Capítulo 38
Colton
Es un milagro que Julia no me haya dejado todavía.
Ha vivido no uno, sino dos momentos terriblemente bochornosos desde que me conoció, y sigue aquí.
Hay que reconocérselo. Sí, mis hermanos son un hatajo de payasos, pero estamos muy unidos y siempre nos apoyamos, pase lo que pase.
Ni siquiera tuve que pedirles ayuda para preparar la recaudación de fondos.
Se presentaron sin más. Y estarán aquí toda la semana para ayudar a montar y desmontar.
Lo mejor es que no se quedan conmigo. Todos se quedan con Wade, tirados en su sofá y en el suelo, como en los viejos tiempos.
Si Garrett acaba durmiendo en la cama de Wade con él, me voy a meter con los dos.
Dalton me lo contará, así que tendré con qué chincharles. Va a ser divertido.
Sí, para mi desgracia, John el psicópata sigue aquí.
Tiene que ser una especie de vagabundo para poder quedarse tanto tiempo sin hacer nada.
Una parte de mí espera que haga algo estúpido para que Julia pueda conseguir una orden de alejamiento, pero la otra espera que capte la indirecta y se largue a casa.
Todos pensábamos que se había ido, o al menos lo esperábamos.
Apuesto a que también ha estado rondando la casa de Liz, pero si es así, ella no dice nada.
Anoche y esta mañana han sido increíbles.
El sexo fue de otro mundo, y que ella me quiera y yo la quiera...
eso es un milagro. Nunca pensé que volvería a decirle esas palabras a otra mujer, ni a sentir algo tan fuerte por alguien.
Pero con Julia es tan fácil enamorarse. Es maravillosa.
Lo es todo para mí. Solo espero que consiga ese trabajo en la escuela.
Después de todo lo que ha pasado, se lo merece.
Cuando John el psicópata finalmente se rinda y se largue, no sé si quiero que Julia vuelva a lo de Liz.
Ni siquiera sé si quiero que se vaya a casa de su padre.
La quiero aquí, conmigo. Pero ¿cómo se lo digo sin sonar como un lunático total?
Acabamos de decirnos que nos queremos hace apenas unas horas.
¿No es demasiado pronto? ¿No pensará que estoy loco?
Puede que lo esté, pero estoy completamente enamorado de ella, y no quiero perderme nada.
No quiero pasar ni un momento sin ella. Dios, soy un idiota...
con lo que estoy pensando, igual debería casarme con ella directamente.
¡Jesús! ¡Va a pensar que me he vuelto loco de remate!
Cuando John pasa con el coche, siento cómo sus dedos se aprietan en los míos y la tranquilizo acariciándole la palma de la mano.
Su expresión es una mezcla de mueca despectiva y sonrisa retorcida, como si supiera algo que ninguno de nosotros sabe o tuviera algo que queremos.
Pero yo sé la verdad. Tengo algo que él cree que todavía le pertenece.
Julia lo odia y no quiere volver a verlo en la vida.
Si de mí depende, nunca más tendrá que aguantar a ese imbécil.
Ha jugado mal sus cartas y no pienso dejar que se acerque a Julia.
Veo a Charles asomar la cabeza por encima de la valla que rodea mi terreno y señalar con la barbilla hacia donde se ha ido el coche de John.
—¿Conoces a ese tipo? —pregunta Charles.
—Sí, por desgracia —admito—. ¿Ha estado rondando mucho por aquí?
—Lo he visto muchas veces —Charles inclina la cabeza para saludar a mis hermanos—. No se acerca directamente al rancho, pero se acerca lo suficiente. ¿Qué pasa con él, Colton? ¿Es problemático?
—Me temo que sí, Charles —explico, mirando a Julia, sin saber si le parece bien que comparta su vida personal con alguien a quien no conoce.
Charles ve nuestras manos entrelazadas y una oleada de culpa me invade—.
Lo siento, Charles. Esta es Julia. Julia, este es Charles, mi vecino y buen amigo —le suelto la mano para que pueda saludarlo.
Como es un tipo chapado a la antigua, Charles le besa el dorso de la mano con galantería.
—Encantado de conocerte, Julia.
—Igualmente —dice Julia con entusiasmo—. Esa amenaza es mi exprometido. Vino hasta aquí desde Florida para acosarme.
Se forma una «v» entre sus cejas.
—Bueno, si me permites decirlo, si yo hubiera perdido a alguien tan guapa como tú, probablemente haría lo mismo —sonríe.
—Eres un encanto. Pero John necesita ayuda. Esto no es caballerosidad, es posesión y control.
Mis hermanos me lanzan una mirada que dice que entienden.
La mandíbula de Wade se tensa mientras sacude la cabeza con incredulidad.
«¿Por qué no me lo dijiste?», articula sin voz, con una expresión que dice que se siente mal por cómo se portó, ahora que sabe que la chica tiene problemas que no se merece.
Niego con la cabeza, como si dijera «ahora no, hermanito».
—Oh, ya veo —le dice Charles a Julia—. Bueno, estás en buenas manos con Colton. Él cuidará bien de ti.
Ella me mira con ojos brillantes.
—Ya lo está haciendo.
Charles sonríe y luego mira a mis hermanos.
—¿Vais a estar aquí toda la semana, chicos?
—Sí —dice Dalton—. Para la recaudación de fondos.
Charles asiente una vez, satisfecho.
—Me lo imaginaba. Pasaos a tomar café. Decidme cómo puedo echar una mano —dice—. Vendré a ocuparme de los caballos.
—Suena bien, Charles. Vamos a salir a desayunar. ¿Quieres venir? —ofrezco.
El anciano saluda con la mano y se da la vuelta hacia la casa.
—Ya comí hace horas. Os veo luego.
Jack grita:
—Pasa a cenar. Haremos una barbacoa.
—Allí estaré —responde Charles.
Lo que ninguno de ellos sabe es que en cinco días, Charles será un héroe.
El día fue perfecto. Julia conoció a mis otros tres hermanos y todo salió bien.
Cualquier tensión que hubiera quedado después de que nos pillaran en la cama juntos se disipó en cuestión de minutos.
Charles vino a cenar y compartió algunas de sus maravillosas historias sobre su esposa y su vida juntos.
Algunas divertidas y otras que hicieron que a Julia se le humedecieran los ojos.
Pero por mucho que disfruté del reencuentro con mi familia, estaba deseando quedarme a solas con Julia otra vez.
Cuando mis hermanos se fueron, el fuego aún seguía encendido, y nos quedamos allí solos, disfrutando del calor.
—¿Cansada? —le pregunto mientras le acaricio la espalda. Estamos sentados uno al lado del otro en las sillas Adirondack que Wade sacó del cobertizo.
Me mira con la cabeza apoyada en el respaldo de la silla, con gesto de satisfacción.
—Para nada. Estoy muy relajada. Tienes una familia maravillosa, Colton. Adoro a tus hermanos.
—Parece que tú también les has caído muy bien —digo mientras le acaricio la mejilla—. Creo que Charles está colado por ti.
Julia sonríe con la mirada fija en el fuego. Las brasas rojas se reflejan en su rostro y la hacen parecer un ángel.
—Aparte de mi padre, es el hombre más dulce. Está tan solo, Colton. Me da mucha pena.
—Viene mucho por aquí. Le hago compañía.
—Me alegro —dice mientras me aprieta la mano entre las suyas.
Tengo algo en la punta de la lengua, y aunque parece el momento adecuado, me da mucho miedo preguntárselo, por temor a estropearlo todo. Suspiro sin darme cuenta y ella capta la tensión repentina. Me mira, se incorpora un poco más, y su postura relajada se desvanece un poco.
—¿Todo bien, Colton?
—Sí —digo, pero sé que mi respuesta no suena muy convincente.
Se ríe.
—Sin ánimo de ofender, Colton, pero se te da peor disimular que a Nate.
No puedo ocultar la sonrisa.
—De acuerdo. Voy a decirte algo, y solo quiero que lo pienses. No me respondas enseguida.
—Vale —dice. Se relaja un poco mientras vuelve a recostarse y mira de nuevo al fuego.
—Sé que no nos conocemos desde hace mucho, pero quiero que pienses en la posibilidad de, quizá, en algún momento pronto, eh, mudarte...
conmigo —trago saliva y continúo—. Te quiero y tengo mucho espacio y bueno, siento que en el tiempo que hemos pasado juntos, que funcionaría...
eh... lo de vivir juntos —me aclaro la garganta—.
Pero solo piénsalo —hago una pausa—. No sé si tienes algún acuerdo con tu padre, pero solo quería plantearte esto como una opción.
Deja de balbucear, idiota.
Le sale un sonido por la nariz, como si estuviera a punto de echarse a reír.
—¿Qué tiene tanta gracia? —pregunto, casi ofendido, pero su risa es demasiado encantadora.
Suelta una carcajada y luego se ríe como una niña pequeña.
—Es solo que... nunca te había oído decir tantas palabras tan rápido. ¡Eres adorable!
—Me alegro de que te parezca tan gracioso —digo mientras recojo el periódico de la hierba, el que había usado antes para encender el fuego, y le doy unos golpecitos juguetones con él.
Suelta un grito de alegría y se ríe, protegiéndose del periódico con las manos.
Un segundo después se levanta, pasa la pierna por encima de las mías y se sienta a horcajadas sobre mí.
Su mirada es intensa mientras me desliza las manos por el pelo y se inclina hasta quedar cara a cara conmigo.
Sus manos son como la seda y huele a coco.
—Te quiero, Colton Ford. Y tienes razón, no nos conocemos desde hace mucho, pero lo que hemos descubierto el uno del otro hasta ahora ha encajado perfectamente.
No estoy segura de si mudarnos juntos ahora es lo correcto, pero tampoco estoy segura de que sea un error.
Así que te diré una cosa: lo dejaremos en manos del destino —me toma el rostro entre las manos—.
Si consigo el trabajo de profesora en el colegio de Nate, me mudo contigo.
Si no lo consigo, me quedo con mi padre, ya que de todos modos no podré mantenerme a corto plazo —hace una pausa y me da un beso casto en los labios—. ¿Qué te parece?