Protegida por el Cowboy (Intensa Tentación nº 1) Capítulo 30 #2
86%

Capítulo 30 #2

Isobelle gime con fuerza y se aferra a mí.

Gimo y, cuando por fin llego al orgasmo, me quedo inmóvil, sintiendo los espasmos recorrerme el cuerpo. Miro a Isobelle y recibo a cambio una preciosa sonrisa de absoluta satisfacción.

En cuanto aparco frente a casa, miro a Isobelle y sonrío.

Lleva el pelo recogido en lo alto de la cabeza y, en su cuello, las marcas de mis chupetones destacan sobre su piel suave.

Antes de bajar, me mira y me devuelve la sonrisa.

La sigo en silencio y cojo la cesta con las cosas que hemos utilizado.

Ya dentro de casa, caminamos hasta la cocina y, apoyado junto a la mesa, observo cómo Isobelle se acerca al fregadero para lavarse las manos.

—Voy a preparar café, ¿vale?

—Yo quería que me ayudaras a ducharme —murmuro, acercándome a ella—. No llego a la espalda, ¿sabes?

—Mmm...

Sus brazos rodean mi cuello.

—Creo que puedo ayudarte.

La levanto en brazos de un movimiento rápido.

—Si te portas bien, tendrás esos azotes.

Camino hacia el baño sin apartar en ningún momento la mirada de Isobelle. En cuanto entramos, la dejo en el suelo y nos quitamos la ropa con urgencia. Parecemos dos adolescentes, y así es exactamente como me siento.

Ella me coge de la mano y me sonríe. Me coloco bajo la ducha y, deseando sentir su cuerpo contra el mío, tiro de ella hacia mí y la abrazo.

—Nunca me voy a cansar de esto.

En cuanto termino de decirlo, sus labios se apoderan de los míos. El beso, lento y pausado, envía una oleada de sensaciones directamente a mi polla, excitándome de una manera que solo Isobelle es capaz de conseguir.

Sin dejar de besarme, siento cómo su mano me agarra y comienza a moverse arriba y abajo.

Cuando el beso termina, respiro entrecortadamente y observo su mano envolviendo mi erección. Separo las piernas para mantener el equilibrio y, antes de que pueda esperármelo, veo a Isobelle arrodillarse frente a mí.

No aparta los ojos de los míos.

Entre la expectación y la sorpresa, disfruto de la visión de su lengua recorriendo lentamente toda mi longitud. Llevo los dedos hasta su suave mejilla en una breve caricia y aparto algunos mechones sueltos que le caen sobre el rostro.

Sus labios se abren y Isobelle envuelve mi glande con la boca.

Alterna largas y lentas lamidas, pero cuando me la chupa parece querer tragarse cada centímetro de mí.

—Si sigues a este ritmo... —gimo, observando cómo me masturba con ambas manos—. Voy a correrme en tus labios.

—Eso es justo lo que quiero —responde.

Su mirada rebosa malicia.

—Te he echado muchísimo de menos. No pienso perderme nada más.

Sonrío ante aquella afirmación y dejo escapar un gemido.

Isobelle utiliza sus labios y sus manos para llevarme al límite. Después de unos minutos, ya no consigo contenerme y me corro, sintiendo cómo todo mi cuerpo tiembla.

Miro hacia abajo y la imagen me deja completamente embriagado: los labios y el rostro de Isobelle están cubiertos por mi semen, y su sonrisa de satisfacción consigue que yo también sonría.

—¿Te ha gustado? —pregunta con curiosidad.

Asiento y entonces ella mira hacia abajo.

—Sigues duro.

Suelto una breve carcajada y tiro de ella hacia mí.

—Tú me pones así, Bel —afirmo.

Sin importarme los restos de mi placer que aún quedan en sus labios, la beso.

—Ahora deja que te devuelva el favor. Estoy muerto de ganas de comerte.

—¿A-Aquí?

—Aquí, en la habitación, en la cocina... En cualquier sitio.

Me río al ver la expresión avergonzada con la que me mira.

Deslizo los dedos por su intimidad en una larga caricia y me pongo todavía más duro al sentir lo empapada que está.

Me arrodillo frente a ella y coloco una de sus piernas sobre mi hombro, abriéndola para mí. Con dos dedos separo sus labios y, después, la lamo despacio.

Su gemido sale alto y cargado de necesidad. Al instante, una de sus manos se aferra a mi pelo.

Repito el gesto y la sujeto por la cintura.

Mi lengua explora cada rincón de ella, queriendo sacarle el máximo placer posible, y cuanto más la saboreo, con más fuerza tira de mi pelo.

Sus caderas se mueven lentamente, siguiendo siempre el ritmo de mi boca.

Abro los ojos un instante y la visión de sus labios mordidos, junto con aquella expresión de puro éxtasis, solo consigue que me entren todavía más ganas de multiplicar las sensaciones que le estoy provocando.

Con una sonrisa de lado, le doy una última lamida y me detengo.

Isobelle tarda unos segundos en mirarme, pero cuando lo hace, veo la confusión en su rostro. Mantengo la lengua extendida y espero a ver qué hace.

—¿Amor...?

Gime, mimosa, y todavía agarrada a mi pelo, empieza a frotarse lentamente contra mi lengua.

Mueve las caderas mientras deja escapar gemidos bajos, y eso me vuelve completamente loco.

La dejo marcar el ritmo durante unos minutos, pero enseguida vuelvo a tomar el control. La saboreo y deslizo la lengua sobre su carne rosada, escuchando cada uno de los gemidos y suspiros que Isobelle deja escapar.

Deslizo un dedo entre sus labios y la penetro.

En cuanto siento cómo se contrae alrededor de mi dedo, sé que está a punto de correrse.

Mantengo el mismo ritmo y, unos minutos después, Isobelle alcanza el orgasmo mientras tira con fuerza de mi pelo.

—Deliciosa —murmuro.

Voy dejando besos por su cuerpo hasta llegar a su cuello.

—¿Preparada para otra?

La sujeto por la cintura y, de un movimiento rápido, le doy la vuelta hasta dejarla de espaldas a mí.

Llevo los labios hasta su hombro desnudo y lo beso. Con la otra mano, guío mi polla hasta su pequeña abertura y la froto contra ella.

En cuanto entro en su húmedo calor, siento cómo Isobelle arquea las caderas y se pega todavía más a mí.

—Mattias...

Voy subiendo los besos hasta el lóbulo de su oreja y lo atrapo entre mis labios.

—Espero que no estés demasiado cansada —susurro, arrancándole un gemido—. Porque hoy mi objetivo es hacer que te corras hasta dejarte agotada.

Retomo los movimientos, fuertes y rápidos, y le doy dos azotes en el culo. Isobelle gime más alto y arquea las caderas hacia mí.

Miro hacia abajo, viendo cómo su trasero choca con fuerza contra mí, y paso los dedos por las marcas rojizas que resaltan sobre su piel suave.

Separo más las piernas para ganar equilibrio e impulso, e Isobelle gira ligeramente la cabeza, permitiéndome ver la sonrisa que tiene en los labios.

—M-Más...

—¡Mira qué mujer más traviesa me ha tocado!

Al oírla reír, le doy una palmada en el otro lado del culo y después lo aprieto.

Cuando siento cómo apoya la espalda contra mi pecho, llevo los dedos hasta mi boca, los humedezco con la lengua y luego los deslizo sobre su clítoris.

En el mismo instante, Isobelle se contrae alrededor de mi polla.

Gimo con voz ronca mientras rodeo su estrecha cintura con los brazos.

—Amor, quiero cabalgarte. Por favor...

Sonrío, malicioso, ante su petición, la levanto en brazos y salgo del baño.

Al llegar a la habitación, me dejo caer sobre la cama con Isobelle encima de mí y me deleito con la vista que tengo delante.

Se muerde los labios, y la expresión sensual, cargada de deseo, me arranca un gemido.

Preparado para volver a moverme, la observo agarrar mi polla y frotarla contra su otra entrada.

La miro, sorprendido.

—¿Vas a dejar que te folle por ahí?

Siento cómo la punta presiona contra la entrada, pero enseguida se detiene. Isobelle tiene el ceño fruncido, aunque el deseo en su rostro resulta imposible de ignorar.

—En nuestra luna de miel —me advierte, haciéndome sonreír abiertamente—. Te lo prometo.

Como respuesta, le doy un fuerte azote en el culo, seguido de otro.

Ella gime, mimosa, y sonríe mientras vuelve a hacer que entre en ella.

Sus dos manos suben hasta sus pechos y, ofreciéndome una visión completamente erótica, los aprieta al mismo tiempo que mueve lentamente las caderas sobre mi polla.

La sujeto por la cintura y la obligo a bajar más.

Todo mi cuerpo arde, y apostaría a que Isobelle siente exactamente lo mismo.

Bajo una mano y le doy una palmada en el otro lado. Nuestros cuerpos están cubiertos de sudor y ella no deja de cabalgarme.

Ya siento que estoy al límite, pero no puedo correrme antes que ella.

Así que, sujetándola por debajo de las rodillas, me incorporo y, con mi rostro pegado al suyo, empiezo a embestirla con fuerza y rapidez.

No deja de morderse los labios y, con una embestida más fuerte, Isobelle grita mientras se contrae alrededor de mí.

Siguiéndola, me dejo llevar y me corro profundamente dentro de ella.

Nos quedamos quietos, intentando recuperar la respiración. Ella todavía tiembla entre mis brazos y, a pesar de haberse corrido, sigue manteniéndome dentro de ella. Con ternura, siento cómo deposita pequeños besos sobre mi rostro y, después, sus labios vuelven a buscar los míos.

La manera cariñosa en que termina el beso me deja con ganas de más. Sin embargo, sé que está cansada y embarazada. Sin decir una sola palabra, volvemos a tumbarnos. Sonrío cuando su cuerpo desnudo se acurruca contra el mío.