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venas y criaturas que acechaban en la oscuridad. Pero no nos detuvimos. No podiamos.
Mi padre estaba alla. Esperandome. Y yo iba a traerlo a casa.
La fortaleza aparecio ante nosotros al amanecer del cuarto dia. Era una estructura imponente, tallada directamente en el hielo de la montana, con torres que se elevaban hacia el cielo como dedos de cristal. El viento aullaba a su alrededor, y el frio era tan intenso que dolia respirar.
—No podemos entrar por la puerta principal —dijo Sombra—. Estara vigilada.
—Entonces encontraremos otro camino —respondi.
Exploramos los alrededores hasta que encontramos una grieta en el hielo, un pasaje estrecho que parecia llevar al interior de la fortaleza. Nos deslizamos dentro, moviendonos en silencio, nuestros sentidos alertas ante cualquier peligro.
El interior de la fortaleza era un laberinto de pasillos de hielo y celdas vacias. El frio era aun mas intenso dentro, y nuestra respiracion creaba nubes de vapor en el aire.
—Por aqui —susurre, siguiendo una corazonada.
Mi loba me guiaba, su instinto mas agudo que el mio. Sentia algo, una presencia familiar, en lo mas profundo de la fortaleza.
Cuando llegamos a la celda, mi corazon se detuvo.
Un hombre estaba encadenado a la pared, su cuerpo delgado y debil, su cabello largo y desordenado. Pero cuando levanto la cabeza, vi sus ojos. Eran del mismo color que los mios. Plateados. Brillantes. Llenos de lagrimas.
—Valeria? —dijo, su voz rota por el uso—. Hija...?
—Papa —susurre, y la palabra me rompio.