Capítulo 13 #2
—No pasa nada. Tiene que trabajar de todos modos —digo, quitándole importancia con un gesto—. Es agente inmobiliaria, así que los fines de semana son para jornadas de puertas abiertas, cariño. No te preocupes.
Deslizo el «cariño» para ver cómo reacciona. No se inmuta. Aunque fue bastante inocuo. Quiero decir, podría haberle dicho lo mismo a Wade y no importaría. Si me dirijo a él como «cariño», como él hace conmigo con «nena», eso sería otra cosa. Y pienso en cómo hacerlo para tantear el terreno.
—¿Ya habéis hecho la prueba de sonido? —pregunto.
Randy asiente.
—Sí, hicimos la nuestra primero, mientras Max y los chicos andaban liados con su pirotecnia. Creo que están intentando superarnos —dice con una sonrisa burlona.
—Desde luego les estáis dando guerra, cariño.
¡Dios, qué bien sienta decirlo!
Sonríe. No estoy segura de si es por el comentario o por el apelativo. Pero sea como sea, me gusta la reacción. Me encanta hacerlo sonreír.
—¿Qué tal el vuelo? Perdona por hacerte volar en turista.
Resoplo.
—Por favor. Es en lo único que he volado en mi vida, cariño. Me da igual.
Otra sonrisa. ¿Le está gustando o qué?
Estoy en la pista, y el corazón me late tan rápido que estoy a punto de estallar de emoción.
Cuando las luces se atenúan, salto y empiezo a gritar como una groupie.
Espera... no soy una groupie, ¿verdad? Como no me estoy acostando con ninguno de los miembros de la banda, supongo que no, pero ¿cuenta si estás enamorada de uno de ellos?
Mierda. Pierdo el hilo y de repente me da igual cuando oigo chillar la guitarra de Randy y se lanza a un solo abrasador para abrir.
Se desliza por el escenario de rodillas en cuanto las luces se encienden con fuerza, y el público ruge, yo incluida.
Es tan increíble que me duele la cabeza... en el buen sentido.
Gordon corre hacia la batería y se pone a machacar al ritmo de los riffs de Randy.
Y Wade empieza a dar volteretas por el escenario.
Lleva pantalones de cuero negro con flecos rojos a los lados que resaltan sus piernas mientras hace sus acrobacias, añadiendo un elemento visual a los riffs ardientes de Randy.
Mi sonrisa es tan amplia que me duele la cara.
Tengo los brazos en alto y los gritos que salen de mi boca suenan irreconocibles.
Vale, soy una groupie. O quizás su mayor fan, no lo sé.
Sea como sea, estoy en mi elemento. Randy hace una pausa medida para que Wade pueda hablar.
—Solo quiero daros las gracias a todos, fans rockeros. ¡Gracias a vosotros, llegamos al número uno en las listas de Billboard! ¡Sois la caña! —grita por encima del estruendo de gritos, incluidos los míos.
Randy me ve y sonríe, observando mi reacción.
No puedo lanzarle otro sujetador, así que agarro una liga que había guardado del bolso de cuando estaba prometida, antes de salir este fin de semana, y la lanzo al escenario.
Randy la ve, pero no puede recogerla. Espera a que termine su parte y cuando la recoge, la enrolla en el mástil de su guitarra y me lanza un guiño que me derrite. Dios, es tan sexy que podría morirme.
Canto, aplaudo y grito durante todo el espectáculo, hasta que tengo la garganta como papel de lija y estoy segura de que me he quedado ronca.
Cuando llega el inevitable final, me pongo triste.
Ver actuar a estos chicos ha sido lo mejor para mí, y no quiero que termine.
Quién sabe a cuántos conciertos más me va a invitar Randy.
Iré a todos y cada uno si me deja, y si nos lo podemos permitir.
Es más que divertido. Es lo más divertido que he vivido en toda mi vida.
Lo mejor es que puedo estar en primera fila, viendo al hombre más sexy del mundo hacer lo que mejor sabe hacer.
Cuando Martin viene a buscarme, después de que los chicos abandonan el escenario, me lleva al famoso camerino de siempre.
Está la televisión de siempre, equipo de sonido rudimentario, sofá desgastado, sillas metálicas, nevera pequeña y varios bancos de madera alineados contra las paredes.
Pero lo que no espero encontrarme... es a Emily.
No parece nada contenta de verme, y no hace ningún esfuerzo por ocultar su expresión amarga.
—Así que supongo que sigues siendo la editora de vídeo, ¿eh? —dice en tono mordaz.
—Pues sí.
—¿Ah, sí? ¿Con cuál de ellos te estás acostando?
Intento encontrar una réplica que no me gane un puñetazo en la cara, pero no se me ocurre nada, así que simplemente le sonrío, sabiendo que diga lo que diga, no me va a creer.
Tiene un sobre marrón en la mano, y noto que lleva el pelo más decolorado que la última vez que la vi.
Decido hacer lo correcto y ser la más madura, así que evito su acusación injusta.
—¿Tu película terminó de rodarse?
—Oh, una groupie que hace los deberes. Estoy impresionada.
Me río sin pizca de gracia, negando con la cabeza.
—Los chicos están haciendo una entrevista para Billboard, así que tu pequeño servicio se va a retrasar esta noche, me temo.
—Mira, te dije que soy editora de vídeo, y es la verdad. No me estoy acostando con ninguno de ellos.
—Claro —hace un ruido de succión con los dientes que contrasta totalmente con su aire remilgado—. ¿Dónde está tu putita compinche?
Ya está.
—No dejes que tu lengua haga que te partan los dientes, cariño. Es mi hermana, y no está aquí. Y tampoco se está acostando con ninguno de ellos —siseo.
—Bien —me fulmina con la mirada, justo cuando Bobby entra en la habitación.
Se podría cortar la tensión con un cuchillo. Bobby nos mira a las dos y decide, con buen criterio, separarnos.
—¿Por qué no vienes conmigo, Emily? Te llevaré a una habitación para que Randy y tú tengáis intimidad.
—Quieres meterme en un cuarto de la limpieza, ¿eh? Sí, gracias, pero prefiero quedarme aquí. Al menos el olor a sudor y a zorra no es tan ofensivo como el de los productos químicos.
—Deberías estar acostumbrada a eso —digo, mirándole el pelo.
—Muy bien, Darrell. ¿Qué te parece si te meto a ti en el cuarto, antes de que os matéis?
Randy aparece por la esquina —ha oído la sugerencia de Bobby— y su expresión es idéntica a la de Emily.
—No vas a meter a Darrell en un puto armario, tío.
Mira a Emily.
—¿Qué coño haces aquí?
Bobby interrumpe:
—No te habrás ido de la entrevista, ¿no?
—No, ya había terminado. Tres preguntas, y Wade las contestó todas de todas formas.
Mira a Emily.
—Entonces, ¿qué coño quieres?
Levanta el sobre grande que lleva en la mano.
—¿Podemos hablar en privado? ¿Y no en un cuarto de la limpieza?
—Yo me voy —me ofrezco.
—No, no hace falta —dice Randy, algo más calmado.
Vuelve a mirar a Emily.
—¿Son papeles de divorcio? Porque es lo único que me interesa de ti.
—Randy, por favor —dice Emily. Tiene las aletas de la nariz dilatadas.
—No, no. No tengo nada que decirte. Solo dame el puto sobre y lárgate.
Emily da un paso hacia él, y es como si Randy fuera a salirse de su propia piel al tenerla tan cerca.
—Necesito que los firmes. Es un acuerdo de separación.
—No voy a firmar una mierda tuya hasta que consiga un puto abogado. No confío en ti ni lo más mínimo.
Le arrebata el sobre de la mano.
—Ahora lárgate.
—Randy, cálmate —dice ella, tensa—. He volado hasta aquí para dártelo en persona.
—Eso es problema tuyo. Nunca te pedí que lo hicieras. Tu abogado podría habérmelo mandado por mensajería.
—Pensé en intentar ser amable.
—¿Igual que yo intenté ser amable en nuestro aniversario y darte una sorpresa? ¿Y resulta que el sorprendido fui yo, cuando pillé a Jeff comiéndote el coño en tu puto tráiler?
Juro por Dios que Emily deja de respirar.
—Ahora lárgate de aquí. No quiero volver a ver tu puta cara nunca más.
Bobby interviene:
—¿Necesitas que te lleve al aeropuerto, Emily?
—Que vaya andando —dice Randy con rabia. Coge el sobre y sale por la puerta. Está tan furioso que tiene la cara roja y las aletas de la nariz dilatadas.
Me fijo en que no lleva alianza, e intento escabullirme hacia la puerta, hacia donde quiera que haya ido Randy, pero tengo los pies clavados al suelo. Siento que si me muevo, la haré estallar. Es venenosa.
—Te llevaré al aeropuerto, Emily —ofrece Bobby de nuevo—. Vamos.
Me fulmina con la mirada mientras se coloca el bolso, que se le había resbalado del hombro cuando Randy le quitó los papeles.
—Bien.
Y esa es la última vez que veo a Emily Reddinger.