Prisionera del mafioso (Cártel Velázquez 3) Capítulo 42
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Capítulo 42

Froté mi polla contra aquel coño que se ofrecía ante mí y estaba deseando meterla bien profundo, devorando aquel calor húmedo que me tentaba sin piedad. Sin embargo, tenía que ser un poco más paciente. No quería hacerle daño.

Quería que le gustara, que disfrutara del momento para que no me rechazara cuando fuera a por ella en busca de más. Estábamos casados y el sexo era una parte fundamental de ello. Quería que aquella fuera solo la primera de muchas otras veces.

Solté su muslo y me metí dos dedos en la boca, que aún tenía el sabor de Mirelle, y los chupé, humedeciéndolos antes de volver a mirarla, colocando la mano sobre su vagina e introduciendo los dedos lentamente en su interior.

Qué estrecha…

Me excitaba aún más mientras ella se contraía, apretando mis dedos. Podía sentir su himen, pero necesitaría algo mucho más grueso para romperlo.

Con los dedos aún dentro de ella, me mantuve inclinado sobre el sillón y volví a buscar su boca, agarrándole uno de sus suaves pechos con la otra mano. Ella gimió contra mis labios mientras yo seguía penetrándola con los dos dedos.

Sandro y Paola tuvieron suerte, o mala suerte, según se mire, pero yo estaba decidido a volver de esa luna de miel con mi propio heredero.

—¿Te duele así? —Metí y saqué los dedos muy despacio.

Mirelle negó con la cabeza.

Le metí otro dedo y ella se retorció, dejando escapar un pequeño gemido.

—Un poco...

—Ven aquí. —La cogí en mi regazo y la llevé conmigo a la cama. La senté sobre mi pierna—. Voy a meterme dentro de ti y así podrás sentir hasta dónde te penetra mi polla.

Mirelle asintió con la cabeza mientras yo la ayudaba a acomodarse sobre mis piernas. La punta de mi polla rozó su entrada mientras yo le sujetaba la cintura, manteniéndola firme. Entré solo un poquito antes de que Mirelle soltara un gritito.

—¡Me duele!

—Solo la primera vez.

Me miró con una expresión un poco asustada y se mordió el labio inferior al bajar un poco más sobre mi miembro.

Le sujeté la cintura con una sola mano y con la otra empecé a masturbarla, estimulándole el clítoris, y Mirelle se relajó un poco, bajando más. La atraje hacia abajo y sentí cómo su cuerpo cedía a mi avance cuando terminé de hundirme en ella.

Ella gritó de dolor, clavándome las uñas en los hombros.

—¡Ay!

—Tranquila. —Le besé el cuello, sintiendo el dulce aroma de su piel.

—Dijiste que íbamos a tomárnoslo con calma. —Vi que se le habían llenado los ojos de lágrimas.

—Y así lo haremos. —Le sujeté la barbilla antes de atraer su boca de nuevo hacia la mía—. Tómate todo el tiempo que necesites para acostumbrarte a tenerme dentro de ti, porque pienso quedarme dentro de ti un buen rato.

Ella dejó escapar un gritito antes de que volviera a atraer su boca hacia mí, entrelazando mi lengua con la suya y disfrutando de un baile cada vez más erótico.

Quería moverla; la presión de su cuerpo envolviéndome solo servía para aumentar aún más mi excitación, pero esperé, dejé que ella empezara a contonearse lentamente mientras yo seguía masturbándola. Me di cuenta de que el dolor estaba dando paso al placer cuando ella aceleró el ritmo.

—Qué delicia... —Le mordí el labio.

Mi brazo estaba entre nuestros cuerpos, asegurándome de que ella sintiera placer, mientras Mirelle se contoneaba cada vez más sobre mí.

Sentí cómo aumentaba su presión, cómo sus espasmos me empujaban hacia fuera y me di cuenta de que se estaba corriendo de nuevo.

En ese momento, le agarré la cintura con ambas manos y recuperé el control, haciéndola rebotar sobre mí, sentándose deliciosamente sobre mi pene hasta que exploté, llenándola con mi semen.

Agotada, se desplomó sobre mi pecho, pero no me atreví a salir de aquel cuerpo caliente hasta que mi erección disminuyera.