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Fue en uno de esos pasadizos donde encontre el mural.
Era enorme, cubriendo toda una pared, pintado con colores que brillaban incluso en la penumbra.
Mostraba una escena antigua: una mujer de cabello plateado, que reconoci inmediatamente como mi madre, de pie frente a un consejo de ancianos Lycan.
Su postura era firme, su mirada desafiante, y en sus manos sostenia algo que brillaba con luz propia.
—La encontraste.
La voz me sobresalto. Me gire y vi a una mujer mayor, vestida con ropas simples, sus ojos plateados mirandome con una mezcla de curiosidad y reconocimiento.
—Quien eres? —pregunte.
—Me llamo Elara. Fui la doncella de tu madre.
—Conociste a mi madre?
—La conoci desde que era una nina. La vi crecer, enamorarse, y morir.
Las palabras me golpearon como un puñetazo.
—Puedes contarme... como era?
Elara sonrio, y sus ojos se perdieron en el pasado.
—Era fuego, tu madre. Pura e indomable. No habia nada en el mundo que la asustara, excepto una cosa.
—Que cosa?
—No poder proteger a los que amaba.
Me sente en el suelo polvoriento, y Elara se sento a mi lado.
—Conocio a tu padre en un bosque, muy parecido a este —continuo—. El era un Lycan de sangre real, ella una loba comun. Pero el amor no entiende de rangos ni de sangre. Se