encontré sus bragas sedosas en mi bolsillo porque no pienso devolvérselas.
No tardamos mucho en llegar al lugar de la pelea de esta noche. Es un almacén vacío en el centro y el sitio ya está abarrotado. No quiero dejar sola a Aubrey y justo cuando estoy a punto de llevarla conmigo a la sala de los luchadores, veo a Mac.
—Tenía la sensación de que te vería esta noche —dice Mac, y echa un vistazo largo a cómo mis dedos están entrelazados con los de Aubrey—. ¿Te has buscado una novia?
—Aubrey, te presento a Mac Moretti, mi antiguo entrenador. Mac, esta es Aubrey Reed. Y sí, viejo entrometido, estamos saliendo.
Espero que no le importe que lo diga así, porque apenas hemos declarado qué es exactamente lo que estamos haciendo, pero cuando ella me mira y sonríe, sé que está bien.
Él suelta un resoplido de incredulidad y luego levanta una ceja poblada. —Pareces demasiado buena chica para andar con este vago.
—Quizá él sea el que es demasiado bueno para mí —responde Aubrey sin perder el ritmo.
Aunque no sea cierto, lo que dice significa mucho para mí y aprieto su mano.
—¿Qué tal si dejas a tu chica conmigo, Kill? Yo la cuidaré mientras tú pelees —dice.
Me giro hacia Aubrey y ella se pone de puntillas y me susurra buena suerte al oído. Asiento y le doy un beso rápido. Tengo una pelea por delante y necesito concentrarme de una maldita vez. El problema es que lo único en lo que puedo pensar es en volver a su casa y pasar la noche en su cama.
—Déjalos muertos, Killer —dice Mac mientras me giro y me dirijo a la habitación lateral donde se reúnen todos los peleadores.
Una docena de tipos esperan a que comience la acción y me toca enfrentarme al hijoputa de mala leche que está en la esquina con los brazos cruzados y mirando con furia a todos los demás.
Joder, claro. Hicieron un sorteo antes y supongo que soy afortunado así.
Ruedo los ojos y sé que no puedo hacer nada al respecto.
Cuando llega mi turno de entrar al ring, estoy más que listo para terminar esto y largarme de aquí. Ha pasado casi una hora y media desde que llegamos y, en mi cabeza, ya me he acostado con Aubrey de todas las formas y posiciones posibles. Y ha sido glorioso.
—¡Doyle y Jackson, es su turno! —grita una voz.
Por fin. Salgo y camino por la pequeña abertura que han hecho entre las pacas de heno, lanzando unos cuantos golpes para calentar.
Walt “The Whip” Jackson, mi oponente, pasa junto a mí con una expresión de amargura.
No sé ni me importa cuál es su problema; lo único que quiero es pasar los próximos cinco o diez minutos.
Desafortunadamente, mi mente no está en la pelea.
Está en Aubrey y en lo que planeo hacerle esta noche.
Así que, en el primer asalto, no es demasiado difícil para Jackson golpearme en la cabeza con fuerza.
¡Boom!, gana él y yo me quedo tambaleándome.
Eso es todo lo que se necesita para sacarme de mi ensueño romántico y devolverme al aquí y ahora.
En el segundo asalto, contraataco con un par de golpes rápidos, esquivo su puño y lo golpeo en el costado con una patada, y gano yo. En el siguiente asalto, Jackson carga hacia mí, viniendo con fuerza y ferocidad. Puedo ver la rabia en sus ojos y quiere descargarla contra mí.
Me aparto del alcance de sus puños y sé que debo estar alerta. No me sorprendería si intenta darme un golpe traicionero. Justo cuando el pensamiento cruza por mi cabeza, escucho la voz de Aubrey entre la multitud, animándome.
Me encanta, lo absorbo, miro hacia arriba e intento encontrarla entre la gente.
¡Bam!
Entonces caigo como un saco de patatas. Joder, pienso, tumbado en el suelo mientras el anunciante se acerca, levanta el brazo de Jackson y lo declara ganador.
Recojo lo que queda de mi orgullo, me levanto y le doy un rápido gesto de reconocimiento a mi oponente.
Podría quejarme y lloriquear como un mal perdedor o admitir que me ganó justamente.
Además, lo único que quiero es largarme de aquí y pasar toda la noche complaciendo a Aubrey. La encuentro a ella y a Mac afuera, y mientras ella parece preocupada, Mac simplemente sacude la cabeza con disgusto.
—¿Estás bien? —pregunta Aubrey frunciendo el ceño.
—Estoy bien.
—Buen trabajo, Kill. ¿Dónde carajos estabas? ¿En la maldita luna? Le regalaste esa pelea a Jackson sin siquiera intentarlo —Mac escupe en el suelo.
—Unas se ganan, otras se pierden —digo.
—No deberías haber perdido esa —replica Mac.
De nuevo, sé que tiene razón, pero me importa un bledo. —¿Estás lista? —le pregunto a Aubrey y ella asiente.
—Estás desperdiciando tu talento con este rollo a tiempo parcial —me recuerda Mac—. Desperdiciando tu maldita vida.
—No es cosa tuya, Mac —digo mientras tomo a Aubrey de la mano. Joder, está empezando a sacarme de quicio.
—Encantada de conocerte —dice Aubrey y Mac gruñe en respuesta.
Ambos vamos en silencio de regreso a su casa y las palabras de Mac no paran de dar vueltas en mi cabeza. Tal vez esté desperdiciando mi vida, pero no es asunto suyo. Alargo la mano hacia Aubrey, la levanto a mis labios y beso su palma.
En el momento en que entramos en su casa, me abalanzo sobre ella.
Sabe tan bien y huele a un jardín de rosas frescas.
Después de explorar su boca durante un minuto, me aparto y me doy cuenta de que realmente necesito meterme en la ducha antes de que esto vaya más lejos.
Probablemente huelo a sudor y soy repugnante.
—Cariño, ¿puedo lavarme en tu ducha?
—Claro —dice ella. Por un momento, creo que podría ofrecerse a acompañarme, pero la timidez puede más—. Es por aquí.
La sigo escaleras arriba hasta el baño, admirando el balanceo de sus caderas. Ella coge una toalla y una esponja fresca y las deja sobre el lavabo.
—Gracias. No tardaré mucho —digo mientras me quito la camiseta.
—¿Cómo está tu cabeza? —pregunta ella dando un paso más cerca—. ¿Puedo ver?
Me encojo de hombros y luego miro mi reflejo en el espejo, notando el chichón en mi sien que empieza a ponerse morado. Me apoyo en el lavabo y Aubrey se acerca y lo toca muy suavemente con las yemas de sus dedos.
—Deberías ponerte hielo —dice.
Asiento y la observo mientras sus dedos descienden por mi mandíbula y luego tocan mi pecho. El aire sale de mis pulmones cuando su mano baja, recorre mis abdominales y se detiene, enganchándose en la parte delantera de mis vaqueros.
—Me excitas, Killian —murmura ella—. Pero también me pones muy nerviosa.
Pongo mis manos sobre sus caderas y fruncio el ceño. —¿Por qué estás nerviosa?
Ella traga saliva y traza sus dedos de nuevo por mi pecho. —Porque tengo miedo de decepcionarte.
Por un momento, no tengo palabras. —¿De qué estás hablando? Eso nunca pasaría —le aseguro.
—Solo he estado con un hombre antes y, eh, no creo que le gustara acostarse conmigo —confiesa, con una voz casi inaudible.
Su piel clara se sonroja de vergüenza y yo le sujeto la cara con mis manos. —Ya te lo dije: Ben es un idiota. Estar contigo será uno de los momentos más especiales de mi vida, cariño. Estoy deseando que llegue.
Un escalofrío recorre su cuerpo y me molesta que haya perdido incluso un minuto de su precioso tiempo con Benjamin Styles.
Tomo su mano, la beso y luego la bajo entre nosotros, presionándola contra la parte delantera de mis vaqueros.
—He estado duro por ti todo el día. Nunca he deseado tanto a nadie, Aubrey.
Ella inspira profundamente y yo suelto su mano y agarro el borde de su vestido corto, levantándolo lentamente por encima de su cabeza.
Lo dejo en el lavabo, recorro con la mirada su sujetador y sus braguitas de color rosa bebé, luego me inclino y capturo su boca, besándola profundamente.
Trato de convencerla con mis labios, boca y lengua de que es perfecta en todos los sentidos y de que nunca he deseado tanto a una mujer en mi vida.
Cuando finalmente nos separamos para respirar, asiento hacia la ducha. —¿Te unirás a mí?