Capítulo 29
—Por favor, Santiago... —sollozaba, cada vez más presa del pánico mientras me sentía en evidente peligro.
No sabía adónde íbamos, solo que él iba a toda velocidad, tan rápido como permitía la carretera, zigzagueando entre otros coches y tocando el claxon para que le dejaran paso.
—Así vamos a acabar chocando.
—¿Crees que no sé conducir? —Se volvió hacia mí con una mirada tan dura que me provocó otro escalofrío.
—Sí... Sí, sabes. Pero...
—Pues cállate —me interrumpió con otro grito.
¡Socorro! —supliqué en silencio.
Si hubiera sabido que Santiago iba a reaccionar así, nunca habría pensado en pedirle ayuda para huir.
—Tu hermano es un débil. —Me sorprendió que empezara a hablar de Adrián—. Ya no era un ejemplo a seguir y, en esa silla de ruedas, ya no vale para nada. Y encima, decidió doblegarse ante Miguel Velásquez. El Cártel de Medellín necesita un líder mejor.
—¿De qué estás hablando?
—De que vas a ayudarme a arrebatarle el poder a tu hermano.
—¿Qué… qué?
—Me lo debes.
—No te debo nada.
—Ah, sí que me lo debes y me lo vas a pagar.
¡Ay, Virgen de Guadalupe! ¿En qué lío me he metido?
No tenía ni la más remota idea de que Santiago tenía planes para derrocar a mi hermano. En mi intento por escapar de un matrimonio que no quería, acabé cayendo en una trampa aún peor.
Si antes iba a ser la esposa de un asesino, ahora ya no sabía qué iba a pasar conmigo. No parecía que fuera a ser nada mejor.
—¡Santiago, para el coche! —grité desesperada.
—Cierra la puta boca. —Sacó la pistola y me apuntó a la cabeza, lo que me hizo encogerme.
Crucé los brazos delante del cuerpo, mientras intentaba dejar de temblar, pero parecía imposible. Estaba muy asustada y ese pánico no hacía más que crecer.
Socorro...