Protegida por marginados (Manada de Lobos Rechazados 1) Capítulo 21 - Heath
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Capítulo 21 - Heath

Heath

P ara mi total y completa sorpresa, Gage decidió conducir el Jeep con Freya, dejándonos a Flint y a mí en la camioneta mientras la luz del día se desvanecía.

Planeábamos conducir toda la noche hacia Pincher Creek. Gage ya les había avisado que llegaríamos un poco antes. Una vez que llegáramos a Pincher Creek, tendríamos un par de días para reagruparnos mientras la manada Snow Moon finalizaba los detalles.

—Al menos dijeron que podrían tener el envío listo antes de lo esperado.

Flint asintió. Había estado callado todo el tiempo mientras empacábamos.

Apreté el volante y lo solté.

—¿Estás enojado porque la hice mía primero?

No tenía sentido andarse con rodeos.

Flint suspiró y miró por la ventana.

—Mi lobo me está confundiendo.

—Ah —suspiré recostándome en mi asiento—. El mío también.

—¿Sí? —preguntó—. ¿De qué manera?

De ninguna forma iba a dejar que le diera la vuelta a esto.

—Yo pregunté primero.

—No, tú preguntaste si…

—Y no respondiste —me reí—. Así que responde.

—No, no estoy enojado porque la tuvieras primero… y eso es lo que me está confundiendo.

—Tu lobo sabe que ella no es tu pareja —lo miré de reojo.

Él sacudió su cabeza.

—No, mi lobo está más convencido que nunca.

—Entonces supongo que el plan de Gage está funcionando. Dijo que, si nos la follamos en orden según la dominancia de nuestros lobos, no pelearemos entre nosotros durante el celo.

—Lo sé. Obviamente no estaba encantado con eso, pero…

Le di una sonrisa arrogante.

—Tú eres el siguiente.

Mi compañero de manada cambió de tema.

—Me parece extraño que a mi lobo no parezca importarle que ustedes dos la “reclamaran” primero.

—Tal vez sea porque ninguno de nosotros la ha mordido. Mientras esté sin marcar, tu lobo todavía piensa que hay una posibilidad de que la tomes como tu pareja.

—Tal vez. Todo lo que sé es que mi lobo se volvió loco cuando sintió que te atacaban. Supo que ella debía estar en peligro.

Hice una mueca.

—Lo siento por eso.

El vínculo de manada nos permite sentir cuando nuestros compañeros están en peligro, pero siempre es difícil saber exactamente qué tan mala es la situación.

Al igual que cuando Flint había matado al alfa renegado para proteger a Freya el día que la conoció, y Gage se había preparado para correr en su rescate en caso de que fuera una emboscada más grande.

—No, me alegré de tener alguna idea de lo que estaba pasando, pero cuando Gage me hizo quedarme atrás, me destrozó.

—Alguien tenía que hacerlo.

—Lo sé. Pero aquí está la parte loca: cuando me di cuenta de que ella estaba a salvo, no importó que estuviera en tus brazos. Mi lobo estaba… tranquilo de que la hubieras protegido. E incluso cuando olí el aroma de ambos en ella…

—No estabas celoso —adiviné.

—Correcto.

—Si fuera tu pareja, lo estarías.

—No lo sé. Es casi como si mi lobo los viera a ustedes dos como sus protectores también.

Consideré sus palabras mientras conducíamos por la carretera de dos carriles que atravesaba las tierras salvajes, acercándonos cada vez más al territorio de la manada Snow Moon.

—Los lobos siempre se aparean en parejas —reflexioné.

—¿Es así? El padre de Gage y Garth tomó múltiples parejas —señaló.

—No porque lo quisieran. Quizá querían el prestigio de ser las parejas del alfa de la manada, pero ellas no lo querían. Sus lobas no lo veían como su pareja.

No era algo sobre lo que presionara a Gage. Él y Garth siempre habían admirado a su padre, pero había sido un líder despiadado e injusto en muchos aspectos. Garth lo emulaba demasiado.

Cuando Nira se acercó a Gage e intentó que desafiara a Garth para convertirse en el próximo alfa de la manada, me avergoncé de haberla apoyado.

En ese entonces, no me había dado cuenta de que solo estaba tratando de sembrar discordia, que realmente no le importaba una mierda hacer de Frost Fang una mejor manada.

—Pero no es algo totalmente inaudito —insistió Flint—. Ni entre los humanos tampoco.

—Está bien, algunos alfas codiciosos a veces toman múltiples parejas, pero ningún alfa estaría de acuerdo con compartir a su pareja… especialmente no con otros alfas.

—¿Y si su pareja fuera… especial de alguna manera?

—Todo el mundo piensa que su pareja es especial —me burlé.

—Hay algo en ella… —Flint miró por la ventana mientras devorábamos los kilómetros.

No estaba seguro de qué decir sobre eso. A mí también me había afectado más de lo que esperaba.

—No debería haberlo hecho —solté las palabras como un idiota. Ella me tenía completamente desequilibrado.

—¿Qué? —Flint parpadeó como si lo hubiera arrancado de sus pensamientos. Solo entonces me di cuenta de que habían pasado varios minutos desde que nos habíamos sumido en el silencio.

—No debería haberme acostado con ella —dije—. Ahora estoy hecho un lío.

Flint se río.

—No creo que abstenerte te hubiera salvado. Yo no estoy mejor.

—Me prometí a mí mismo que sería el que mantendría la cabeza fría —refunfuñé—. Sabía que su celo los estaba afectando a ambos, pero yo iba a esperar hasta que llegáramos a la manada Snow Moon y desahogarme en uno de los clubes.

Por el rabillo de mi ojo, pude ver que la mirada de Flint se agudizaba.

—Todavía puedes hacerlo.

Suspiré.

—Ese es mi punto. Ahora no quiero.

Flint se movió en su asiento y preguntó—:

¿Qué piensa tu lobo de ella?

Esa era la única pregunta que esperaba evitar con él. Ni siquiera quería admitir la respuesta a mí mismo.

—Si vas a enloquecer, déjame detenerme primero —dije en su lugar.

—Tu lobo también piensa que ella es tu pareja.

Tomé una respiración profunda y asentí. No porque fuera demasiado cobarde para admitirlo, sino porque no quería que Flint perdiera la cabeza. Eso era todo.

—Es el celo —dije—. Solo va a hacer esto más confuso.

Flint no estuvo de acuerdo.

—Nunca he oído que el celo confunda el lazo de pareja.

—Eso es porque las lobas generalmente están emparejadas cuando entran en celo —señalé—. Es la explicación más obvia.

—Si tienes razón, espero que el celo se retrase hasta que volvamos a Moonblessed. Podemos protegerla mejor allí.

—Las cosas podrían ser… complicadas en Moonblessed. A medida que el celo de Freya se acerca, se volverá más territorial —reflexioné, tratando de imaginar lo que podría suceder—. Ambos tenemos amantes allí.

Flint sacudió su cabeza.

—Mi relación con Shante es cosa del pasado. Ambos estuvimos de acuerdo en eso —luego me sonrió—. Pero ¿qué hay de Tork y los otros cinco lobos de Moonblessed con los que te has acostado?

Me burlé fingiendo indignación.

—Disfruto del sexo sin ataduras, pero no tanto —entonces le guiñé un ojo a Flint—. Tork me mantiene ocupado la mayor parte del tiempo.

Nos sumimos en silencio durante unos minutos. Luego Flint suspiró y miró por la ventana de nuevo. Para mis sentidos de lobo, era evidente que estaba preocupado por algo.

—Tu lobo la desea, ¿verdad?

Flint asintió.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

—¿No crees que vamos demasiado rápido?

Se me escapó una risa antes de que pudiera contenerla.

—Maldita sea, hombre. Realmente crees que es tu pareja. Quieres cortejarla.

Él asintió.

—Después de que pase su celo, voy a cortejarla como es debido. Mi lobo quiere correr con ella bajo la luna llena, y yo quiero asegurarme de que tengamos la cabeza bien puesta —luego me miró fijamente—. Gage tiene que estar de acuerdo.

Por un momento, el único sonido fue el de las ruedas sobre el asfalto. Ninguno de los dos sabía qué podría pensar Gage de eso. Había prometido protegerla durante el celo, nada más.

Todo lo que pude decir fue—:

Por si sirve de algo, creo que sería una buena compañera de manada. Solo tenemos que entrenarla.

—¿Me ayudarás? —preguntó.

Sabía que no solo me estaba preguntando si lo ayudaría a entrenarla en nuestro negocio. Me estaba preguntando si lo apoyaría contra Gage cuando terminara su celo.

—Le dije a Freya que haríamos entrar en razón a Gage si fuera necesario, pero veamos cómo van las cosas —evadí—. No hagas nada estúpido mientras tanto.

El teléfono de Flint sonó y cuando contestó, se escuchó a través de los altavoces de la camioneta.

—La manada Snow Moon dice que el envío estará listo antes de lo que nos dijeron —la poderosa voz de Gage nos rodeó—. Quieren reunirse con nosotros y recortar parte de nuestro tiempo de viaje.

—Eso es bastante generoso de su parte —dije con cautela.

—Lo es —dijo Gage en un tono cortante. A él tampoco le gustaba.

—¿Dónde está el punto de encuentro?

—Nos dejan elegirlo.

—Bueno, al menos eso es una buena señal —dijo Flint.

—¿Pidieron una tarifa extra por las molestias? —pregunté.

—No.

—Maldición.

Las manos de Flint se cerraron en puños sobre su regazo.

—Si fuera una trampa, no lo harían tan obvio, ¿verdad?

Suspiré. Me sentiría mucho mejor con esto si Rowan estuviera con nosotros. Era un excelente cazador y francotirador. Podría haber explorado el terreno, colocarse en posición y eliminarlos si se atrevían a traicionarnos.

—Vamos a averiguarlo —gruñó Gage—. Necesitamos detenernos y adaptarnos a lo que pase. Solo mencioné que Heath me acompañaría.

—¿Quieres que vaya en el Jeep con Freya? —preguntó Flint, con una nota de preocupación en su voz.

—Sí. Y quiero que te quedes atrás.

Flint sacudió su cabeza, aunque solo yo podía verlo.

—No puedo dejar que ustedes dos se metan en esto solos.

—Alguien tiene que mantener a Freya a salvo.

—Lo sé, pero… —comenzó Flint, pero lo interrumpí.

—Tengo una idea. Hablémoslo cuando nos detengamos.