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"—Ayúdame —le pedí."
"—Siempre —respondió."
Cuando abrí los ojos, el mundo se veía diferente. Los movimientos de Luciano eran más lentos. Podía ver la tensión en sus hombros antes de que lanzara un golpe, el cambio de peso antes de que moviera una pierna. Podía anticiparlo.
Bloqueé su golpe. Y contraataqué.
Mi puño conectó con su pecho, y él retrocedió un paso, sorprendido.
"—Bien —dijo, su sonrisa ampliándose—. Muy bien."
Esa noche, agotada pero satisfecha, me senté en el porche de la casa de Elena. Mis músculos dolían, mis manos estaban vendadas, y tenía un moretón en el hombro derecho. Pero por primera vez en mi vida, me sentía fuerte.
Fue entonces cuando llegó el mensajero.
Era un lobo joven, con el símbolo del Pack Luna de Plata grabado en su armadura de cuero. Su rostro estaba tenso, y llevaba un pergamino sellado con el sello de Alejandro.
"—El Alfa Alejandro exige la devolución de Valeria Santos —dijo, leyendo el mensaje en voz alta—. La omega desterrada pertenece al Pack Luna de Plata, y su retención por parte del Pack del Lago Esmeralda será considerada un acto de guerra."
Luciano tomó el pergamino, lo leyó en silencio, y luego lo rompió en dos.
"—Dile al Alfa Alejandro —dijo, su voz fría como el hielo—, que si quiere guerra, la tendrá."
El mensajero palideció, hizo una reverencia temblorosa, y se fue corriendo.