RANGER CREED (Brotherhood Protectors nº 14) Capítulo 4
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Capítulo 4

Zach giró en la primera calle de Browning y aparcó delante de un edificio con una grúa en la fachada. En la grúa se leía Whitegrass Towing.

Lani bajó de un salto de la camioneta de Zach.

Él se reunió con ella delante y entraron juntos en el edificio.

Dentro, el aire olía a aceite viejo, grasa, goma y cigarrillos.

Un hombre de pelo oscuro estaba sentado en una destartalada silla giratoria, con los pies calzados con botas apoyados en el mostrador que tenía delante. Soltó una bocanada de humo al aire y miró por encima de las botas a Zach y luego a Lani.

—Running Bear, ¿quién es tu amigo?

Lani inclinó la cabeza hacia Zach y le dedicó al hombre una sonrisa amable.

—Isaac Whitegrass, este es Zach Jones…, mi… prometido —le pasó el brazo a Zach por debajo del suyo y alzó la sonrisa hacia él—. Acabo de comprometerme.

Los pies de Isaac resbalaron del mostrador y cayeron con un golpe seco al suelo. Se puso en pie de un impulso y le tendió la mano.

—Encantado de conocerle —dijo, y luego señaló a Lani con la cabeza—. Se lleva usted a una buena. Tiene el corazón en su sitio, aunque yo no me cruzaría en su camino. Dicen que puede derribar a un hombre que le dobla el tamaño en un abrir y cerrar de ojos.

Zach asintió.

—A mí me ha aplicado una llave así —rio entre dientes—. La subestimé por completo.

Isaac sonrió.

—Me apuesto a que fue un error.

—En absoluto. Se podría decir que me dejó sin aliento. Me enamoré con la primera llave —rodeó a Lani con un brazo y la atrajo hacia él—. ¿A que sí?

Lani esbozó una sonrisa tan falsa como un billete de tres euros.

—Sí, así es.

Isaac miró alternativamente a Lani y a Zach, y de nuevo a Lani.

—¿Estáis aquí por los dos vehículos que hemos remolcado a Cut Bank hoy?

Lani asintió.

—Sí. ¿Te importaría decirnos dónde los encontrasteis?

Isaac se rascó la cabeza morena.

—Tu jefe y el agente del FBI me han hecho la misma pregunta antes.

La sonrisa de Lani se relajó.

—Me lo imaginaba. También he pensado que no viene mal tener más de un par de ojos en un caso, por si a alguien se le escapa algo importante.

—Cierto —asintió Isaac—. Me sentí fatal por las muertes de Tyler y Ben. Eran de los buenos.

Los labios de Lani se torcieron.

—Le prometí a la abuela de Tyler que haría todo lo posible por encontrar a su asesino.

Isaac la estudió un buen rato antes de volver a abrir la boca.

—Rusty Fenton llamó para avisar de un vehículo abandonado en el desvío al lago Kipps.

Dan y yo habíamos estado escuchando el escáner de la policía cuando la abuela de Tyler llamó para preguntar por él.

Cuando Rusty nos avisó del vehículo abandonado, no le dimos importancia…

hasta que nos dimos cuenta de que era la vieja camioneta de Tyler.

Otro hombre, de un parecido asombroso con Isaac, apareció en la puerta del fondo del taller, limpiándose las manos grasientas con un trapo.

—¿Quién quiere saber lo de la camioneta de Tyler? —preguntó Dan Whitegrass. Miró a Zach con el ceño fruncido. Luego su mirada se posó en Lani, y frunció el ceño aún más—. ¿A quién traes contigo?

—Lani se ha echado novio —dijo Isaac con una sonrisa.

—Ese no es piesnegros —dijo Dan en voz baja.

—De hecho, lo es en una cuarta parte —dijo Lani.

Isaac y Dan se volvieron hacia Zach con las cejas arqueadas.

Zach cuadró los hombros y levantó la barbilla, aceptando el desafío.

—Mi abuela lo era al cien por cien —dijo Zach—. Pueden buscarla. Margaret Red Hawk.

—Lo haré —dijo Dan, pero su ceño se relajó—. Esta es la segunda ronda de agentes de la ley que viene husmeando y preguntando por los vehículos de Tyler y Ben. ¿Tú y el jefe no estáis trabajando juntos en este caso?

Lani desvió la mirada.

—No me lo asignaron, pero le prometí a la abuela de Tyler que me aseguraría de encontrar a su asesino.

Dan e Isaac asintieron a la vez.

—De todos modos, el tipo del FBI no me gustó —dijo Dan—. No es piesnegros.

—Ya, pero sabes que es el procedimiento habitual que el FBI ayude en las investigaciones de asesinato —dijo Lani—. Solo quiero ser un segundo par de ojos y cumplir mi promesa a Mattie.

—¿Qué necesitáis saber? —preguntó Dan.

—Dónde encontrasteis los dos vehículos —dijo Lani.

Isaac respondió:

—Yo recogí el de Tyler junto al desvío del lago Kipps.

—Y yo recogí el de Ben después de que el agente del FBI y el jefe de policía nos llamaran a una calle a un par de manzanas del colegio de primaria.

—Gracias —dijo Lani—. Eso es todo lo que necesitaba saber por ahora.

Zach rodeó la cintura de Lani con un brazo.

—¿Lista para irnos?

Ella se apoyó en él y le sonrió a los ojos.

—Lista.

A él le gustó sentirla contra su cuerpo.

Ella dirigió su sonrisa a Isaac y Dan.

—Gracias.

—Esperamos que encontréis a quien lo hizo. Tyler y Ben eran buena gente —dijo Dan.

—Y tenemos más fe en ti que en el FBI —dijo Isaac—. Todavía no han encontrado a Angel.

Zach la guio hacia la puerta y salió con ella a la luz del sol.

—¿Quién es Angel?

—Una adolescente desaparecida. La última vez que se la vio o se supo de ella fue hace cuatro meses.

Estaba hablando por el móvil con su novio cuando se cortó la llamada.

Nadie la ha vuelto a ver. El FBI fue llamado a través de la Oficina de Asuntos Indígenas, pero no pudieron localizar a la chica.

Hay demasiadas mujeres desaparecidas o explotadas de la reserva.

—¿Crees que estos casos están relacionados?

—No. El cuerpo de Angel nunca apareció. Este asesino quería que encontraran a Tyler y a Ben —Lani negó con la cabeza—.

No tiene sentido. Especialmente el asesinato de Tyler.

¿Por qué iba a estar junto al lago tan tarde por la noche?

Y no había sangre ni signos de forcejeo dentro o fuera de su vehículo.

—A menos que recogiera a su asesino y condujera hasta el lago con él en el vehículo —sugirió Zach—. Luego, cuando llegaron al lugar apartado, su atacante lo sacó del vehículo antes de apuñalarlo.

—En ese caso, Tyler tenía que conocerlo —dijo Lani.

—Y tenía que ser un hombre —dijo Zach—, para levantar, arrastrar o cargar a otro hombre adulto y meterlo en una camioneta o en el asiento trasero de un vehículo para depositarlo en otro lugar.

—Y tenía que haber preparado su coche en el lago —los ojos de Lani se entrecerraron—. Tenemos que encontrar el vehículo que usó para ocultar los cuerpos mientras los trasladaba del lugar del asesinato a sus lugares de descanso final.

Los ojos de Zach se entrecerraron.

—¿Cuánta gente vive en la reserva?

—Un poco más de diez mil.

Zach frunció el ceño y negó con la cabeza.

—Son muchos vehículos que investigar.

—Todo se remonta a lo que Ben y Tyler tenían en común —Lani miró por la ventanilla—. ¿O simplemente estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado? Maldita sea, no puede ser tan aleatorio.

Zach se detuvo antes de incorporarse a la carretera.

—¿Adónde vamos?

—Tenemos que hablar con el hermano de Ben —le dio indicaciones para llegar a la casa de Ben—.

Ben vivía con su hermano mayor, Mark. Mark no era el mejor modelo a seguir.

Ha entrado y salido de la cárcel por posesión de drogas y embriaguez pública.

Ben le pagaba la fianza siempre que tenía dinero para ayudarle. Mark era su única familia.

—¿Dónde están sus padres?

—Fallecieron hace mucho —dijo Lani.

Mientras conducía por Browning, Zach le lanzó una mirada a Lani.

—¿Te gusta el trabajo de policía?

Ella asintió.

—No lo hago por ser una pesada, como mucha gente piensa de los agentes de la ley —sus labios se torcieron en una mueca—. Lo hago porque espero poder marcar la diferencia.

Zach rio entre dientes.

—¿Cómo salvar a dos idiotas de romperse los huesos?

Ella frunció el ceño.

—Sí. No te detuve porque estuviera en un arrebato de poder —las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba—. Aunque sí que disfruté bastante derribándote.

—Te dejé.

Ella resopló.

—Cree lo que quieras. Para tus amigos, una mujer te venció.

Zach se encogió de hombros.

—Sí, tengo que admitir que mi ego quedó herido ese día, junto con mi trasero.

Mis compañeros de equipo me dieron la lata más tarde, después de que el oficial al mando me echara la bronca —pero había admirado su fuerza y su habilidad.

Le había parecido extremadamente sexi, aunque no se lo diría para no sufrir otro derribo.

La miró de nuevo.

Demonios, quizá se lo dijera y disfrutara del derribo.

Ella se giró, entrecerrando los ojos.

—¿De qué sonríes?

Zach volvió a centrarse rápidamente en la carretera.

—De nada. Es solo que no me había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos tu intensidad —por el rabillo del ojo, pudo verla estudiándolo, con el ceño fruncido.

Entonces ella miró hacia delante.

—Gira aquí.

—¿Aquí? —preguntó él.

—Sí, aquí —dijo ella.

Con solo unos segundos para reaccionar, pisó el freno y giró el volante a tiempo para salir del asfalto y meterse en un camino de tierra lleno de baches que llevaba a una ruinosa caravana con neumáticos viejos en el techo que sujetaban una lona hecha jirones.

Un coche desguazado estaba en la entrada con el capó levantado, las ruedas quitadas y el chasis apoyado en bloques de hormigón.

Una vieja lavadora yacía de lado a la derecha de la casa y los escalones que subían a la puerta principal eran de madera descolorida, posiblemente podrida.

La camioneta todavía estaba en movimiento cuando Lani maldijo, abrió la puerta de un tirón y saltó al suelo.

—¿Qué demonios…? —Zach puso la camioneta en punto muerto. Antes de que pudiera salir del vehículo, Lani había desaparecido por la parte trasera de la caravana.

Mientras se acercaban a la caravana, Lani vio a Mark Wolf Paw mirando por la ventana. Sus ojos se abrieron como platos y cerró las persianas. Iba a huir.

Lani no esperó a que la camioneta se detuviera por completo. Abrió la puerta de un empujón y saltó, echando a correr en cuanto tocó el suelo.

Si Mark se escapaba, no podrían interrogarlo sobre su hermano. Mark era conocido por desaparecer durante semanas si pensaba que podría estar en problemas.