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—Eres valiente, Valeria.
—No soy valiente —respondi, negando con la cabeza—. Solo estoy cansada de tener miedo.
Los dias previos a la partida fueron un torbellino de preparativos y despedidas.
Elena me preparo un botiquin con hierbas curativas.
El herrero del pack me regalo un cuchillo con mango tallado, diciendo que toda princesa necesitaba una buena arma.
Incluso los ninos del pack me regalaron un collar de flores secas, "para que no nos olvides", dijeron.
La noche antes de partir, llore en silencio. No de tristeza, sino de gratitud. En tan poco tiempo, este pack se habia convertido en mi hogar. Estas personas se habian convertido en mi familia.
—Volvere —prometi en voz alta, mirando el lago a la luz de la luna—. Pase lo que pase, volvere.
Un mes después del rechazo, una delegación llegó al pack.
Los vi desde la distancia mientras entrenaba en el claro. Tres figuras vestidas con túnicas grises, moviéndose con una gracia que no era humana, sus cuerpos irradiando un poder que hacía que el aire a su alrededor pareciera más denso.
Eran Lycan. Los reconocí por su olor, ese aroma a poder antiguo, a tormenta eléctrica que había sentido aquella primera noche en el bosque, cuando el lobo negro me observó desde las sombras.
"—Hemos venido a ver a la princesa —dijo el líder, un hombre alto de cabello canoso y ojos plateados que parecían ver a través de todo."
Luciano se interpuso entre ellos y yo, su cuerpo tenso, listo para la batalla.