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"—Camila..."
"—Sí. Todos en los packs cercanos saben lo que pasó. Y todos sabemos que lo que hizo Alejandro fue una ofensa contra la diosa. No solo contra ti, sino contra la Luna misma."
"—Pero eso no explica por qué me ayudan a mí."
"—Porque no permitimos que nadie muera por un rechazo injusto —dijo Elena, su voz firme—. Especialmente cuando la víctima es una inocente que no tuvo culpa de nada."
Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos. Por primera vez desde el rechazo, alguien me miraba sin desprecio. Sin lástima. Con compasión genuina.
"—Gracias —susurré, mi voz quebrándose—. De verdad... gracias."
Elena sonrió y apretó mi mano.
"—Descansa. Hablaremos más cuando estés más fuerte."
Esa noche, mientras la luna se elevaba sobre el lago, soñé.
Soñé con una mujer alta, de cabello plateado que caía como una cascada de luz. Estaba de pie bajo una luna gigante, tan enorme que ocupaba la mitad del cielo, y su luz la envolvía como un manto.
"—Valeria —dijo, y su voz era familiar, aunque nunca la había escuchado antes—. Ha llegado el momento de que despiertes."
"—¿Quién eres? —pregunté, dando un paso hacia ella."
"—Soy Isabella Alvear —respondió, y una sonrisa triste cruzó sus labios—. Soy tu madre."
Mi corazón se detuvo. Mi madre. La mujer que había muerto cuando yo era solo un bebé. La mujer cuyo nombre apenas conocía, de la que nadie se atrevía a hablar en el pack.