Prisionera del mafioso (Cártel Velázquez 3) Capítulo 23
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Capítulo 23

Daba pequeños sorbos a la copa, saboreando el amargor del tequila mientras observaba las olas que rompían en la playa y sentía la brisa fresca que venía del océano soplarme en la cara y apartarme hacia atrás los mechones que se escapaban de mi moño.

Sentía que mi corazón por fin empezaba a calmarse tras ese baile desconcertante al que Miguel me había llevado.

No podía dejar de pensar en lo mucho que me había sentido extrañamente atraída por él, al mismo tiempo que me culpaba por ello.

¡Miguel Velásquez es un monstruo!

Él es el responsable de la muerte de Virginia y de todo lo terrible y catastrófico que le había pasado a mi familia.

Apreté la pajita con fuerza y la mezcla alcohólica bajó quemándome la garganta. No se me daba bien beber, ni estaba acostumbrada a ello, pero en ese momento pensé que podría ser un pequeño consuelo ante la tragedia de mi vida.

—Si pudiera, lo habría matado.

Me sorprendió oír la voz de Santiago a mis espaldas. Se mantuvo a unos pasos de distancia para que nadie lo viera demasiado cerca, pero estaba lo suficientemente cerca como para que yo pudiera oírlo.

—¿Fuiste tú quien prendió fuego al sofá?

—Era la única forma que se me ocurrió para que se alejara de ti.

¿Quién ha dicho que quisiera que se alejara?

Me sorprendió la pregunta que surgió en mi mente.

¡No, Mirelle!

¡No!

Fuera cual fuera ese impulso estúpido e indecoroso, lo mejor parecía ser mantenerlo bien lejos de mi mente. Miguel no era el tipo de hombre que yo debería desear.

Sentí el peso del anillo en mi dedo y lo levanté, viendo cómo el brillo de la luna se reflejaba en el enorme y pesado diamante.

—Me voy a casar con ese hombre —solté, en una extraña mezcla de sensaciones que me hicieron sentir aún más incómoda.

—No, si puedo evitarlo.

—Es muy poderoso, Santiago. —Intenté contener el impulso de girarme para mirar al hombre.

—Pero aún puede sangrar.

Tragué saliva.

Tenía miedo de descubrir quién sangraría primero.