Primer corte (Serie de romance con estrellas de rock nº 5) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

—Si hubiera sabido que te pones así cuando estás borracha, le habría dicho a Floyd que fuera más suave contigo. Tengo un montón de planes geniales para más tarde, cariño.

Arqueo una ceja.

—Oh, yo también.

Wade me repasa de arriba abajo, pero se dirige a Randy.

—¿Quieres llevártela atrás y quitarle las penas, tío?

—Oh, no, no quiero irme. Acabo de llegar.

—Me refiero a —Wade mueve la pelvis adelante y atrás de forma obscena— llevarte atrás, cariño.

—Mira, tenemos que terminar la prueba de sonido, tío. Nadie se lleva a nadie a ninguna parte hasta que acabemos, ¿vale? —dice Randy, acariciándome la espalda—. ¿Vas a estar bien?

—Estoy bien —digo, asintiendo—. Hagamos esto.

Ensayamos una estrofa de una de sus canciones y yo canto con ellos. No sé si realmente me necesitan. Si no conociera a Randy, diría que solo lo hace para que viva la experiencia. Es un cielo.

—Tienes una voz bonita, cariño —me dice—. Puede que te usemos en el estudio de grabación.

—¿En serio? —Esto es un sueño.

—¿Has cantado antes?

—Solo en la ducha.

Sonríe.

—¿Y en el coche también?

—Cariño, mi coche es mi estudio de grabación. Canto ahí todo el tiempo. ¿Sabías que a Carter también le gusta cantar?

—No jodas —dice impresionado.

—Sí, estuvo aullando conmigo mientras cantaba durante todo el viaje de esta semana. Es un encanto.

—Tía, acabas de alegrarme el día, cariño.

Con mi media borrachera, Randy me ha puesto en el mosh pit esta noche para que pueda verlo desde otra perspectiva, según dice.

Creo que es porque quiere tenerme vigilada, ya que estoy sola y borracha, pero me vale.

Desde aquí abajo parece un gigante, y me comporto como una fan entregada, levantando las manos con la esperanza de que me toque.

Y lo hace, varias veces, es tan mono. También me lanza miraditas un par de veces, y me da igual si me lo imaginé, fue genial.

Cuando hace uno de sus solos, está de pie justo encima de mí, y no puedo evitar mirarle el...

paquete. Menudo paquete tiene. Emily tenía que estar loca de remate para dejarlo escapar.

O sea, Randy es... guau. Simplemente... guau.

No hay otra forma de describirlo. No podría ser más sexy ni queriendo.

Bíceps marcados, músculos relucientes, sin camiseta, el pelo empapado de sudor, rizado y brillante, y su cara...

mientras toca la guitarra, tiene lo que solo puedo imaginar que es su cara de cuando folla.

Está concentrado pero sonríe, se muerde el labio inferior y me derrito en un charco en el suelo de este mosh pit.

Y entonces, como si no pudiera ser más jodidamente sexy, se desliza de rodillas por el suelo. ¡Venga ya!

Los vaqueros le caen perfectos sobre el culo, como si estuvieran hechos para él, porque le sientan como un guante.

Le marcan todo donde tiene que marcar y me hacen fantasear con cosas que nunca me plantearía hacer, pero joder, con Randy las haría sin pensármelo dos veces.

Y de repente se me ocurre una idea. Mientras lo veo morderse el labio de forma deliciosa una vez más, lo confirmo: voy a hacerlo.

Meto la mano por la manga, me bajo el tirante del sujetador, repito en el otro lado, me lo desabrocho y lo saco por la manga.

Espero a que Randy me mire de nuevo y se lo lanzo.

Él sonríe y me guiña un ojo, y podría morirme ahí mismo.

Wade, que ha visto el intercambio, se acerca y ayuda colgándoselo a Randy de la cabeza, así que tiene que llevarlo como un collar.

Para que no le estorbe, Randy hace una maniobra y se lo echa a la espalda, como una capa, y me vuelve a guiñar el ojo, satisfecho.

Mientras estoy ahí de pie en el mosh pit, me siento expuesta sin sujetador, encima con una camiseta blanca de tirantes.

Los ojos de Randy se me van al pecho unas cuantas veces, y me pregunto cómo demonios voy a sobrevivir esta noche en ese autobús, a solas con él, sin enseñarle exactamente lo que estoy pensando hacerle.

Estoy coladísima por él, y creo que está empezando a darse cuenta, aunque quizá no.

Puede que piense que solo estoy actuando, como en el primer concierto, cuando Kristina y yo aparecimos vestidas de chicas rockeras.

Sea como sea, le estoy mandando un mensaje, pero no sé si está bien o no.

Mis muslos me dicen que sí, pero mi corazón me mira con desaprobación, como si fuera una colegiala rebelde.

Aunque lo más probable es que me esté preparando para que me rompan el corazón, no puedo evitarlo.

Es tan guapo, tan sexy y tan dulce. ¿Cuántos hombres enviarían un coche a recoger a una chica para traerla a verlo?

Vale, le estoy cuidando el perro, pero vamos.

Seamos realistas. ¿Eso justifica cuánto?

¿Veinte dólares? No un chófer, una limusina y todos los lujos que me dieron.

¿Y además asientos en primera fila? ¿Y encima parece que me van a llevar a conocer Las Vegas?

¿Soy tonta por pensar que me están tratando a cuerpo de rey por algo más que cuidarle el perro?

¿O es así como las estrellas de rock tratan a la gente?