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"—No quiero ser parte de tu guerra."
"—No importa lo que quieras. Es lo que eres. Eres la heredera de dos sangres, la puente entre dos mundos. Puedes ser la clave para unificar a los pueblos... o la chispa que encienda la guerra final."
"—No quiero ser la clave de nada."
"—El destino no pregunta lo que quieres. Simplemente es."
El Rey me dio una opción. Unirme a él, aceptar mi lugar como su heredera, y tener poder, riqueza, y protección. O rechazarlo, volver al mundo de los lobos comunes, y convertirme en su enemiga.
"—¿Y si no quiero ninguna de las dos opciones? —pregunté."
El Rey sonrió, pero sus ojos estaban fríos.
"—Entonces mueres."
Capítulo 17: Las Cicatrices del Alpha
Pasé los siguientes días en el palacio, observando, aprendiendo, sin darle una respuesta definitiva al Rey.
Recorrí sus pasillos de cristal, sus jardines de árboles plateados, sus bibliotecas llenas de pergaminos antiguos que contenían conocimientos que los lobos comunes habían olvidado hacía milenios.
Luciano y yo compartíamos habitaciones en una torre con vista a toda la ciudad.
Desde nuestra ventana, podíamos ver las tres lunas elevándose sobre las montañas de cristal, sus rayos de luz plateada bañando la ciudad en un resplandor sobrenatural.
Por las noches, nos sentábamos en el balcón, observando las estrellas, hablando de todo y de nada.