Protegiendo lo que es mío (Jugando con el Peligro 3) 1 Laney
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Protegiendo lo que es mío (Jugando con el Peligro 3)

Protegiendo lo que es mío (Jugando con el Peligro 3)

Por Ava Gray

© inepub.com

1 Laney

LANEY

Aquí estoy otra vez, hablando con otra pareja sobre los detalles de su próxima boda. Les muestro varias opciones de centros de mesa y simulo una sonrisa mientras les explico cuáles son las mejores combinaciones de flores y cuánto costará.

—Parecen una enorme bola de helado de fresa —añade Brie, mi socia y mejor amiga. Se echa una trenza sobre el hombro y su piel caoba brilla. No sé qué haría sin ella. Me mantiene cuerda y siempre sabe lo que voy a decir antes de que abra la boca.

La combinación de rosas Yves Piaget y peonías es exactamente lo que yo elegiría para los centros de mesa de mi boda.

Pero seamos realistas, Laney, me digo. Eso no va a pasar en breve.

Sobre todo porque mi prometido me dejó hace casi un año.

Sé que ya han pasado casi doce meses y que la mayoría pensará que debería haberlo superado. En teoría, al menos. Pero todavía duele como si hubiera sido ayer. O, como mínimo, la semana pasada. Sinceramente, no estoy segura de si alguna vez superaré del todo su rechazo.

Warren Banks fue mi primera relación seria y es difícil dejarlo ir.

Es un pilar de la sociedad aquí en Los Ángeles y se codea con todo el que es alguien.

Cuando lo conocí a través de un contacto en común, no puedo decir que me atrajera especialmente físicamente, pero tras una conversación, resultó ser inteligente, divertido y educado.

Terminó invitándome a salir y acepté. Lo pasamos bien, comenzamos a pasar más tiempo juntos y, seis meses después, nos prometimos.

Seis meses después de eso, me dejó.

Miro a Brie, que me ayuda a llevar mi empresa, "Your Special Day", y parece ansiosa por terminar esto.

No la culpo. Algunos clientes saben exactamente lo que quieren y eso suele hacernos la vida y el proceso de planificación mucho más fáciles.

Pero otros, como esta pareja, no tienen ni idea y es como sacarles muelas para que decidan.

Pero es parte del proceso y me encanta lo que hago.

—Si no están seguros, no duden en tomar las fotos y pensarlo. Todavía tenemos mucho tiempo —les digo.

—¿En serio? —pregunta la futura novia—. Sería de gran ayuda porque no logro decidir si me gustan más las rosas blancas o las rosas. Y las peonías también son preciosas.

—Es una decisión importante y no hay prisa —digo, asintiendo—. Quiero que los dos estén completamente seguros de su decisión. Así que tómense un par de días y piensen qué les gusta más.

—Gracias —dice con una sonrisa agradecida y recoge los folletos.

Me doy cuenta de que su prometido parece aliviado al irse y reprimo una risita. Los hombres, pienso, sacudiendo la cabeza. Después de planificar bodas durante los últimos cinco años, les aseguro una cosa: el 95% no distingue una peonía de un guisante de olor y les da igual.

Para eso estoy yo. Para ayudar a las mujeres a crear su día especial porque, cuando llega el momento de decidir, sus futuras parejas están mucho más preocupadas por la comida y el alcohol que se servirán que por las flores y demás decoraciones.

Tras despedirnos, cerrar la puerta y cuando ya están fuera del alcance del oído, Brie suelta un suspiro de resignación y se desploma contra el mostrador. —Dios mío, creí que nunca terminaríamos. No podría decidirse ni para salvar su vida. Y él seguro que estaba pensando en el partido de esta noche.

—Probablemente sea Libra —digo con una risita.

—Si es así, estamos perdidas —se lamenta Brie.

—Eh, yo también soy Libra —le recuerdo.

—Cierto, pero tú tardas dos días en decidirte, no dos semanas.

Me río y cierro su expediente. —Por suerte no hay prisa. Tenemos más de ocho meses para preparar una boda que nunca olvidarán. Hago una pausa y estudio sus nombres, que escribí prolijamente en una etiqueta y pegué en la parte exterior de la carpeta. —¿Qué edad crees que tiene? —pregunto.

—Es una niña. ¿Veintidós, quizá?

Suspiro y no puedo evitar que me embargue un deje de tristeza. Y un poquito de envidia. —Me siento como una solterona —declaro y me paso una mano por el largo pelo rubio.

—Por favor —exclama Brie—. Solo tienes treinta años.

—Lo que significa que en diez años tendré cuarenta.

—Y para entonces, tendrás un marido devoto y una familia.

Es un pensamiento agradable, pero me cuesta imaginármelo. Sinceramente, no creo que mi persona ideal exista y hay un vacío en mi corazón que parece que nunca se llenará. —¿Y si a mí nunca me pasa?

Brie frunce el ceño, su hermosa piel morena tan suave e impecable que nadie diría que tiene treinta y cinco.

No aparenta más de veinticinco y tengo mil razones para estar celosa.

Pero no lo estoy. Adoro a mi mejor amiga y sé que si pudiera compartir su ADN de la Fuente de la Juventud, lo haría.

—Yo no estoy casada —me recuerda con suavidad.

—Felizmente no casada, pero aún viviendo con el amor de tu vida.

Ella sonríe. —No puedo negarlo. Tony lo es todo para mí y no para de mencionar la palabra con "M", pero las cosas están bien así como están, y desde luego no necesito un papel con unas palabras formales.

—A mí me gustaría el papel —digo—. Sé que suena patético y nunca me importó hasta... —La voz se me corta y aprieto los dientes.

—Hasta que ese gilipollas te lo quitó.

—Exacto.

—Laney Holland, ¿necesito recordarte que Warren Banks es un idiot@ de primera clase por dejarte?

—Sí. De hecho, me gusta que me recuerdes lo estúpido que es.

—Un auténtico imbécil. Pero no puedes seguir dándole vueltas el resto de tu vida —dice con dulzura—.

Creo que es hora de que vuelvas a salir y conozcas a alguien nuevo.

Cierra la puerta al indeciso Warren de una vez por todas y diviértete.

Te estás convirtiendo en una persona muy triste y eso me entristece.

—Lo entiendo y sé que es lo que debería hacer, pero es tan difícil... —Brie posa una mano en mi hombro—. La idea de que pueda volver a pasar, de que elija al hombre equivocado, me aterroriza.

Brie me mira fijamente pero no dice nada.

—¿Qué? —pregunto.

—Pero dime, ¿realmente ocurrió? ¿Crees que Warren era el hombre perfecto para ti? ¿Tu alma gemela sin la que no podrías vivir?

Reflexiono sobre sus palabras. Quiero decir, ¿era Warren la pareja ideal para mí? Siendo completamente sincera, la respuesta es no. Suspiro. —Era un poco aburrido y no quería pasar mucho tiempo conmigo cuando estábamos juntos. Aparte de tenerme del brazo en eventos sociales.

—Mereces mucho más que eso. No eres solo un trofeo para algún empresario. Todas elegimos al chico equivocado en algún momento. Está bien. Se vive y se aprende, ¿no? Realmente creo que todo pasa por algo. Joder, ¿recuerdas al gorila que conocí hace tiempo? Al final me robó dinero del bolso.

Me tapo la boca con una mano para ocultar la sonrisa. —Y luego hiciste que tu hermano le diera una paliza.

—Bueno, fue más bien una advertencia para que no volviera a hacerle eso a otra mujer. Pero sí, casi hizo llorar al pobre.

Las dos nos echamos a reír. —Si tu hermano estuviera soltero...

Brie levanta una mano. —Ni se te ocurra. No me gusta pensar en mi hermano en ninguna situación sexual.

—Bueno, tiene tres hijos —le recuerdo.

—Y quiero mucho a mis sobrinos, pero vamos a fingir que los trajo la cigüeña.

—Estás loca, ¿lo sabías?

—Sí. Entonces, ¿qué hay en el orden del día para mañana? ¿Aparte de que conozcas a un extraño alto, moreno y guapo?

—Ja. —Cojo mi agenda—. Tenemos que encargar los jarrones para la boda de los Miller y hablar con el florista para conseguir más rosas Black Magic. Desde luego será una boda interesante.

—Nunca habíamos tenido a una bruja como cliente, pero bueno, allá cada cual. O, en este caso, allá cada escoba.

Me río. —Sobre gustos no hay nada escrito, como solía decir mi abuela. Y esto es Hollyweird, así que espero cualquier cosa. —Cierro la agenda—. Supongo que esto es todo por hoy.

Con un gesto de asentimiento, Brie apaga las luces, yo cierro con llave y nos dirigimos a los coches.

Nuestra oficina puede ser pequeña, pero la ubicación en Hollywood es buena y el negocio aún mejor.

No tuvimos éxito de la noche a la mañana, pero es agradable saber que construimos la empresa nosotras mismas e hicimos un excelente trabajo.

"Tu Día Especial" tardó un par de años en despegar, pero con algo de ayuda económica de mi padrastro y muchas recomendaciones, ahora estamos en una muy buena posición y ganamos suficiente para pagar nuestras facturas.

Es una sensación increíble empezar algo desde cero, trabajar duro y verlo crecer y triunfar.

Me siento muy afortunada de haber tenido el apoyo necesario para lograrlo.

Cuando llegamos a los coches, Brie se despide. —Hasta mañana —dice.

—Te toca traer los donuts —le recuerdo—. Eso significa muchos glaseados.

—Déjalo en mis manos —responde mientras se mete en su coche.

Me siento al volante de mi Prius y giro la llave, intentando combatir la tristeza que cae sobre mí como una manta mojada.

Es irónico que pase el día planeando las bodas de otras personas cuando tengo un historial tan terrible en el amor.

El desamor ha sido el único camino que he conocido, y empezó mucho antes de que Warren Banks recuperara su anillo.

Yo era la chica que nunca tuvo novio, nunca tuvo una cita y nunca actuó como si le importara.

Pero sí me importaba. Mientras todas mis amigas parecían encontrar chicos con facilidad, a mí siempre me costó.

Quizá parte de ello se debió a que estuve en un internado femenino demasiados años.

Pero solo puedo culpar a St. Mary's hasta cierto punto, porque todas las demás parecían capaces de encontrar a alguien con quien coquetear, besarse y llamarlo novio.

Yo, no tanto.

¿Habrá algo inherentemente poco atractivo en mí? Me pregunto. Algo que aleje a los hombres. ¿Tengo mal aliento? ¿Quizá no llevo suficiente maquillaje? Dios, ¿seré mala en la cama?