Prometida al Rey de la Mafia CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

El Enfrentamiento

El Salón Carmesí estaba impregnado de un silencio pesado, interrumpido solo por el sonido de los pasos firmes de Lucca, que resonaban en el suelo de mármol.

Las paredes, adornadas con cuadros de antepasados poderosos, parecían observar la confrontación que se avecinaba.

Marco, de pie en el centro de la habitación, mantenía una postura desinhibida, como si estuviera en su casa, aunque era evidente que la tensión estaba en su punto más alto.

Lucca lo miró con los ojos entrecerrados, una mezcla de ira y decepción reflejada en su rostro.

Sabía que Marco había estado tramando algo en las sombras, pero la verdadera naturaleza de sus intenciones aún era un misterio.

“¿Por qué estás aquí, Marco?” La voz de Lucca fue baja, pero cargada de amenaza.

Marco sonrió, un gesto que no alcanzaba sus ojos oscuros. “Vine a ver cómo se maneja el rey de la mafia. O debería decir, el rey de las traiciones.” Se inclinó levemente hacia adelante, como si las palabras pudieran atravesar la distancia entre ellos y pinchar el orgullo de Lucca.

“¿Traiciones? ¿De qué hablas?” Lucca se acercó un paso, desafiando la provocación.

La desconfianza crecía entre ellos, como una serpiente enroscada lista para atacar.

“Deberías saber que en este juego, los únicos que traicionan son los que están desesperados. Y tú, hermano, pareces estar muy desesperado.”

Marco se rió, un sonido frío y mordaz. “Desesperado, tal vez. Pero no por lo que tú piensas. Tu reino se está desmoronando, Lucca, y tú lo sabes. Tienes enemigos por todas partes, y lo que es peor, tienes aliados que no son lo que parecen.” Sus palabras flotaron en el aire como veneno, y Lucca sintió cómo un escalofrío recorría su espalda.

“¿Qué intentas insinuar?” Lucca apretó los puños, la tensión en el aire palpable. “¿Estás insinuando que hay un traidor entre nosotros?”

Marco alzó una ceja, disfrutando del efecto de sus palabras. “No es insinuación. Es una certeza. Y lo sabes muy bien. No puedes proteger a Isabella si no puedes protegerte a ti mismo.” Su mirada se desvió brevemente hacia la puerta, como si esperara que Isabella entrara en cualquier momento.

Lucca, consciente de cada palabra, sintió un torbellino de emociones.

La lealtad de Isabella y su reciente unión se sentían vulneradas bajo la amenaza de Marco.

“Ella está a salvo, y haré lo que sea necesario para mantenerla así. Tú no puedes tocarla.” La promesa en su voz era feroz, pero había una sombra de duda que comenzó a asomarse.

“¿A salvo de mí? ¿O de tus propios demonios?” Marco se acercó, la distancia entre ellos se acortó. “No puedes confiar en nadie, Lucca. Y la verdad es que siempre has estado solo, incluso cuando creías tener familia.”

Las palabras de Marco calaron hondo, resonando en la mente de Lucca.

La traición de aquellos en quienes había confiado lo había marcado de formas que aún no comprendía por completo.

La lucha interna entre la confianza y el escepticismo se intensificó, y Lucca sintió que el suelo bajo sus pies temblaba.

En ese instante, Isabella apareció en el umbral del Salón Carmesí, y su presencia iluminó la oscuridad que se cernía sobre la habitación. “¿Qué está pasando aquí?” Su voz, aunque firme, revelaba un atisbo de preocupación.

Ambos hombres se giraron hacia ella, y la tensión se cortó como un cuchillo. Marco la miró con una sonrisa astuta. “Solo discutiendo sobre la lealtad, querida Isabella. Quizás deberías preguntar a tu prometido qué tan segura se siente su posición.”

Isabella sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. La insinuación de Marco la hizo dudar, y su mirada se centró en Lucca, buscando respuestas en sus ojos oscuros. “Lucca, ¿qué significa esto?” La vulnerabilidad en su voz era palpable, y Lucca comprendió que en ese momento, su mundo colapsaba.

“Estás en peligro, Isabella. Marco no es quien dice ser. Sus intenciones son oscuras.” Lucca se dio cuenta de que la verdad que había mantenido oculta, la traición que había temido, estaba más cerca de lo que pensaba.

“¿Os habéis vuelto locos? No hay traición aquí, solo deseos de poder.” Marco sonrió con desdén, disfrutando de la confusión que había sembrado. “Pero la verdad siempre encuentra la manera de salir a la luz, ¿no es así?”

El silencio en el Salón Carmesí se volvió insoportable. Isabella sintió cómo su corazón se hundía al comprender la magnitud de la traición que pendía sobre ellos. “¿Qué has hecho, Marco?” Su voz tembló, y la sensación de traición la envolvió como una sombra.

Lucca dio un paso hacia adelante, decidido a proteger a Isabella a toda costa, pero sintió que el suelo se abría bajo sus pies. La traición de Marco se hacía evidente, y la conexión entre ellos, que había comenzado a florecer, parecía despegarse como un pétalo marchito.

“Prepárate, Lucca. El verdadero juego apenas comienza.” La risa de Marco resonó en el salón, la promesa de una batalla inminente y dolorosa que dejó a Isabella sintiéndose más sola que nunca, atrapada entre dos mundos en colisión.

Isabella sintió cómo la atmósfera del Salón Carmesí se volvía irrespirable.

La tensión entre Lucca y Marco pulsaba en el aire, y ella no podía evitar sentirse como un peón en un juego que no comprendía del todo.

Las palabras de Marco seguían resonando en su mente, sembrando la semilla de la duda.

¿Podría Lucca realmente ser el hombre en quien había comenzado a confiar, o había estado ciego ante la verdad?

“Isabella, escúchame,” comenzó Lucca, su voz grave y controlada, pero su mirada ardía con una intensidad que la hizo estremecer. “Marco no es de fiar. Ha estado manipulando a todos a su alrededor para conseguir lo que quiere. No puedes dejarte engañar por sus palabras.”

Ella se giró hacia Marco, su corazón latiendo con fuerza. “¿Es cierto? ¿Estás tramando algo contra Lucca?” La incredulidad en su voz era clara, pero la duda aún se aferraba a su mente.

Marco sonrió de manera cínica, como si disfrutara del tormento emocional que estaba causando.

“No soy el villano aquí, querida Isabella. Solo estoy mostrando la verdad. Lucca ha estado aislado, rodeado de sombras que él mismo ha creado. ¿Realmente crees que puede protegerte de todo, incluso de sí mismo?”

“¡Basta!” Isabella alzó la voz, sintiendo la rabia y la indignación surgiendo en su interior. “No permitiré que me uses como un peón en tu juego. Estoy aquí para tomar decisiones por mí misma.” Miró a Lucca, buscando su apoyo, su fuerza.

“Isabella, no te expongas a este peligro,” dijo Lucca, su tono se tornó más urgente. “No puedes confiar en Marco. Él sabe cómo manipular a las personas, cómo hacer que duden de lo que sienten.”

“¿Y tú?” Isabella preguntó, sintiendo que la confusión la atormentaba. “¿Cómo puedo estar segura de que tus intenciones son puras? ¿No eres tú también un rey de la mafia? ¿No tienes secretos que proteger?”

La mirada de Lucca se oscureció, pero su voz se mantuvo firme. “No soy perfecto, pero lo que siento por ti es real, Isabella. Y estoy dispuesto a luchar por ti, a luchar contra todo, incluso contra mi propia familia. ¿Puedo contar contigo?”

Isabella sintió que el aire se le escapaba. En ese momento, la lealtad de su corazón se puso a prueba. “¿Y si el precio de esa lealtad es una traición que no puedes ver?”, murmuró, su voz apenas un susurro.

La risa sarcástica de Marco interrumpió sus pensamientos. “¿Ves? La duda ya ha hecho su trabajo. No estás segura de a quién elegir, de a quién seguir. Y eso es lo que siempre te ha faltado, Isabella. La confianza en tu verdadero destino.”

La lucha interna de Isabella se intensificó.

Por un lado, el deseo de proteger a Lucca, de estar a su lado en esta tormenta.

Por otro, el miedo a ser arrastrada a un abismo de traiciones y oscuridad.

“No puedo permitir que esto nos destruya,” dijo, respirando hondo para calmarse. “No voy a dejar que Marco nos divida.”

“¿Estás dispuesta a luchar a mi lado?” Lucca preguntó, su mirada intensa y esperanzadora.

Isabella sintió el peso de la decisión en su pecho. “Sí,” respondió con firmeza. “Te elijo a ti, Lucca. Estoy contigo, aunque el camino esté lleno de sombras.”

La sonrisa de Lucca se iluminó momentáneamente, pero Marco no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. “No olvides que la verdad siempre sale a la luz, Isabella. Y cuando lo haga, quizás desees haber tomado un camino diferente.”

Isabella sintió cómo el aire se volvía más denso, y la tensión entre ellos se intensificó. La batalla no solo era externa; también estaba luchando contra sus propios miedos y dudas. Pero había tomado su decisión. Mirando a Lucca, supo que su amor por él era más fuerte que cualquier amenaza.

“Estamos listos para enfrentar lo que venga,” dijo finalmente, su voz firme. “No dejaré que la traición me defina.”

A medida que la tensión aumentaba, el silencio del salón se volvió pesado, presagiando el enfrentamiento que se avecinaba.

Marco, con una sonrisa burlona, se preparó para la siguiente jugada, sabiendo que la verdadera batalla apenas comenzaba.

Isabella sintió un escalofrío recorrer su espalda al darse cuenta de que el juego de poder que se libraba no solo involucraba a hombres, sino también a su propio corazón.

La decisión que había tomado podría tener consecuencias que cambiarían su vida para siempre.