Capítulo 4
Randy
Tengo la cabeza como una losa de hormigón cuando oigo sonar la alarma a las seis en punto.
La había programado sabiendo que dormiría toda la noche si me lo permitía.
Últimamente duermo unas tres horas por noche, y a veces ni siquiera de noche.
Emily a veces olvida qué aspecto tengo, y especialmente ahora que acaba de terminar el rodaje de una película y está haciendo audiciones para otras, apenas nos vemos.
A veces es difícil, pero siempre hemos conseguido que lo nuestro funcione.
Cuando me vaya de gira, sin embargo, será diferente.
Ya no estaré cerca ensayando a todas horas; estaré recorriendo todo Estados Unidos y el mundo entero si las cosas salen bien, así que Emily y yo tendremos que coger aviones para vernos.
Mentiría si dijera que no me inquieta un poco.
Y justo cuando estoy a punto de meterme en la ducha, la oigo entrar por la puerta principal.
Nuestra casa no es nada del otro mundo, pero estamos ahorrando para una más grande, y esperando a que Emily encuentre la casa perfecta.
Sube las escaleras y la veo entrar en el dormitorio.
Lleva unas pestañas postizas y el maquillaje muy cargado.
Con el vestido que lleva, parece que debería estar bailando en una jaula, no volviendo del trabajo.
—Hola, cariño —me dice, y le huele el aliento a alcohol.
—Hola, Em —la beso en los labios. Sí, está borracha—. ¿Has bebido?
—Sí. Salimos después del rodaje.
—¿Con eso puesto? —le suelto escandalizado, mirándole el modelito—. ¿Y cómo es que estás tan borracha a las seis de la tarde?
—Ay, Randy —se queja, quitándose los tacones—. Necesito ducharme, cariño. Tengo que quitarme toda esta mierda de la cara. ¿Me ayudas con el vestido?
—Claro —murmuro, bajándole la cremallera por detrás—. No habrás conducido así, ¿verdad?
—No, cogí un taxi —explica—. Mañana necesito que me lleves. ¿Puedes?
—Claro, cariño —la hago girarse—. ¿Estás bien? No es normal que vuelvas a casa borracha y tan... maquillada.
Suspira, y yo inclino ligeramente el cuello para evitar el olor.
—Lo siento. Yo... conseguí el papel para el que hice la audición, y todos en el set estaban tan contentos por mí, y Jeff también consiguió el protagonista, así que trabajaremos juntos.
Fue... todo muy improvisado, y ni siquiera me dieron tiempo a cambiarme de ropa.
Luego me cabreé porque apareció la mujer de Jeff y empezó a tratarme fatal, y la cosa fue a peor.
Leslie empezó a servirme copas del fuerte y, como una imbécil, seguí bebiendo.
—Bueno, me alegro de que hayas conseguido el papel, cariño —digo, y la beso—. Ojalá hubieras podido celebrarlo conmigo.
—Lo sé. Lo siento. Lo celebraremos, ¿vale? Te lo prometo.
La beso de nuevo.
—¿Por qué la mujer de Jeff iba contigo?
—Porque hay una escena de amor muy subida de tono en esta película, y Jeff ya no hace papeles secundarios con la cara cubierta de maquillaje. Ahora se le reconoce, y hace de mi marido en la nueva película.
—¿Y a Jeff al menos le dieron tiempo de quitarse el vestuario y el maquillaje? —me río.
—Hoy no llevaba maquillaje. Estaba haciendo doblaje, así que se quedó por el set, ya que era el último día de rodaje.
—¿Por qué no le dijiste a Leslie que parara? Podrías haberle dicho que ya habías bebido bastante.
Otro suspiro. Me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.
—No lo sé. Estupidez. Tristeza. Voy a echar de menos a toda esta gente. Es como cuando una empresa cierra después de años funcionando; eso es lo que se siente cuando termina una película.
Le sonrío con ternura. A veces, bajo toda esa fachada de mujer dura, hay una niña inocente y vulnerable, y eso es lo que me enamora de ella.
—Venga, cariño. Yo también necesito ducharme. Te sujeto.
—¡Eh, Randy! —grita Wade desde detrás del cristal en el estudio de grabación—. ¿Por qué coño llegas tan tarde?
Emily empezó a vomitar después de ducharnos, así que tuve que quedarme para asegurarme de que estaba bien. No está acostumbrada a beber, y me daba pena dejarla sola.
—Es largo de contar, tío. Lo siento.
—¿Por qué coño no llamaste, tío?
—Intenté llamar, pero la línea estaba ocupada.
Bobby está hablando con mi técnico de guitarra. Me mira.
—Perdona, tío, estaba al teléfono. Da igual que llegues tarde. Wade solo te está tocando los cojones. De todas formas hemos tenido problemas técnicos con el equipo de sonido. El estudio nos está dando un respiro. Tenemos tiempo de sobra.
—Genial. Gracias.
Wade observa a los chicos, que están ajustando sus instrumentos, y luego me mira.
—Oye, ¿qué pasa? Nunca llegas tarde. Siempre eres el primero en llegar, dándole la chapa a todo el mundo.
—Emily se puso mala, así que tuve que quedarme un rato.
Su rostro se pone serio, y se lo agradezco. Por mucho que Emily y Wade no se lleven bien, él sigue preocupándose por ella.
—¿Está bien?
—Sí, sí. Es que... bebió demasiado en la fiesta de fin de rodaje.
—Ah, vale. ¿Y ahora está bien?
—Sí. Dejó de vomitar y se quedó frita. Le dejé un cubo al lado de la cama. Se le pasará durmiendo.
—Bien —asiente y me pone la mano en el hombro, guiándome hacia la parte de atrás, supongo que para hablar a solas—. Oye, ¿qué pasa entre tú y Darrell?
—¿De qué hablas? —pregunto, confundido.
—Vi las miradas que se lanzaban, tío. Tendrías que estar ciego para no verlo.
—¿En serio? No pasa nada entre nosotros. Creo que estás agotado y ves cosas, tío —resoplo.
—La trajiste aquí y la llevaste de vuelta, te sentaste a su lado en el restaurante, y te juro por Dios que no dejabas de mirarla en todo el puto rato, tío. Te mola.
—No, no me mola, imbécil —digo con vehemencia—. Estoy casado, ¿recuerdas? —levanto la mano izquierda y señalo la alianza—. No le pongo los cuernos a Emily, punto final. Deja de joder.
Se le cae la cara.
—No estoy jodiendo. Sé lo que vi.
—No viste una mierda —digo sin rodeos—. Es una tía genial y todo eso, pero no va más allá.
—¿No te parece buena? —frunce el ceño—. O sea, sé que Emily está buena... a lo Hollywood, pero Darrell... tiene ese rollo de chica de al lado, y eso, hermano, es difícil de encontrar.
—Es... guapa, sí. Pero tío, estoy casado. Podría ser una maldita modelo de pasarela y no cambiaría nada. Ahora, ¿quieres dejarlo ya?
Levanta los brazos en señal de derrota.
—Bien.
Dudo antes de alejarme.
—¿A ti te gusta?
—Como dijiste, es genial, y no la echaría de la cama, pero creo que ella tiene los ojos puestos en ti, tío —me da una palmada en la espalda.
—Creo que te equivocas, pero bueno, si no te interesa, no te interesa.
—¿Y si me... ya sabes... gustara? ¿Te parecería bien?
—¿Por qué crees que pregunté?
—Vale. Quizá me la tire mañana por la noche después del concierto o algo así —dice frunciendo el ceño con aire especulativo, como si realmente se lo estuviera pensando.
—Mira, ella no es de esas, tío. No te la... tires sin más —argumento, sin mala intención—. Llévala a cenar. Hazle pasar un buen rato. Tómatelo con calma. Creo que llegarías mucho más lejos si la tratas bien y no como un trozo de carne.
—¿Y si solo quiero tirármela? —dice sin rodeos.
—No va a colar. Te lo digo ya.
—¿Ah, sí? ¿Y tú qué sabes?
—Porque la han jodido bien, tío. El tipo con el que se iba a casar le puso los cuernos. No es una cualquiera, Wade. La tratas como tal y se acabará antes de empezar. Además, tenemos negocios con ella y es genial en lo que hace, así que no la cagues.
Tuerce la boca en una mueca de indiferencia.
—Joder, olvídalo entonces, tío. No estoy para mierdas de relaciones.
—Pues olvídalo entonces. Tírate a alguna groupie o a alguna tía del backstage. Siempre hay de sobra.
Me mira con una sonrisa rara.
—Apostaría a que te gusta, tío.
—Vete a la mierda.
Me sudan las palmas, como siempre que ensayo antes de un concierto, y es curioso cómo en cuanto piso el escenario, se me pasa.
No puedo explicarlo. Siempre estoy nervioso antes de actuar, pero los nervios desaparecen en cuanto estoy ahí arriba.
Es como si el escenario fuera mi patio de recreo, otro hogar para mí y mi guitarra.
Cuando Wade prepara su brebaje de limón y miel antes de salir en el camerino conmigo, oímos a Bobby riéndose y parloteando sobre algo.
Tanto Wade como yo levantamos la cabeza hacia él, pero no hace falta más de un segundo para entender qué le tiene tan emocionado.
Darrell. Va vestida de arriba abajo con atuendo de rock & roll, y está increíble.
Con una camiseta de concierto que debe haber pillado a algún vendedor pirata de fuera, va de pies a cabeza en plan rock: vaqueros negros, pintalabios rojo oscuro, delineador negro, pelo cardado y ondulado, e incluso un maldito tatuaje que supongo que es de los que se quitan. Da una vuelta sobre sí misma al entrar.
—Bueno, ¿qué os parece? ¿Podría pasar por una groupie?
—No —resopla Wade—. Eres demasiado poco putona para ese look. Y no llevas minifalda de cuero.
—Mi hermana sí —afirma.
—¿Dónde está? —pregunta Wade, y le doy un codazo en las costillas.
—Está consiguiendo que Corey le firme un autógrafo en el camerino.
—Ah, así que le gusta él —dice Wade, y detecto un deje de celos en su voz.
—Oh, sí. Le dejaría hacer lo que quisiera cualquier día.
Le sonrío.
—Estás... muy guapa —no intento ocultar mi entusiasmo, pero mantengo la expresión y el tono neutros, como si estuviera halagando a mi prima.
—Gracias. Están vendiendo camisetas piratas calle arriba —explica, mirándose la camiseta—. ¿Tenéis ya camisetas oficiales de «Brave Face»?
—Estamos en ello —dice Bobby—. El equipo de marketing tendrá algunas pruebas pronto. Ya hemos revisado un montón de maquetas.
—Sí, y son bastante buenas, pero no tan buenas como esa. Me pregunto de dónde habrán sacado esa imagen.
—Parece que la hicieron aquí —dice Wade, y me siento incómodo mientras mira su camiseta, aunque en realidad está mirando la imagen que lleva en el pecho.