CAPÍTULO 15 #5
Cuando salgo lo hago tan deprisa que ni miro al abrir la puerta, y me golpeo directo con el hombro de Nill, que viene en dirección contraria.
—Perdón, perdón... No te vi.
—Tranquila, no ha sido nada. ¿Estás bien?
—Es que salí tan deprisa...
—No se ha ido nadie. Seguimos aquí, no tengas tanta prisa.
Me mira directamente a los ojos. Me quedo fija en ese color grisáceo que me parece tan profundo, tan difícil de descifrar, y que, a esta hora del día, con la luz que nos envuelve, es todavía más complicado de ignorar que en cualquier otro momento de este día que ha sido demasiado largo y lleno de sensaciones.
—Ha quedado muy chulo este lugar.
—Así es. Viniendo de una arquitecta como tú, me halaga.
—Es una pasada, me encanta. Que pueda entrar la gente de aquí también es una idea fantástica y dice mucho de ti.
—No soy solo lo que hablan de mí. O eso creo.
—No le tengas en cuenta a Ana todo lo que dice. Ella es muy visceral y no mide.
—Tranquila. Me cae bien. Aunque creo que a mi amigo más.
Lo miro intrigada, porque eso es algo en lo que he pensado en el avión. Me he fijado que detrás de tanta ironía hay más, y al parecer no soy la única que lo ha pensado.
—Eso parece. Bueno, vuelvo con el resto.
Me doy la vuelta porque mirarlo así directamente a los ojos me está incomodando de una manera extraña en ciertas partes de mí, pero siento su mano en mi brazo haciéndome girar de nuevo hacia él, y ese simple gesto está alterando la poca tranquilidad que me queda.
—Ali, antes de que vuelvas a la mesa... necesito que luego me acompañes solo tú. Yo te dejo en casa de Saúl, y él y Ana pueden ir con mi hermana.
No le dejo terminar .
—No. Voy con Saúl o con mis primos. No entiendo por qué tendría que ir contigo solamente yo.
De repente me planto toda mi coraza. No quiero tener esa cercanía con él. No soy tonta y entre los dos ha habido miradas, tensión, y no es momento en mi vida para dejar rienda suelta a eso. No pretendo convertirme en otra mujer más que babea por él.
—Escúchame. No es personal. Me quedó claro lo de que soy un peligro, algo así dijiste, ¿no?
Tengo que contarte algo importante, que tiene que ver contigo y es muy personal.
Creo que debo hacerlo antes de que te lo cuente otra persona.
Sé que no te conozco mucho, pero sé cuánto te quiere Saúl y si no lo hago no me lo perdonaría.
—¿Qué es? ¡Dímelo!
—Ali, no es ni el lugar ni el momento. Créeme. Luego, te acerco si quieres y te explico. Insisto en que sea hoy, como ves mi vida es estresante y llena de trabajo. Haberme cogido el día libre hoy me tendrá unos días hasta arriba, y tienes que saberlo.
—Mejor volvemos como hemos venido hasta aquí, y cuando deje mis cosas en casa de Saúl, que me quedaré allí de momento, me cuentas. Solo quiero que me digas si tiene que ver con mi padre.
—Es más material que personal. Y hasta ahí te puedo contar. Estate tranquila.
—¿Saúl lo sabe?
—Sabe que tengo algo que contarte, pero no el qué. Como te dije, creo que es algo que solo tú debes saber. Luego ya tú verás qué haces con ello y a quién se lo quieres contar.
Lo miro sin entender nada. Con esa sensación de quien intenta encajar las piezas de un puzzle del que no tiene la caja. Agradezco, aun sin saber lo que me tiene que contar, su discreción.
—La isla es un pañuelo, tú sabes. Aquí, cuando menos lo esperas...
—Ya. —Lo corto. Si no es el lugar ni el momento, ya me lo dirá luego. Eso y que me estoy sintiendo demasiado incómoda con su mirada, que me penetra con una intensidad que no sé muy bien dónde meter.
—Vuelve a la mesa. Yo voy al baño.
Se queda quieto. Y cuando ya me he girado del todo añade, con esa naturalidad suya que no avisa:
—Por cierto... te sienta bien la isla.
Y se gira hacia el baño dejándome ahí plantada con una cara que no sé muy bien cómo describir. Menos mal que permanezco de espaldas a él y no puede contemplarme.
¿Qué ha querido decir con eso? ¿Y qué sabe de mí que tiene que contarme con tanto misterio?
El grito de Ana me devuelve a la realidad.
Está discutiendo con Marco sobre si se juntan o no para hacer no sé qué plan. Me siento en la silla y no me lo puedo creer: han quedado para ir mañana a surfear.
Mi prima niega con la cabeza. Dailo creo que no ha surfeado jamás, pero está dispuestísimo a ir. Adrián, que no sabía que lo hacía, resulta ser un experto con la tabla. Me he perdido muchas cosas.
—Yo también me apunto. Le diré a mi madre que nos prepare unas tortillitas de papas —dice Érica, apareciendo con la bandeja vacía bajo el brazo, señalando a Saúl con el dedo amenazante—. Ni se les ocurra dejarme atrás como hoy.
—Yo no sé si podré... —digo. Estoy cansada y me urge ver a mi padre.
Zulema me agarra la mano por debajo de la mesa, con ese pulgar suyo que no para, acariciando despacio.
—Podrás, prima. Un día más no cambiará tanto las cosas, créeme.
Lo dice con esa convicción tranquila que tiene ella para todo, como quien conoce a alguien lo suficiente para saber cuándo necesita que le digan que sí antes de que se convenza de que no.
Y por primera vez en todo el día, no tengo ganas de llevarle la contraria.
Glosario canario
Garimba: cerveza.